viernes, 28 de febrero de 2025
En defensa del Estado y el bien público
martes, 20 de abril de 2021
Posglobalización y destrucción creativa del modelo económico. ¿Hacia dónde apunta el Estado chileno?
Fue el impar economista austriaco Joseph Schumpeter quien en 1942 hizo popular el término “destrucción creativa” para referirse a los ciclos económicos pautados por las infranqueables crisis económicas globales sucedidas -en promedio- cada 50 años y cuyo trasfondo no es otro que la constante reinvención del capitalismo, asociada a su vez a la transformación de paradigmas tecnológicos que disrumpen lógicas y estructuras de producción precedentes.
Para Schumpeter, intelectual disociado de la
teoría liberal clásica a la cual consideraba acomodaticia, burguesa e
indefectiblemente teórica, el capitalismo es un proceso esencialmente dinámico,
determinado por el derrotero de la transformación industrial que “incesantemente
destruye lo viejo para crear lo nuevo”. Es así como la casi totalidad de
las grandes recesiones económicas de los últimos 100 años vinieron acompañadas
de una profunda incertidumbre y desconstrucción de los pilares sociológicos,
políticos e institucionales al punto de que probadamente no fueron las Guerras
Mundiales catalizadoras de las crisis sino su más evidente corolario.
De este modo -y sin necesariamente caer en la
vacua simplonería conspirativa que formula las más variadas y disparatadas
teorías sobre una supuesta PLANDEMIA- salta a la vista a cualquier persona provista
sólo del sentido común que la realidad inverosímil que vivimos hoy a nivel
planetario posee un trasfondo mucho más peliagudo que la eventual aparición de
un virus que de pronto nos produjo enfrentarlo con medidas en ocasiones
cavernarias, impropias además de una civilización altamente sofisticada en el
campo biotecnológico. Es en este sentido que conceptos como “decoupling” y
“reset” resultan mucho más sugerentes para la crème de los analistas
internacionales que todo el pandemónium comunicacional en torno al COVID-19:
fachada evidente que encubre la crisis profunda, más en ningún caso es su
causa.
Lo que venimos presenciando con total certeza
desde el año 2018 es una nueva “desconstrucción creativa” del modelo económico
liberal (la más robusta desde el periodo de entreguerras) y es aquí donde
conceptos como “decoupling” y “reset” cobran un sentido particular,
especialmente entre quienes han logrado comprender la profundidad de la Guerra
Económica y Arancelaria que sostuvieron Estados Unidos y China desde comienzos
de aquel año. Fue el economista y futurólogo alemán Klaus Schwab, fundador del
Foro Económico Mundial (instancia ligada a la polémica Davos) quien en 2020
acuñó el concepto “reset” (reinicio) haciendo alusión a las inusuales
restricciones que nos impone la pandemia como una oportunidad para reformular
la economía global y hacerla “más equitativa y próspera”. Idealismos de lado era
ostensible que con o sin pandemia el “reseteo” de la economía global venía
encaminado al menos desde el año 2008 (crisis subprime) a causa de una
globalización financierista que llegó al límite, azuzada por la triada
insostenible de consumo, especulación y deuda, que prácticamente poco o nada
tiene que ver con la globalización comercial, tradicionalmente entendida como
la transacción de bienes y servicios a bajas tasas arancelarias.
Si sumamos a lo anterior un hecho histórico
inequívoco: el actual tránsito del progreso material e intelectual del planeta
desde las sociedades atlánticas (Europa Occidental y Norteamérica) a las
pujantes economías de Asia (China, la India y el Sudeste asiático en
particular), se asientan todas las fichas sobre el tablero de un planeta presto
a una “desconstrucción creativa” radical, nunca antes vista en la historia del
capitalismo industrial. Es así como el “decoupling” (desacoplamiento) es sin
duda el objetivo primordial que persiguen actualmente los Estados Unidos y la
Unión Europea, asistidos por el cierre de fronteras y la repatriación de
capitales que les ha facilitado la pandemia. Desacoplamiento indica revertir la
dependencia de China que en los últimos 40 años no sólo se convirtió en la
“fabrica del planeta” (un mero eslabón productivo en la cadena de valor global)
sino en un puntal tecnológico, de I+D y en un inversor astuto que aprovechando
las asimetrías del ahorro (las sociedades orientales ahorran, las occidentales
se habituaron a simplemente consumir) se convirtió también en el segundo mayor acreedor
de la deuda externa estadounidense, así como la de varios países europeos.
