Mostrando entradas con la etiqueta Esoterismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Esoterismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de febrero de 2016

Natalicio de Julio Verne

 
A 188 años de su nacimiento, la figura de Jules Gabriel Verne Allote de la Fuÿe sigue impresionando a sus sempiternos lectores, que a lo largo de muchas generaciones se han dejado llevar por el narrador en un viaje histórico e iniciático sea por los aires (Cinco Semanas en el Globo, 1863), la profundidad de los océanos (Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino, 1870), la sima de la tierra (Viaje al Centro de la Tierra, 1864) o hacia nuestro brillante satélite (De la Tierra a la Luna, 1872). Y es que la colección de "viajes extraordinarios" a los que el francés dio vida hace dos siglos, son una entelequia que no puede faltar en ningún hogar que se jacte de erudición.
 
Cuán ignorantes son aquellos que continúan acatando a la "imaginación" y el "misterio" ser las principales fuentes de las obras de Verne, nada de eso. Detrás de la prolífica obra del genio nantés corrió ante todo un riguroso trabajo de investigación y documentación, que sumado a su pasión por el mar, los viajes, el teatro, las letras, el conocimiento científico, la admiración por la técnica y el aprecio por culturas foráneas, fue el combustible necesario para notificar al vulgo de la época (desde el campo de una ciencia ficción dudosa) de una serie de adelantos técnicos sobre los cuales el colectivo de ingenio inglés, francés, alemán y norteamericano ya estaba trabajando. El "misterio" envuelve y anima también todos los detalles importantes de su obra, tales como nombres, criptogramas, números cabalísticos y referencias al conocimiento esotérico, y es que cualquiera que tenga acceso a simples pinceladas del mismo podrá adivinar en la figura del Capitán Nemo (y personajes afines de otras obras) un arquetipo salomónico, símil de Venerable Maestro :. y en la tripulación del Nautilus a los integrantes de una logia.
 
Los viajes extraordinarios 

El amor por la patria, la austeridad, el trabajo duro, la bravura y entrega a fines altruistas son desde luego los principales valores que definieron a los héroes de sus novelas y al espíritu (romántico) de su época, aportando un matiz didáctico del cual tristemente hemos dejado de aprender nosotros. Cuál Cristo o Buda de la era científica Phileas Fogg o el Capitán Nemo encarnaron el ideal del noble justiciero y pese a tratarse de hombres extravagantes, abatidos y solitarios -como el propio Verne- emplearon sus riquezas y talentos renacentistas en lealtad a sus camaradas y en favor de los desposeídos y oprimidos. Más sacrificado incluso que los anteriores, el sagaz Miguel Strogoff debió cargar una pesada cruz sobrellevando todas las fatigas y pesadumbres imaginables en un viaje iniciático "de la oscuridad a la luz" y de occidente a oriente. Desde luego, muy por sobre la frivolidad de las innovaciones técnicas y más allá de la aguda y científicamente documentada descripción de contextos y geografía que circundaba a sus personajes, la obra verniana es ante todo una grafía política, una oda a la humanidad y una exhortación a la filantropía.
 
Julio Verne, quien se autodefinió como "el más desconocido de los hombres", fue - a mi parecer- una luminaria propia de su tiempo y de su tierra, admirador y estudioso de los progresos del tórrido occidente de su época, que por entonces intentaba converger alquimia (misterio, esoterismo) y ciencia en su empuje civilizatorio. No en vano en la porción del mágico siglo XIX en que le tocó nacer, nacía junto con él -de la mano de su compatriota Allan Kardec- la ciencia mistérica del espiritismo, empleando médiums y Ouija para conectar el mundo material con el intangible; así mismo en los años en que Verne inició su serie de viajes extraordinarios, nacía en Croacia Nikola Tesla, el impar genio que desde una posición frugal llevaría a la práctica una serie de progresos e inventos basados en el electro-magnetismo, de los cuales se desprende toda nuestra modernidad tecnológica. Inventos tan extraordinarios que ni en el propio Verne lograría imaginar o más bien adelantar, al menos eso se pensaba hasta 1994, año de publicación de la obra póstuma y oculta: Paris en el Siglo XX, que vaticinó entre otras cosas la llegada de Internet.

