lunes, 7 de septiembre de 2020

Apruebo vs Rechazo: ¿una Constitución actual? o ¿la actual Constitución?


Dentro de sólo 48 días los chilenos dirimiremos el futuro de la norma jurídica de mayor jerarquía del Estado: la carta magna elemental, nuestra Constitución Política que en un proceso abierto y democrático volverá a reivindicar al "Poder Constituyente Originario": la nación, que más allá de qué opción (#Apruebo o #Rechazo) triunfe el próximo 25 de octubre, será lo que determine la vigencia de la actual carta o su virtual culminación, legitimando el ordenamiento jurídico a través de la participación efectiva. 

Para los partidarios del #Rechazo esta es la oportunidad de asentar y reivindicar la Constitución  de 1980, para que desde la ratificación plebiscitaria cese de ser oficialmente "la Constitución de Pinochet" con toda la carga simbólica que ello implica. Para quienes sostienen el #Apruebo será esta la instancia tan esperada de institucionalizar los cambios culturales que ha vivido el país en los últimos cuarenta años, además reformar al Estado de cara a los complejos desafíos que vienen e incoar la apertura de todos aquellos blindajes y amarres en que la actual Constitución no ha permitido "correr el listón".

Cabe destacar que el proceso constituyente se compone en 4 etapas: la primera que comienza el próximo 25 de octubre consta de dos cédulas electorales: la primera expone la opción de #Apruebo o #Rechazo y la segunda determina qué órgano debe redactar la Nueva Constitución: Opción 1: Una Convención Constitucional, integrada exclusivamente por representantes elegidos popularmente vía Sistema D'Hont u Opción 2: Una Convención Mixta Constitucional, integrada en partes iguales por miembros elegidos popularmente y parlamentarios en ejercicio.

La segunda etapa presupone el triunfo de la opción #Apruebo y consiste en la elección de candidatos constituyentes populares: 86 representantes para la Convención Mixta y 155 representantes (de 28 distritos) para la Convención Constitucional, asegurándose criterio de paridad de género sólo en el caso de la Convención Constitucional. La tercera etapa sería la redacción de la Nueva Constitución Política que tiene un límite de 9 meses, prorrogables por otros tres.

La cuarta etapa y final sería el plebiscito de salida o de ratificación convocado por el Presidente de la República: en este se hace llegar el proyecto de una Nueva Constitución a la ciudadanía para que contrastándolo con la Constitución Política actual sea oficialmente aprobado o rechazado. En caso de que la ciudadanía rechazara el proyecto de Nueva Constitución, seguirá vigente la actual Constitución de 1980 y en caso de que la ciudadanía apruebe la Nueva Constitución, el Presidente deberá convocar al Congreso Pleno para que en un acto público y solemne se juramente respetar la nueva carta magna del Estado que será publicada y oficializada dentro de los siguientes 10 días en el Diario Oficial.

El plebiscito que estamos próximos a enfrentar es el axioma hacia una democracia de alta intensidad (más integrada, multinivel e igualitaria) o poliarquía en términos del politólogo estadounidense Robert Dahl. No obstante no faltará de que aquí al 25 de octubre la acción anti-cívica y propagandística de grupos que pretenden minar el proceso, incitando la violencia unos y diseminando bulos, desinformación y campañas del terror los otros. Debemos cuidarnos de no ceder ante el maniqueísmo que nos proponen ni en su simplificadora y nefasta tendencia de recrear las barras bravas en política, pues sobra señalar que toda forma de fanatismo puede mancillar irremediablemente el proceso.

Hoy somos una sociedad mucho más compleja que hace 30 o 40 años e independiente de cuál sea la vía (enmiendas sustanciales a la actual Constitución o Nueva Constitución) impera el trazado de ruta hacia una contundente reforma del Estado de manera que podamos absorber en buena forma los embates que nos depara el presente y el futuro más cercano,  tales como: adaptación al cambio climático, sustentabilidad y expansión de la economía circular, automatización, industria 4.0, cooperativismo, comercio justo, reforma sanitaria, reforma al sistema educativo, reforma al sistema previsional, demanda por mayor autonomía de los gobiernos locales, economía de bloque, reforma tributaria, integración y política migratoria, etcétera. ¿Podemos seguir remando con el "principio de subsidiariedad" en este nuevo contexto y en pleno siglo de la inteligencia colectiva?.

