jueves, 19 de febrero de 2015

La marcha de los iranios (Parte I): Escitas, cimerios, sármatas y alanos


INTRODUCCIÓN

A simple vista ¿qué pueden tener en común importantes personajes (antiguos y contemporáneos) como son el genio croata Nikola Tesla, el cantante parsi Freddie Mercury, el viajero veneziano Marco Polo, el lider espirtual iraní Ruhollah Khomeini, el rey persa Darío I, el tenista serbio Novak Djokovic, el sultán kurdo Saladino, el profeta Zoroastro, el polémico novelista indio Salman Rushdie y la princesa afgana Noal Zaher?; a simple vista nada, pero los vínculos (olvidados) que unen a personas de diferentes religiones, procedencias y fenotipos, pueden ser bastante sugestivos y se adivinan la mayor de las veces rastreando el hilo de la historia.

En el caso de los citados -como de al menos 1/5 de la humanidad- es el legado de antiguos antepasados iranios lo que devela una pretérita conexión (étnica, espiritual y cultural) que engloba a todos los pueblos euroasiáticos extendidos desde la región de Cachemira en el norte de la India, hasta las costas del Adriático, pasando por toda Asia Central, el oeste de Rusia y la región de los Balcanes. Vestigios de varias hordas de guerreros-pastores que se diluyeron entre otras razas/culturas hasta configurar las diferentes naciones que sobreviven hoy en día, cubiertas bajo el manto de tres religiones y no menos de un centenar de dialectos. 

De entre los siete principales grupos etno-linguísticos, desprendidos de la raza aria, la estirpe de los iranios fue la más diversa y numerosa. En su arribo a la Meseta Iraní y el Golfo Pérsico 1400 años antes del nacimiento de Cristo, los subgrupos medo y -sobretodo- los persas, asimilaron el influjo cultural mesopotámico, germinando uno de los mayores imperios de la antiguedad, extendido (hacia el 500 A.C.) por todo el Oriente Medio. En plena época imperial el profeta Zoroastro predicó en Persia la religión de los magiis, que en sincretismo con otros ritos mesorientales (como el judaísmo) conforman el ethos de religiones muy posteriores como son el mitraísmo, el maniqueísmo, el cristianismo y el islam.

En Occidente: griegos y romanos interactuaron muy de cerca con esos "extravagantes y aparatosos" persas, enemigos perdurables con quienes se disputaron durante cientos de años el dominio de Anatolia (Turquía), Armenia, Siria y las regiones del Mediterráneo Oriental. Pero fueron sobretodo los incontenibles bárbaros iranios del norte (nómades provenientes de las estepas rusa y ucraniana) registrados bajo nombres tribales como el de sármatas y escitas, quienes penetran más a fondo la historia de Europa y en particular de Europa Oriental, a tal punto que los eslavos del sur (croatas, serbios, eslovenos, bosnios, etcétera), los ucranianos, los rumanos, los búlgaros, húngaros y gran parte de los rusos, derivan racialmente de aquellas belicosas tribus.

Mapa de Eurasia hacia el 500 A.C. Coloreado en café: la máxima extensión del Imperio Persa Aqueménida, que sería arrebatado dos siglos más tarde por Alejandro Magno. Y delimitada en violeta: el área vital de los pueblos iranios del norte, correspondiente al corazón de Rusia, Ucrania y el norte de los balcanes; los pueblos sur-eslavos (unificados en la ex Yugoslavia) derivan de la mezcla entre iranios, eslavos y tracios, mientras que hunos, turcos y jázaros (ancestros de los judíos azquenazíes) serían una mezcla de iranios del norte, persas y pueblos uralo-altaicos (mongoles).

ESCITAS Y CIMERIOS

"Diestros arqueros y los más hábiles jinetes", según la definición de Heródoto (484-425 A.C.) "El Padre de la Historia". Se decía de los escitas en la antigüedad clásica lo mismo que siglos más tarde, en el declive de Roma, se pensaba de los hunos: que guerreros y caballos parecían conformar un único ser, una especie de centauro y en efecto, jinetes y caballos eran enterrados en la misma fosa con sus vestimentas de guerra y las contadas posesiones materiales del campeador.