En el actual estadio de posglobalización y
posliberalismo, comienza a sucumbir también el modelo de dependencia (o al
menos comienza a transmutarse) generando circunstancias bastante sui generis
como el hecho no menor de que China, país comunista, es hoy en día principal
adalid de la globalización económica (liderando cuantiosas inversiones de
infraestructura portuaria en países de todos los continentes, para pavimentar
la pista a proyectos globalistas ambiciosos como RCEP y la Nueva Ruta de la
Sede marítima, terrestre y ártica), mientras las economías occidentales -otrora
íconos de la apertura- optan por contraer la globalización, repatriando sus
capitales e industrias, dado el hecho de que cada día que pasa son menos
competitivas en comparación al gigante asiático y apuestan por un recambio de
paradigma económico, hacia la regionalización.
En medio de tan agudo contexto, es lamentable
que Latinoamérica siga huérfana de las ideas, naufragando en la incertidumbre.
La realidad que hoy perturba a europeos y estadounidenses, la hemos vivido ya
muchas veces en carne propia a lo largo de todo un siglo y así como hoy ellos
optan por desglobalizarse y proteger sus economías frente a China, nuestros
países emprendieron sin éxito similar objetivo a partir del modelo
desarrollista y la sustitución de importaciones (años ’20 a ’70 del siglo XX),
que propendió a la autonomía económica frente a Estados Unidos y Europa.
Indefectiblemente fuimos saboteados a lo largo de todo un siglo (desde
experimentos económicos y Operaciones Cóndor a imposición de pautas económicas
bajo el Consenso de Washington) para volver a encarrilarnos en una estructura
de dependencia, mucho más facilitada a partir de economías abiertas, monoproductivas
y mutiladas de potencial para generar valor agregado a sus productos de
exportación. He aquí además la génesis de las desigualdades lacerantes en
nuestro continente, producto de una oligarquía tributaria del nexo neocolonialista,
que lejos de propender a la especialización, dilata a extremos insostenibles el
continuum feudal en nuestros países.
Sin lograr desmarcarse del continente, Chile
también sufre los embates de la actual “destrucción creativa” aunque -a
diferencia de europeos y norteamericanos- nadando contra corriente en manos de
una clase política y de una élite económica que a todas luces intenta reflotar el
modelo que gran parte de los chilenos desacredita (¿o acaso no quedó esto
completamente demostrado con el estallido social del 18 de octubre?).
En medio de la peor crisis económica, social, política y más bien sistémica de nuestra historia, es anecdótico que siga siendo un tabú -por ejemplo- proponer un impuesto a los súper ricos, y ergo aún más inimaginable resultaría pronunciarse sobre ejercer un mayor control o cerco sobre los más de USD $ 20.000 millones que el país pierde anualmente por concepto de evasión fiscal, buena parte de la cual corresponde a remesas que esos mismos “super ricos” canalizan en vía directa hacia sus cuentas en Suiza, Andorra, Malta, Panamá y otros tantos paraísos fiscales.
martes, 18 de agosto de 2020
El realismo geopolítico de Samir Amin
El pasado 12 de agosto se cumplieron dos años de la muerte del intelectual egipcio Samir Amin (1931-2018), sin lugar a dudas una de las más grandes luminarias del pensamiento geopolítico planteado desde el sur global, autor de una prolífica bibliografía que construyó en el transcurso de los últimos 60 años.
De profesión economista y cientista político, formado en las más prestigiososas universidades de París, Amin desarrolló un pensamiento crítico marxista; donde la teoría de la dependencia (centro-periferia) y la visión wallersteiniana del "sistema mundo" configuran importantes ejes en su robusto examen contra el global-capitalismo que en su aguda actual decadencia se exterioriza en la constante necesidad de guerras, invasiones y saqueos a países del Tercer Mundo, en las que el hegemón estadounidense ha llevado la batuta en las últimas tres décadas, arrastrando a "la tríada capitalista" completada por Japón y Europa.