Finalmente, vale recalcar que un potencial cambio de Constitución no es un salto al vacío ni equivale a firmar un cheque en blanco como apunta una amplia generalidad de detractores del #Apruebo. El bulo de la hoja en blanco es improcedente en un país con casi 200 años de tradición constitucionalista, ergo el espíritu de las leyes subyace a todo ordenamiento jurídico chileno desde 1833 a la fecha. La Constitución regula los tres poderes del Estado y a los organismos públicos de rango constitucional, otorgando la actual Constitución de 1980 espacios de autonomía a organismos como el Tribunal Constitucional, la Contraloría General de la República, el Tribunal Calificador de Elecciones y el Banco Central de Chile, autonomía que es saludable y debiera permanecer intacta en una Nueva Constitución.

martes, 18 de agosto de 2020

El realismo geopolítico de Samir Amin

El pasado 12 de agosto se cumplieron dos años de la muerte del intelectual egipcio Samir Amin (1931-2018), sin lugar a dudas una de las más grandes luminarias del pensamiento geopolítico planteado desde el sur global, autor de una prolífica bibliografía que construyó en el transcurso de los últimos 60 años.

De profesión economista y cientista político, formado en las más prestigiososas universidades de París, Amin desarrolló un pensamiento crítico marxista; donde la teoría de la dependencia (centro-periferia) y la visión wallersteiniana del "sistema mundo" configuran importantes ejes en su robusto examen contra el global-capitalismo que en su aguda actual decadencia se exterioriza en la constante necesidad de guerras, invasiones y saqueos a países del Tercer Mundo, en las que el hegemón estadounidense ha llevado la batuta en las últimas tres décadas, arrastrando a "la tríada capitalista" completada por Japón y Europa.

El estudio de la geopolítica se conforma por cuatro estadios: Geopolítica clásica, geopolítica tradicional (o de la Guerra Fría), geopolítica crítica y geoeconomía; ninguno de los cuales puede decirse "idealista". La geopolítica es la máxima expresión del realismo político (realpolitik) el estudio del poder militar y económico de las naciones al desnudo y su capacidad de influir en la configuración del orden mundial a partir del balance de poderes, del influjo (económico, político, cultural o de poder blando), la contención y la capacidad de chantaje. En este sentido decir "realismo geopolítico" es acuñar una redundancia conceptual, aunque desde luego en el periodo de entreguerras y al cabo de la Guerra Fría el idealismo liberal intentó revertir sin éxito la doctrina geopolítica a partir de preceptos nobles pero volátiles como "la autodeterminación de las naciones" (W. Wilson) o peligrosas utopías -para el caótico momento unipolar- como "El fin de la historia" (F. Fukuyama).

Teniendo en consideración lo arriba expuesto es que -a mi parecer- Samir Amin mucho más que un pensador neomarxista centrado en el paradigma de la lucha de clases, fue un pionero de la geoeconomía que antecedió en décadas a toda una saga de intelectuales en la línea de Edward Luttwak y fue evidentemente también un desapacible realista geopolítico, en la tradición de un Morgenthau, de un Kissinger, de un Cohen o de un Brzezinski, pero observando el mundo desde el reverso del planisferio, enarbolando naturalmente las luchas de resistencia del Tercer Mundo, del independentismo, las terceras vías (Conferencia de Bandung) y las estrategias de cooperación económica sur-sur (como el BRICS) de cara al pensamiento de los referidos intelectuales euro-estadounidenses que encarnan en sus manuscritos la más cruda geoestrategia del imperialismo militar y económico. 

Es así como provisto de una clarividencia equivalente a la de su también compatriota Eric Hobsbawm, de un activismo no menos diligente que el de Chomsky y de un rigor matemático-economicista que difícilmente cae en lo abstracto, en sus múltiples conferencias y libros Amin no sólo denunció los embates velados o descarados del global-capitalismo, sus fraudulencias y extrema facilidad para privatizar las ganancias y socializar las pérdidas, señaló también cursos de acción para romper la dependencia centro-periferia y mitigar un orden económico insolidario que a su entender sólo ha oscilado entre sucesivas crisis y burbujas, aproximándose en el último decenio a un certero colapso que es muy probable estemos resintiendo actualmente.