Si los persas eran -en su mayoría- de rasgos mediterráneos, mixtos o araboides, los escitas en cambio orbitaban más el fenotipo alpino y nórdico, de piel muy clara, cabellos rubios, pelirrojos y castaños (tal como se deduce de algunas momias conservadas naturalmente en distantes y frías regiones como el norte de China). Hombres y mujeres dejaban crecer libremente sus cabelleras, siendo común el uso de trenzas entre las mujeres y de tupídas barbas entre los guerreros, que les permitían neutralizar el frío (seco) de las estepas y de las regiones montañosas por las que comúnmente se desplazaban. 


Escitas y cimerios vestían calzados y ropajes hechos de lana ovina y sobre ellos colocaban sus armaduras escamadas. Utilizan lanzas, arco y flechas en lugar de espadas, lo que les permite atacar desde una gran distancia a medida que sus caballos avanzan a toda velocidad. Cuando los hombres marchan a la guerra, la mujer cuida de los niños, del ganado y de las tierras, pero de presentarse una emergencia, están también facultadas en el uso de armas y el conocimiento de técnicas de ataque, que les permitían ahuyentar potenciales enemigos.

En comunidad, no tienen una religión organizada, pero practican ciertos ritos animistas y creen férreamente en el dualismo, lo que replican también en las formas mosaicas de su rudimentario arte y vestimentas. Esta creencia de que el Universo es dual deviene de la gnosis aria y precede por mucho al surgimiento del zoroastrismo en Persia, siendo muy difundida entre los pueblos iranios del Asia Central que a su vez la propagaron por las diferentes regiones conquistadas. Con sus existencias al filo, debieron haber concebido  la muerte como aliada de la vida y es por ello que suelen beber alcohol fermentado sobre un craneo ahuecado, tradición tan arraigada en ellos como la de quemar cáñamo en hogueras para que el humo aspirado altere los estados de conciencia, conectándolos con "lo intangible".

Para algunos historiadores, la diferencia entre escitas y cimerios, parece residir en que los escitas eran iranios puros, mientras los cimerios -tal vez- un amalgama de pueblos de diferentes razas, gobernados por élites de iranios. No sólo Heródoto, sino también fuentes históricas de Asiria, China y la India se refieren a los escitas como "sekes" o "sakas" concordando en su brutalidad y prodigios sobre los equinos. Con el paso de los siglos estos pueblos no cedieron en ferocidad ni desaparecieron repentinamente de la historia, más bien fueron absorbidos por tribus de turcomanos y mongoles a quienes legaron sus rasgos caucásicos en detrimento de absorber su lengua. 

SÁRMATAS Y ALANOS

En sus constantes marchas por Europa y Asia, búscando mejores tierras de pastoreo, realizando pillajes o escapando de las incursiones de sus igualmente feroces enemigos mongoles, los iranios se toparon con gran cantidad de pueblos y civilizaciones, con las que veces guerreaban, otras comerciaban (aprovechando su privilegiada posición, justo en medio de la Ruta de la Seda) y -reconocidos por su brutalidad y buenas artes guerreras- hasta eran reclutados como mercenarios. Persas y asirios fueron los primeros imperios en emplear ejércitos de caballería escita en sus conquistas por Medio Oriente, lo que se tornará una práctica habitual siglos después con los romanos, los bizantinos y sobretodo los árabes. 

Hacia el siglo III D.C., el Imperio Romano llevaba más de trescientos años de historia y dominaba el mundo desde Britania a las costas de Arabia y la frontera de Armenia. A medida que crecía el imperio no sólo la población de Italia se tornó cosmopólita, sus legiones -otrora conformadas esclusivamente por itálicos- reclutaron una mayoría de extranjeros provenientes de las regiones consideradas "bárbaras", que en el caso de los germanos, resultaron ser un arma de doble filo. 

El mosaico blanco-rojo de la bandera croata proviene de la simbología e iconografía sármata y representa la creencia irania del dualismo.

La cuidad de Roma: centro político, espiritual y económico de Europa Occidental y el mundo mediterráneo, quedó convertida hacia el siglo tercero en una megápolis maloliente y peligrosa (al decir de varios historiadores de la época), de más de un millón de habitantes, los menos de ellos italianos. Tracios, germanos, sirios, beréberes, hebreos, etiopes, cilicios, egipcios y sármatas, provenientes de los cuatro puntos cardinales del Imperio, engrosan los estratos marginales a la vez que propagan entre los pobres y los esclavos sus cultos y creencias, de las cuales el mitraísmo delinea las mayores influencias iranias. La Iglesia Católica que atribuye su fundación a San Pedro, realmente no es más que un sincretismo entre la política imperial y los cultos extranjeros arraigados en Roma, tales como la religión de Mitras (probable contribución de emigrantes sármatas y sirios), la veneración de Cíbeles e Isis (atribuíble a anatolios y egipcios) en la figura de la Vírgen María, el judaísmo y desde luego, la filosofía esenia predicada por el maestro Jesús el siglo I en Palestina.