El estudio de la geopolítica se conforma por cuatro estadios: Geopolítica clásica, geopolítica tradicional (o de la Guerra Fría), geopolítica crítica y geoeconomía; ninguno de los cuales puede decirse "idealista". La geopolítica es la máxima expresión del realismo político (realpolitik) el estudio del poder militar y económico de las naciones al desnudo y su capacidad de influir en la configuración del orden mundial a partir del balance de poderes, del influjo (económico, político, cultural o de poder blando), la contención y la capacidad de chantaje. En este sentido decir "realismo geopolítico" es acuñar una redundancia conceptual, aunque desde luego en el periodo de entreguerras y al cabo de la Guerra Fría el idealismo liberal intentó revertir sin éxito la doctrina geopolítica a partir de preceptos nobles pero volátiles como "la autodeterminación de las naciones" (W. Wilson) o peligrosas utopías -para el caótico momento unipolar- como "El fin de la historia" (F. Fukuyama).
Teniendo en consideración lo arriba expuesto es que -a mi parecer- Samir Amin mucho más que un pensador neomarxista centrado en el paradigma de la lucha de clases, fue un pionero de la geoeconomía que antecedió en décadas a toda una saga de intelectuales en la línea de Edward Luttwak y fue evidentemente también un desapacible realista geopolítico, en la tradición de un Morgenthau, de un Kissinger, de un Cohen o de un Brzezinski, pero observando el mundo desde el reverso del planisferio, enarbolando naturalmente las luchas de resistencia del Tercer Mundo, del independentismo, las terceras vías (Conferencia de Bandung) y las estrategias de cooperación económica sur-sur (como el BRICS) de cara al pensamiento de los referidos intelectuales euro-estadounidenses que encarnan en sus manuscritos la más cruda geoestrategia del imperialismo militar y económico.
Es así como provisto de una clarividencia equivalente a la de su también compatriota Eric Hobsbawm, de un activismo no menos diligente que el de Chomsky y de un rigor matemático-economicista que difícilmente cae en lo abstracto, en sus múltiples conferencias y libros Amin no sólo denunció los embates velados o descarados del global-capitalismo, sus fraudulencias y extrema facilidad para privatizar las ganancias y socializar las pérdidas, señaló también cursos de acción para romper la dependencia centro-periferia y mitigar un orden económico insolidario que a su entender sólo ha oscilado entre sucesivas crisis y burbujas, aproximándose en el último decenio a un certero colapso que es muy probable estemos resintiendo actualmente.
Citas de Samir Amin:



viernes, 3 de abril de 2015
¿Tendrá dueños el mundo? por Aldo Torres Baeza
Según la FAO, muere un niño cada seis segundos a manos de la desnutrición, ¡100.000 niños en un día!, pero, y he aquí la casual paradoja, la comida alcanza para el doble de la población mundial, entregando 2.700 calorías diarias a un adulto cualquiera. Esto pasa todos los días, a la vuelta del mundo. Y es casualidad que mientras esto suceda, los supermercados de a la vuelta del mundo estén repletos de comida. La otra cara de esta casualidad dice que “solo en Europa se pierden entre un 30% y un 50% de los alimentos completamente sanos y comestibles a lo largo de todos los eslabones de la cadena agroalimentaria hasta llegar al consumidor”. Por año, son unos 89 millones de toneladas de comida que la Tierra arroja al tacho universal (mientras la comida colma los basureros, casi 1.000 millones de personas siguen pasando hambre, 3,1 millones de niños se mueren de hambre cada año). 1,4 billones de hectáreas están destinadas a la comida que luego será basura, un 28% de las tierras cultivables a nivel mundial. Quizás ayude el oferton del 2x1: la mitad del plástico al estomago y las arterias, y la otra mitad al tacho de basura.
¿Será que para botar el pan en una parte del mundo, es imperioso que en la otra parte se necesite?
¿Tendrá dueños el mundo?