Citas de Samir Amin:

lunes, 10 de agosto de 2020

Difícil de digerir

El pasado 4 de agosto, la catástrofe azotó una vez más a Beirut. En esta ocasión se trató de una dantesca explosión en pleno puerto de la ciudad, que más que un incendio de insumos industriales (o eventualmente bélicos) pareció un ensayo atómico; con todas las características de los que usualmente realiza Corea del Norte en el Océano Pacífico o de las más veladas pruebas de armamento de destrucción masiva que desarrolla el ente colonial israelí en la devastada Siria. 

Mi tesis sobre lo que ocurrió hace cerca de una semana en el Líbano  la expuse en dos hilos de Twitter: uno del 5 de agosto y otro del 7 de agosto que invito a revisar. En ambos no tengo reparos de apuntar a quien es para mí el primer gran sospechoso de maquinar y beneficiarse de la gran detonación: la Israel de Benjamin Netanyahu y de a poco las evidencias parecen darme la razón y es que no es poca cosa que la explosión en sí haya suscitado dudas en los más expertos, entre los que destaco las observaciones del ingeniero en explosivos Danilo Coppe, tampoco es sutil coincidencia que en 2018 el propio Netanyahu expusiera ante la Asamblea General de Naciones Unidas una imagen satelital de la zona cero, señalándola como un depósito de armas de Hezbollah, si se suma a lo anterior el regocijo de un ex miembro del parlamento israelí quien cree y espera que su país haya estado detrás de lo ocurrido en Beirut, el puzzle se completa solo.

Lo anterior calza perfecto en la lógica de "guerra preventiva" que lleva a cabo el ente colonial (desde al menos 1967) y para la cual literalmente TODO VALE en pos de empoderarse geopolíticamente en la región, desde arrasar y colonizar las tierras de los palestinos (expandiendo año a año los asentamientos y pretendiendo en la actualidad el control completo de Jerusalén y Cisjordania, todo bajo el silencio cómplice de la Comunidad Internacional) a destruir países completos en el caso de Siria, valiéndose de ataques con misiles, drones, formación, financiamiento y entrenamiento de células terroristas adoctrinadas bajo el fanatismo wahabí y salafista, del cual son intermediarios sus ricos y amorales socios saudíes que junto con EE.UU. invierten en la sempiterna política (iniciada por los británicos a comienzos del Siglo XX) de polarizar, desestabilizar y balcanizar constantemente la región.

El Líbano tiene además un contendiente fronterizo con Israel a causa de yacimientos petroleros (aún no explotados) que se disputan en el limen de su mar territorial; mereciendo este capítulo una particular atención, tanto en lo respectivo a los intereses nacionales sionistas como a los que derivan del avasallador esquema imperialista económico que coliga los objetivos del hegemón estadounidense -y de sus aliados- con el de las grandes firmas petroleras (Total, Mobil, Shell, Exxon, etcétera) y el brazo financiero de la globalización; que tiene en el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional articuladores que direccionan la política fiscal, tributaria, monetaria y hasta doctrinaria de los países feudatarios. Líbano a la fecha adeuda 150% de su PIB al FMI, institución que apronta un nuevo préstamo que terminará de hipotecar su ya residual soberanía.

Un país destruido -como hoy es el Líbano- entre la anomia política, las sanciones económicas occidentales, la deuda externa y ahora la catástrofe, se convierte al final del día en el motín de guerra perfecto para que la decadente maquinaria occidental consiga engullirlo; entre tanto los libaneses han vuelto a fragmentarse en todas sus diferencias (religiosas, políticas, económicas, culturales), reprochando en general la inoperancia de un gobierno que es el eco degradado de la convergencia colonialismo-feudalismo en que complotan desde siempre las élites (y hasta los sistemas políticos) de los países subdesarrollados con sus mandantes del Primer Mundo. Conviene no olvidar, sin embargo, que para bien o para mal el Líbano es y siempre será un apéndice de la Gran Siria, ergo su sino vital es la resistencia.