Fuera de Italia, los sármatas encarnaron durante siglos un gran peligro para la estabilidad del Imperio Romano, amenazando sus fronteras en Dalmacia y Panonia y aliandose en algunas ocasiones con ilirios, celtas y germanos. A juicio de los historiadores, pueden que no hayan existido diferencias sustanciales entre sármatas y escitas,  ni en lo étnico ni en lo cultural ni en lo militar, salvo que los primeros se abalanzaron con intensidad sobre Occidente, atraídos por la riquezas imperiales y adaptaron en su paso ciertas influencias romanas y tracias. En cuanto a contribuciones, algunos atribuyen a los sármatas ser los principales portadores de sangre irania hacia las poblaciones balcánicas y sudeslavas, aunque previo a la caída del Imperio de Occidente, los sármatas estaban prácticamente diluídos entre invasores eslavos y godos (germanos). 

El último contingente puro de sármatas: los alanos, invadieron el Imperio Romano a comienzos del siglo V D.C. en comunión con las tribus germánicas de vándalos y godos, cruzaron los pirineos y forjaron un reino en el corazón de Hispania que será conquistado posteriormente por los visigodos. Sobrevive de su paso por Europa Occidental la epopeya de Excálibur: mágica espada incrustada en una roca, de la que se suponía sólo podía ser recuperada por las manos del más hábil y noble guerrero. Dicha leyenda se propagó a lo largo de toda la Edad Media hasta fundirse entre mitos germánicos y celtas, de los cuales devino por ejemplo la leyenda inglesa del Rey Arturo y el Mago Merlín, este último una especie de "brujo blanco", mezcla de druida y magii iranio. Los nombres anglófonos de Alan y Allen, hacen también referencia a esta tribu irania, perdida en las brumas del tiempo.

domingo, 1 de febrero de 2015

Iniciando el viaje

Templo de Baco en Baalbek, Líbano

Las primeras páginas de un buen libro son como las puertas de entrada a una ciudad fortificada del conocimiento, cuyo ingreso se encuentra reservado a una gama especial de "iniciados" que una vez cruzado el primer umbral, seguro se encontrarán en el camino con muchas más puertas cerradas y nuevas pruebas por superar, en un constante transitar (que simula la vida), alcanzando diferentes niveles o grados de apertura cognitiva, que aportan el lenguaje necesario para asimilar otro orden de ideas, sujeto a estadios más evolucionados de la existencia.

Un buen libro (la Biblia sobre todo) no debe ser leído superficialmente, pues su comprensión no puede ser sino gradual, como removiendo las diferentes capas de una cebolla hasta llegar a su centro, lo que a la vez sólo se logra realizando similar ejercicio con la mente y el ego (propios) que todo lo confunden. Esta percepción iniciática de la realidad es la antesala del verdadero misticismo y de la más pura filosofía, como también del imperecedero arte de la alquimia que exhortaba a "practicar, practicar y practicar" en la ardua tarea de obtener oro desde metales innobles; de manera que no era alquimista quien lo lograba, sino aquellos que sin perder ni la paciencia ni la fe, terminaban descubriendo un metal mucho más precioso: el oro interior de la Voluntad Suprema, para la cual nada es imposíble.

Desearía mucho que este nuevo blog, como todo buen libro, sea "Una puerta hacia mundos inimaginables", un sitio que aclare algunas dudas pero que genere muchísimas más interrogantes, ya que todo viaje del conocimiento inicia con una pregunta. Lamentablemente no tengo más herramientas a las que echar mano que mi amor por la historia, el interés por la filosofía, la pasión por las grandes civilizaciones de Medio Oriente, los Balcanes, el Mediterráneo, Europa Occidental... y el estudio constante y riguroso de la Política Internacional. Si en palabras de Tolstoi "cada quien describe el mundo desde su aldea", yo lo hago desde lo poco que conozco, deseando desinteresadamente que este poquito sea también de vuestro interés.