martes, 30 de diciembre de 2025

Chile atrapado


Chile se encuentra inmerso en una paradoja que expone las tensiones más profundas de su vida política y social. Un país marcado por desigualdades estructurales, servicios públicos deteriorados y una cultura que con frecuencia se refugia en lo trivial, opta nuevamente por un proyecto liberal que intensifica la erosión del Estado. En lugar de fortalecer la educación, la salud y las pensiones —ámbitos donde la precariedad golpea con mayor fuerza— se abre paso un modelo que privilegia el negocio privado y la injerencia extranjera. Esta elección no constituye un accidente, sino el síntoma de una ciudadanía desmoralizada que, cansada de promesas incumplidas, se inclina irreflexivamente por discursos que amenazan con desmantelar las escasas estructuras de protección que aún sostienen la vida cotidiana.

El resultado es un escenario de decadencia cultural y social más pronunciado: un país frágil y desmoralizado que arriesga perder sus pilares básicos de cohesión. La educación se convierte en mercancía, la salud en privilegio, las pensiones en negocio y la infraestructura en botín. Lo que se presenta como “modernización” es, en realidad, una flagelación del Estado y un vaciamiento de lo común en favor de lo privado. En este contexto, Chile no sólo se hunde en la desigualdad flagelante y la precariedad material, sino también en una crisis simbólica: la idea de comunidad se disuelve y lo que queda es un territorio donde la risa amarga y el consumo fugaz sustituyen cualquier horizonte de dignidad compartida.

El neoliberalismo, instalado como matriz cultural desde la más reciente dictadura, ha hecho de la fragmentación social su mayor triunfo. La comunidad, entendida como tejido de solidaridad y proyecto compartido, ha sido reemplazada por un individualismo feroz que transforma al ciudadano en consumidor y al vecino en competidor. La política se reduce a un cálculo oportunista de supervivencia personal y la vida pública se vacía de sentido colectivo. Incluso la derecha gremialista y corporativista —que alguna vez defendió un orden comunitario basado en sindicatos, colegios profesionales y cuerpos intermedios— ha sido absorbida por la lógica neoliberal, incapaz de sostener su propio discurso de cohesión, tradición y conservadurismo frente al absolutismo de mercado.

El triunfo del liberalismo en Chile es también el triunfo del miedo: miedo al extranjero, convertido en amenaza constante; miedo a nosotros mismos, a la incapacidad de reconocernos como unidad y clan. Ese miedo se transforma en catalizador político, combustible de la desconfianza y la anomia. El resultado es una configuración del no-país: una ciudadanía que ya no se concibe como cuerpo colectivo, sino como individuos aislados que se protegen desconfiando y avanzando a expensas del otro. La política no es épica, si quiera ecuánime, es sólo un espejo oscuro donde lo que se refleja no es esperanza, sino la certeza de la soledad.

Así, Chile se posiciona como laboratorio de una modernidad endeble: un país que despoja a sus instituciones públicas de su propósito en nombre de una supuesta eficiencia, profundizando la desigualdad y la exclusión. La decadencia no se manifiesta únicamente en los servicios públicos deteriorados, sino en una cultura política que normaliza ese deterioro como inevitable. El miedo, el individualismo y la desconfianza se erigen en nuevos pilares de la identidad nacional, sustituyendo la idea de comunidad por la lógica del mercado. El resultado es un Estado debilitado, una sociedad fragmentada y una ciudadanía desmoralizada, incapaz de reconocerse en un proyecto común. Aquí se revela no sólo el fracaso de la política, sino el agotamiento de la idea misma de comunidad. Chile se encuentra atrapado en la contradicción, incapaz de decidir si anhela ser nación o mercado, comunidad o mera pluralidad.

:.:

jueves, 20 de noviembre de 2025

Serenidad


Yo cabalgo hacia los brazos de Dios, 

mi vida se eleva en alta vibración, 

camino en el plano de los seres, 

crezco en espíritu, no en posesión. 

 

Todo es instante, nada efímero me retiene, 

pues la materia se disuelve como sombra. 

El Eterno me sostiene, energía viva, 

y en su frecuencia hallo paz absoluta. 

 

Yo voy con Dios, 

y en Él mi viaje es infinito.


sábado, 6 de septiembre de 2025

Decálogo de Friedrich List


Friedrich List (Reutlingen, 1789-1896), visionario economista alemán, forjador de las bases del desarrollismo, despuntó en el campo de las ideas por su defensa irrestricta del proteccionismo y la inversión estatal en infraestructura (puertos, carreteras, ferrocarriles, telégrafo) y educación como impulsoras vitales del desarrollo industrial frente al libre comercio y la incipiente globalización económica de comienzos del siglo XIX. Administrador público, activista y periodista, sus ideas reformistas, entre las que destaca la Zollverein (propuesta de una Unión Aduanera Alemana) presionaron su exilio a tierras norteamericanas, donde se desarrolló como industrial e inversor en la minería del carbón, además de promover en la prensa escrita las ideas contenidas en su obra cumbre de 1841: El Sistema Nacional de Economía Política (Das nationale System der politischen Ökonomie) para la incipiente industria estadounidense frente a la desleal competencia británica. Al final de su ciclo americano, fue nombrado Cónsul de Sajonia.