Tumba de Julio Verne en la ciudad de Amiens. Adornada de referencias rosacruces, representa la esperanza del renacer.

miércoles, 29 de julio de 2015

El culto de Horus: del Cristianismo a los Illuminati

.
Los antiguos egipcios, un pueblo európide originario del Cáucaso y que forjó la más alta civilización de la era Neolítica sobre el valle del Nilo hacia -a lo menos- 5000 años, legó a la historia su prodigia y misteriosa arquitectura, sus avanzados conocimientos astronómicos (unificados con la astrología), sus ciencias filosóficas, naturistas y matemáticas (de la cual derivaron las escuelas pitagóricas y geómetras de la Antigua Grecia y la numerología cabalística judía) y  una rica mitología, basada en dioses zoomórficos como Tot y Tauret, además de la primera trinidad sagrada conformada por Osiris, Isis y Horus.

No es de sorprender que a más de dos milenios del derrocamiento de su última faraona: Cleopatra, aún nos sigan invadiendo ecos del Antiguo Egipto, encriptados en nuestras más cotidianas e íntimas tradiciones, cultos y rituales. En gran medida, debemos esta "trascendencia de lo egipcio" a Roma y la sincrética religión que emergió en su seno: el cristianismo, un culto que en el más álgido de sus misterios, fusiona el arquetipo ario-solar de Cristo con la figura de un anacoreta palestino: Yeshua ben Yosef (Jesús), nacido en el año I o fundacional de la historia occidental. 

Cristo, "el ungido", hijo de la incubación del espíritu sobre la carne, no es más que un perenne arquetipo, sujeto a la ley universal del Eterno Retorno, el Dios increado que vuelve a la tierra en humana forma cada cierto periodo de años, para dar testimonio de un mundo más elevado al que sólo podemos acceder por vía del espíritu. Aquel Cristo fue llamado Krishna por los indo-arios, Mitra por los iranios, Melquisedec por los ancestros olvidados del pueblo judío y Horus por los antiguos egipcios. En cada caso, se trata del mismo arquetipo: el Dios ígneo de los pueblos arios, el Sol Invictus que renace y da vida nueva (Navidad) cada mes de diciembre en el hemisferio norte, celebrado por el más ancestral, pagano y hermoso culto del solsticio de verano.
.
Mito del Diluvio
Las leyendas y la geofísica coinciden en el hecho de que hace miles de años aconteció una gran desglaciación en el planeta que desembocó en una considerable crecida de los mares. La región del Caúcaso -por entónces más gélida que hoy en día- se vió inundada por el desborde del Mar Negro y el Mar Caspio, dispersando a los habitantes del entorno, quienes por vía oral transmitieron durante generaciones una épica historia de despojo y sobrevivencia. La historia del diluvio universal la encontramos en la Biblia judía (el Arca de Noé), en Sumeria y Egipto, entre los pueblos arios que invadieron Eurasia e inclúso en regiones tan alejadas como el contienente americano. Todo parece indicar que sobre las tierras inundadas se emplazó una civilización bastante avanzada (el pre-Egipto) y unificada tanto racial como culturalmente, a esta civilización perdida, tanto egipcios como griegos le llamaron Atlántida.

LA SAGRADA TRINIDAD

El número "dos" representa a la sagrada dualidad, el principio de manifestación por vía de los opuestos: día y noche, vida y muerte, luz y sombra, cielo e infierno, ying y yang, positivo y negativo, masculino y femenino... todo cuanto existe tiene por contrapunto una realidad inversa. En la mitología del Antiguo Egipto, el misterio del número dos estaba encarnado en la figura de Isis: la diosa madre, el principio femenino, que emergió a su vez de la bifurcación de un dios inmanifestado, cuya mitad "uno" era representada por el viril dios sol Osiris. Es Isis el arquetipo lunar/telúrico de "la Gran Madre", común no sólo a los egipcios, sino a múltiples pueblos del Mediterráneo, Europa y el norte de África, llamada Gaia por los celtas, Cíbeles por los pueblos anatolios, Deméter por  los griegos y María, madre de dios por los católicos.

