Mostrando entradas con la etiqueta Xi Jinping. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Xi Jinping. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de abril de 2025

"Estados unidos no necesita aranceles, necesita una revolución"



La Guerra Arancelaria 2.0 de Donald Trump contra China y el resto del planeta, no puede menos que generar reproche y enfado en las personas conscientes del globo, que destacan la inconsecuencia de origen de la política proteccionista y su calculada afrenta contra la libertad de los mercados y las cadenas de suministro, en el trasfondo de un Estados Unidos que ha perdido competitividad global y es apenas algo más que una sombra de aquel país potentado que hace sólo unas décadas logró imponer pautas económicas universales como el Plan Marshall, el acuerdo de Bretton Woods o el Consenso de Washington.

Bajo este contexto, cibernautas y tiktokers chinos se han tomado el protagonismo en los últimos días con denuncias y críticas ácidas en sus canales, algunos develando -por ejemplo- el valor de producción en China de cientos de productos de lujo versus el precio de venta en Occidente (sujeto a la simple impresión de una etiqueta o marca) entre 30 a 600 veces superior, otros como el influencer @neil778027 tildan de estafadores a la clase política y oligárquica estadounidense, que por mero cálculo económico movieron las industrias a China, hipotecando el futuro de los trabajadores locales, abandonándolos a su suerte, hasta transmutarse progresivamente en una sociedad degradada de "gordos, adictos y pobres"

Mientras China aprovechó el empujón de ser "la maquila del planeta" para sacar a millones de ciudadanos de la pobreza e invertir en infraestructura, Estados Unidos se enfrascó en guerras interminables en países como Irak, Afganistán, Siria, Libia o Yemen, para beneficio directo de los plutócratas clientelistas de Washington y el complejo militar-industrial, cuyo lobby es transversal a los gobiernos demócratas y republicanos. Por todo lo anterior remata el tiktoker chino: Estados Unidos no necesita aranceles para salir del pantano, necesita una revolución, despertar, desengañarse.

lunes, 29 de julio de 2024

Pax China


El mundo de la posguerra Fría, es decir: los últimos 34 años, ha estado lejos de ser aquel Edén de cordialidad, cooperación y paz entre estados a partir de "el triunfo de la democracia liberal", tal como vaticinaran autores de cierta prestancia como el politólogo Francis Fukuyama o el internacionalista John Ikenberry. Se diría más bien que fue lo contrario: con la caída de la cortina de hierro y el ocaso del mundo bipolar, Estados Unidos se empoderó sobre el tablero global e impuso sin tapujos la agenda del PNAC (Project for the New American Century) consistente en cuatro pilares: 
  1. Dominio global: Instaurar la hegemonía política, militar y el poder blando de EE.UU.
  2. Promoción de la democracia: Para alinear las instituciones de los países a los intereses estratégicos de los EE.UU.
  3. Intervencionismo militar: Para asegurar objetivos estratégicos y presionar cambio de régimen en países no alineados.
  4. Generación de alianzas: Potenciar el rol de las coaliciones globales lideradas por EE.UU., muy especialmente la OTAN.
La Guerra del Golfo (1990-1991), la desintegración de Yugoslavia (1991-2001) y el atentado a las Torres Gemelas (2001), salvoconducto para la invasión otanista de Irak y la extensa Guerra de Afganistán (sin un correlato claro ni razonable) son las primeras derivas de la agenda unilateral de EE.UU., que una vez más -valga destacar- poco o nada tuvo relación con los conceptos de "cooperación", "paz" y "cordialidad" entre estados que difundieron (y continúan difundiendo) algunos de los más renombrados académicos, estudiosos de la política exterior estadounidense. 

A lo anterior, se debe sumar la agudización de conflictos africanos como el del Malí, Somalia y el Congo, amago de golpes militares en Sudamérica, las crisis políticas centroamericanas y las "Primaveras Árabes" (2010-2012) que terminaron en la desintegración de Libia, la ocupación de Siria, la crisis humanitaria en Yemen, en cada una de las masacres sufridas en Palestina (considerando el genocidio llevado a cabo actualmente por el ente colonialista israelí en Gaza) y la conformación del Estado Islámico, todos hechos atribuibles al injerencismo y el cálculo estratégico de EE.UU. que apuesta actualmente por la guerra subsidiaria, el subcontrato militar y el artilugio del terrorismo ideológico e islámico para tener luz verde y coartada en la ocupación de territorios apetecidos por sus recursos naturales (Siria, Libia) o boicotear los proyectos de integración económica de sus rivales (China y Rusia).