No, claro que no. Y como no hay dueños en el mundo, todos pueden consumir lo que deseen: es casualidad que si el mundo entero consumiera como consumen los norteamericanos, necesitaríamos entre 5 y 6 planetas igual a este para generar la vida. Los mismos estadounidenses poseen solo el 5% de la población mundial, sin embargo, consumen el 30% de la energía y, a la vez, desechan el 30% de toda la basura planetaria. Quizás sea yo, pero me revolotea siempre la misma pregunta: ¿quién paga los costos de aquel nivel de vida? ¿Quién arroja el pan que al otro lado se necesita? ¿Que pasaría si todos los chinos repitieran el mismo despilfarro? Bueno, nos quedarían las estrellas, quizás en Alfa Centauro pudiésemos levantar un campamento. ¿Por qué razón tiritarán las estrellas, de frio o por temor a que algún día las poblemos para llenarlas de humo y cemento?
Nada tiene que ver el desenfrenado ritmo del consumo, o el plástico arrojado a la basura, con que en las últimas 7 décadas trascurridas tras la Segunda Guerra Mundial se hayan consumido más recursos planetarios que en toda la historia de la humanidad, o que en las últimas 3 décadas se haya perdido cerca de la tercera parte de toda la riqueza natural. Sería por pura casualidad que un día la Tierra diera signos de agotamiento y empezará a derretir su hielo, escupir lava, y empaparnos de ácido. Pero en fin, ya dije que nos quedaban las estrellas si algo así sucediera. ¿Llevaremos los taladros y las picotas subterráneas para estrujar las rocas estelares en búsqueda de unas gotitas de petróleo?
No hay dueños en el mundo. Los televisores, que dicen que pensar, se prenden porque si, y los medicamentos, que adormecen el pensar, se meten solitos en el cuerpo, no es que haya un orden inhumano que impulse a su ingesta. No, nada de eso. Y también es casualidad que los medios de comunicación masivos y los fármacos, dos esplendidas recetas para aguantar la vida, se produzcan solo en una parte del mundo. Si tuviera dueños el mundo, no necesitaría a gente dormida. Claro que no. En Brave New World, Aldous Huxley relata como el Soma tranquilizaba a los ciudadanos. 30 años después de escribir su novela, Huxley repasa el libro, y dice: “La religión, según dijo Marx, es el opio del pueblo. En el Mundo Feliz, esta situación quedaba invertida. El opio o, mejor dicho, el Soma era la religión del pueblo. Como la religión, la droga tenía poder para consolar y compensar, evoca visiones de otro mundo mejor, ofrecía esperanza, fortalecía la fe y promovía la caridad”. Hoy, hemos pasado del opio al acopio (de fármacos) del pueblo. La industria farmacéutica, que crece y crece, decora el panorama de Huxley y lo hace casi real: la droga (legal) compensa, calma, estimula, adormece. La gente llena de pastillas sus casas, de los más variados efectos, colores y texturas. Un extraordinario acopio de químicos esperando introducirse en los cerebros y cumplir con su objetivo: pintar mascaras en los rostros evocando una falsa y fugaz sensación de paz. Allá en mis años de mochilero, las manos del destino me estacionaron casi un mes en Bolivia. Cierto: los bolivianos no conocían el copuchenterio de Facebook, muy pocos sabían que era una pantalla Led y de plano no conocían los Iphones, pero tampoco conocían la depresión, el estrés ni las canas. Llegué a pensar que eran sabios disfrazados de indígenas.
¿Tendrá dueños el mundo? Claro que no, es por pura casualidad que el Norte arroje los desperdicios tóxicos al Sur del mundo. No es que este lugar se haya convertido en el basurero de sus dueños. No, nada que ver. Y también es casual que el mundo se divida en mundos: Primero, Segundo y Tercer Mundo. Casualidad, pura casualidad. Esta equivocado el poeta alemán Friedrich Schiller cuando dice que “no existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas”. Esto es puro azar. El azar moldea el Nuevo Orden Mundial, a pesar de que al exconsejero de Seguridad Nacional de EE.UU, Zbigniew Brzezinski, le dé por pensar lo contrario: "la resistencia populista persistente y altamente motivada por parte de pueblos políticamente despiertos e históricamente resentidos hacia el control externo demuestra ser cada vez más difícil de suprimir". No, señor Brzezinski, los del Sur no estamos resentidos por el saqueo del cual hemos sido victimas, y no, tampoco hemos despertado. Así que relájese, señor, duerma tranquilo contando las estrellitas de su bandera, que acá abajo ¿seguiremos confiando en las casualidades?
¿Hay dueños en el mundo? No: esto es una fantasía más de los desconfiados que no creen en las casualidades.