Pero si bien Isis era el inverso genérico de Osiris, Seth (el Satanás de la tradición judía), fue su inverso energético: un dios-demonio, que terminó matando a Osiris para convertirse en "rey de este mundo" (¿el Demiurgo despreciado por Jesús-Cristo?) y no conforme con ello cercenó su cuerpo. Es así como -cuenta la leyenda- desesperada Isis se dedicó a reunir los fragmentos de su difunto marido y opuesto-complementario, uniendo  y embalsamando los hallazgos, entre los cuales no se logró dar con el órgano reproductor o falo, esta razón la motivó a reconstruírlo en arcilla. En un último acto de amor, Isis establece relaciones con los restos del dios muerto, dando vida al dios Horus. De esta pueril leyenda podemos concluir dos cosas: I. Horus es el arquetipo que representa al número "tres": el número del Fénix, del renacimiento o la reemergencia del Sol, un ser perfecto que nace de la integración de los opuestos; de este modo su ojo izquierdo reproduce el brillo lunar (reflejo de una fuente superior: el Sol) y el derecho -el Ojo de la Providencia- irradia la luz solar que proviene directamente no sólo de Osiris, sino del principal y más antiguo dios egipcio (tal vez el inmanifestado): Ra. 
.
Obelisco de Buenos Aires. Obra ordenada en 1933 al destacado arquitecto y masón Alberto Prebisch

Como segunda conclusión, cabe destacar que "el falo de Osiris" ha sido reverenciado subterfugiamente y desde la remota antiguedad por múltiples sociedades secretas que adhieren a la dimensión hermética (esotérica) del mito egipcio, siendo este y no otro el real significado de los llamados "obeliscos", símbolos comunes en las grandes avenidas y principales centros históricos del planeta. Muchos de los grandes obeliscos modernos, fueron erigidos en el siglo XIX y comienzos del XX, encargados a arquitectos masones, conocedores de la geometría sagrada y de los misterios templarios más antiguos. Algunos de los obeliscos más arcaicos sobreviven aún en Egipto y en la ciudad de Roma, uno de los cuales se encuentra de cara a la mismísima basílica de San Pedro en la ciudad vaticana.

Con el culto de Horus, se completa en Egipto "La Sagrada Trinidad", uno de los misterios más complejos y elevados sobre la naturaleza de Dios,  que por vía del cristianismo (Padre, Hijo y Espíritu Santo) logra sobrevivir hasta nuestros dias. Los cristianos comúnmente lo aceptan como dogma sin cuestionar ni analizar su significado ni orígen, no así los grandes estudiosos de las ciencias ocultas, de la cabalá, de la flor de la vida y otros métodos empírico-espirituales (tales como sufismo, meditación, yoga, etcétera), que pudieron palpar el trasfondo de este misterio esotérico, en conocimiento de la ley de los ciclos, de la cual el propio Dios forma parte. 

Pero explicar la ley de los ciclos, no constituye un objetivo de este ensayo, por tanto nos limitaremos a decir que en el Antiguo Egipto el misterio de la Santa Trinidad se instruyó por medio de las leyendas de Osiris (principio de manifestación), Isis (naturaleza receptora y femenina) y Horus (el renacido, el "ungido"), se pensaba en tanto que Horus al igual que Cristo era el propio Dios que retornaba intermitentemente a las tierras del Nilo, pero encarnado simbólicamente en el útero humano de la madre del faraón. De este modo, los faraones fueron considerados legítimos representantes de Horus, lo cual no resulta extraño desde un punto de vista raciológico, ya que el faraón pertenecía a la casta sacerdotal de mayor pureza, descendiente de los heroicos conquistadores provenientes del "Gran Norte": la mítica Atlántida. 

Queda por dilucidar aún si esa "Atlántida" a la que hacían referencia los egipcios como su emplazamiento original previo al diluvio universal,  se trata de las tierras del Cáucaso (como sostiene Delisle de Sales), o tal vez de algún punto más ártico ubicado entre el norte de Europa y los montes Urales o inclúso de alguna tierra mística transdimensional (como la Agharti de los indo-arios) o -por que no decirlo- de otro planeta: tal vez Sirio, "la estrella perro" o "estrella de los muertos", hacia la que estaban orientados los grandes templos como el de Karnak.

EL "OJO DE LA PROVIDENCIA"

Horus, la principal divinidad del panteón egipcio, representa al sagrado elemento de la racionalidad: la mirada de halcón, el "Ojo que todo lo ve" desde lo alto, supervisando el progreso material y espiritual de la que fuera -durante miles de años- la más avanzada civilización del mundo Mediterráneo. Hay quienes sostienen  que el "Ojo de Horus" (Udyath) grafica también a la glándula pineal, ubicada en el centro de la estructura cerebral y a la cual los místicos atribuyen ser la fuente el tercer ojo u ojo de la mente (portal a otros mundos, intuición) también llamado ajna chakra por la tradición indo-aria.