En Sudamérica, José Manuel Balmaceda (Presidente de Chile, entre 1886 y 1891) y Juan Domingo Perón (Presidente de Argentina en tres periodos entre 1946 y 1974), llevaron a la práctica el desarrollismo listiano, promoviendo industrialización, infraestructura y sustitución de importaciones para reducir la dependencia externa, enfrentando resistencias como la de la oligarquía terrateniente/minera, del Congreso y la Armada (pro intereses británicos) en el caso de Balmaceda y de la oligarquía agroexportadora, militares anti-peronistas, los sectores liberales, sindicatos y la Unión Cívica Radical en el caso de Perón. Más allá del descrédito y el boicot de casi un siglo a la matriz Estado-céntrica, hacia 1948 surge en Santiago de Chile la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) revitalizando las ideas de List sobre proteccionismo económico selectivo y el desarrollo industrial endógeno en sus marcos teóricos, particularmente bajo la influencia del célebre economista Raúl Prebisch, Secretario Ejecutivo de la institución entre 1950 y 1963, pionero en el estudio del estructuralismo económico y la teoría de la dependencia, con una certera hipótesis sobre el deterioro de los términos de intercambio entre las economías industrializadas y los países productores de materias primas.

Actualmente, en el mundo posliberal, las ideas de Friedrich List y su énfasis en el proteccionismo y el desarrollo industrial dirigido por el Estado, resuenan profundamente en el modelo económico chino, caracterizado por la planificación centralizada, protección de industrias estratégicas, billonarias inversiones en proyectos de infraestructura globales como la del Proyecto de la Franja y la Ruta y priorización de la educación técnico-científica bajo el marco de las Cuatro Modernizaciones, ambiciosa política pública orientada desde 1978 a convertir a China en una potencia moderna. Desde las reformas de Deng Xiaoping, que abrieron China al mercado mundial, manteniendo un fuerte control estatal, hasta el liderazgo de Xi Jinping, que ha consolidado esta visión con un enfoque en la autosuficiencia y la influencia sobre el resto de países del globo, China ha adaptado estos principios a la competencia del siglo XXI, proyectando un modelo de desarrollo eficiente y estratégicamente soberano.

Economistas contemporáneos como Ha-Joon Chang, Erik S. Reinert, Dani Rodrik, Mariana Mazzucato, Joseph Stiglitz, Alice Amsden, Robert Wade, Justin Yifu Lin, Sanjaya Lall y Keun Lee refuerzan las tesis de List, promoviendo el proteccionismo y las políticas públicas industriales, en contraposición a los economistas y las escuelas liberales de economía: Chicago, Austríaca, Neoclásica y el inducido Consenso de Washington, que priorizando el libre mercado y la mínima intervención estatal agudizaron los vicios de la globalización desregulada (desigualdad creciente, inestabilidad financiera, migraciones masivas, estancamiento en las economías industrializadas y empobrecimiento de los países en desarrollo) erosionando para siempre la credibilidad de sus teorías y dogmas. Chang y Reinert han demostrado que el proteccionismo histórico catalizó la industrialización en naciones desarrolladas; Rodrik y Stiglitz evidenciaron los límites del mercado desregulado para generar desarrollo equitativo; Mazzucato, por su parte, subraya el rol del Estado Emprendedor en la innovación tecnológica (buen ejemplo de ello es Silicon Valley en EE.UU.), refutando la supremacía del sector privado; y Amsden, Wade, Lin, Lall y Lee destacan el éxito de los "Tigres Asiáticos" (Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwán) mediante políticas estatales dirigidas, superando los resultados de las recetas liberales y consolidando un paradigma de soberanía económica y competitividad global.

DECÁLOGO DE FRIEDRICH LIST
  1. Protección de la industria nacional: Las naciones en desarrollo deben implementar aranceles y políticas proteccionistas para fomentar el crecimiento de sus industrias locales frente a la competencia extranjera.
  2. Prioridad al poder productivo: El desarrollo económico debe centrarse en aumentar la capacidad productiva de una nación, no sólo en la acumulación de riqueza inmediata.
  3. Diferenciación entre economías: Las políticas económicas deben adaptarse al nivel de desarrollo de cada país; lo que beneficia a una nación industrializada no siempre es adecuado para una economía en desarrollo.
  4. Importancia de la industria manufacturera: La manufactura es clave para el progreso económico, ya que genera innovación, empleo y riqueza sostenible.
  5. Infraestructura como base del desarrollo: El Estado debe invertir en infraestructura (transportes, comunicaciones) para integrar mercados internos y fortalecer la economía.
  6. Educación y formación técnica: El desarrollo económico requiere una población educada y capacitada, capaz de impulsar la innovación y la productividad.
  7. Intervención estatal estratégica: El gobierno debe desempeñar un papel activo en la planificación y promoción de sectores económicos estratégicos.
  8. Unidad nacional económica: La integración de los mercados internos y la cooperación entre regiones dentro de una nación son esenciales para el crecimiento económico.
  9. Crítica al libre comercio absoluto: El libre comercio beneficia principalmente a las naciones ya industrializadas, mientras que las economías emergentes necesitan protección temporal.
  10. Visión a largo plazo: Las políticas económicas deben priorizar el desarrollo sostenible y la independencia económica de la nación, en lugar de ganancias a corto plazo.