Los mandatarios Luis Ingnacio "Lula" da Silva (Brasil), Xi Jinping (China), Cyril Ramaphosa (Sudáfrica),  Modi (India) y el ministro de asuntos exteriores ruso Serguéi Lavrov en la XV cumbre de los BRICS (2023)

Pero el funesto siglo americano está llegando a su fin y aquello que algunos se aventuraron en llamar "Pax Americana" (supuesto periodo de estabilidad global inducida por la hegemonía política, económica y moral de EE.UU.) demostró ser menos que un voladero de luces. La era de la unipolaridad está siendo relegada con celeridad por el creciente empuje de los países BRIC: India, Rusia, Brasil y sobre todo China, que en crecientes alianzas con potencias medianas del sur global, así como también con economías consolidadas y países riesgosos, están reconfigurando el tablero de las relaciones internacionales y la institucionalidad global, diseñados a la medida de las otrora potencias industrio-coloniales. En este contexto de  irrefrenable evolución hacia la multipolaridad, es posible vislumbrar un verdadera implicación o compromiso de China por asegurar la paz en el planeta y afianzar estabilidad hacia el recambio de hegemonías. La "Pax China" no es un voladero de luces y promete ser más asimilable a la Pax Romana (periodo de estabilidad de 200 años en el Imperio Romano) en un orden transparente, de reglas claras y donde predomina el principio de mutua conveniencia entre los estados signatarios.

Así como el Imperator Augusto dio inicio a la Pax Romana en el año 27 a.C., el primer ministro Xi Jinping está haciendo lo propio con la Pax China y las acciones por consolidarla están a la vista desde el portentoso plan de ayuda a los países en el combate contra el COVID-19 (2020), a la promoción del diálogo y las propuestas de paz frente a conflictos actuales y latentes, pasando por las iniciativas de desarrollo, inversiones y construcción de infraestructura en países de todos los continentes, con propósito de una integración global más cohesionada. Me detendré puntalmente en lo que respecta a los esfuerzos de China por consolidar la paz, pues hasta ahora líderes ni mandatarios de ningún otro país habían logrado colocar en una mesa negociadora a los representantes de Arabia Saudita e Irán (dos rivales geopolíticos inconciliables), reempoderar a la Liga Árabe y más recientemente: reunir a los miembros de distintas facciones políticas palestinas para acordar el cese de hostilidades o promover una propuesta de paz a la cancillería ucraniana, sin defraudar la alianza estratégica con Rusia. 

Desde luego, existe también un interés instrumental (no propagandístico) de China por inocular la paz en estos territorios: buena parte de los países en conflicto son clave de cara a sus futuros proyectos de integración económica global como son el Proyecto de la Franja y de la Ruta (OBOR) y los seis corredores económicos transnacionales (China-Mongolia-Rusia, el nuevo puente Euroasiático, China-Asia Central-Asia Oriental, Península Indo-China, Bangladesh-China-India-Myanmar y China-Pakistán). Sumido en su fiebre unipolar, Estados Unidos ha tratado de boicotear por todos los medios la proliferación de estos ambiciosos proyectos de infraestructura y guiándose por la máxima de "divide et impera" se sirve del conflicto ucraniano para entorpecer la potencial integración entre Rusia-China con la UE (el sabotaje a los gaseoductos Nord Stream ilustra mejor que nada esta obsesión) y hasta ha empleado infructuosamente el arma del terrorismo en Asia Central, para sublevar radicales a ambos lados de la frontera del Xinjiang con Pakistán, además de sembrar desidia e inmiscuirse procazmente en las relaciones entre Taiwán-China y Hong Kong-China. Pero un imperio de un siglo poco puede hacer contra una civilización de milenios; China es dueña del tiempo, Estados Unidos ni de los relojes.