Del antiquísimo símbolo Udyath, deriva también el Nazar u "Ojo Turco", pequeño talismán que según la mitología popular, bloquea las energías negativas. Este antiquísimo símbolo -como todo conocimiento místico proveniente del Antiguo Egipto- fue asimilado también por las antiguas escuelas de misterios, por los alquimistas, los escolásticos y los gremios medievales de constructores de iglesias y catedrales, y por medio de su oficio pasó a convertirse en máximo emblema de organizaciones secretas transnacionales como son la Francmasonería, los rosacruces, los Illuminati de Baviera, el club Bilderberg y demás organismos asociados, de los cuales no debemos perder de vista a la malla de instituciones que gobiernan ideológica y económicamente el planeta.

El "Ojo de la Providencia" sobre los cristales de una catedral ortodoxa rusa

Refiero en lo anterior a organismos como las Naciones Unidas, el Banco Mundial, los propios Estados (fundados -en su mayoría- por masones, gobernados hoy en día por títeres al servicio del club Bilderberg), el Banco Vaticano, a la mismísima Iglesia Católica, a los líderes cupulares de las iglesias evangélicas e inclúso a organizaciones que hoy fomentan el gatopardismo y el terrorismo islámico en Medio Oriente como son ISIS (acrónimo de Estado Islámico, criptograma del nombre de la diosa egipcia) y Al Qaeda, derivadas ambas del tronco ideológico de la Hermandad Musulmana, fundada en 1928 por el masón egipcio Hassan Al Banna y agentes del imperialismo británico.

En medio de una era tecnologizada, donde todo cuanto nos rodea está provisto de cámaras conectadas a Internet (y del otro lado no sabemos a quién) y aparatos detectables por radar (GPS), hoy más que nunca estamos bajo la mirada despótica del "Ojo de la Providencia" y las miríadas de poderosos que le rinden ceremonia, pero esta "Providencia" -me temo- no es el Dios de amor y luz que predicaron Jesús ni Zoroastro, tampoco se trata del buen Horus de Egipto, sino del usurpador Demiurgo (Seth) y su ojo de Shiva, aquel es el "Rey de este mundo" materialista, oscurantista y corrompido: la era el Kali-iuga.

lunes, 2 de marzo de 2015

Miguel Serrano


En medio de una era crítica, los escándalos políticos de un país a la cola del mundo como es Chile, son mero reflejo de las bajezas de un mundo corrompido, que al decir de los hindúes atraviesa el cénit del Kali Yuga: la era más oscura del materialismo, predicha también por Platón, quien temía que las "almas de bronce" (los comerciantes) lograran adueñarse cierto día de los activos de la humanidad. Los peores indicios de esta era los vivimos ahora, con la sombra del demiurgo oscilando sobre gobiernos, comunidades e individuos, sembrando la degeneración, la apatía y el mercantilismo extremo hasta desterrar (momentáneamente) los altos principios y valores que ennoblecieron a nuestros antepasados. 

No nos extrañe ahora el hecho de ser gobernados por estafadores disfrazados de socialistas o de liberales: siervos de los mismos amos transnacionales y que esperan cual perros de la calle su tajada, interpretando y falseando el rol de "servidores públicos" sobre el podio de un teatro decadente llamado opinión pública. Tampoco es de fiar nuestro entorno más cercano y ni siquiera la Iglesia es un buen lugar donde escudarse; en la era del Kali Yuga todo está descompuesto y la espiritualidad en franca retirada. Son pocos los seres humanos de este ciclo que no sirven a algún otro dios que no sea Mammón y quienes se rebelen estarán condenados, tómese como evidencia los actuales conflictos en Medio Oriente: una guerra santa con matices económicos.

Serrano, el Ávatar

Incansable investigador, exhaustivo estudioso, diplomático y amigo cercano de grandes figuras de la historia como Herman Hesse, el Dalái Lama, Indhira Gandi, Jawaharlal Nehru, Carl Jung, Salvador Allende y Pablo Neruda, Don Miguel Serrano Fernández (1917-2009) tuvo fundamentos de sobra y una gran osadía cuando aún jóven decidió enarbolar la bandera del Nacional Socialismo, ganándose cuantiosos enemigos en los grupos de poder chilenos y extranjeros y entre feligreses tanto de izquierda como de derecha (cabe destacar que Serrano jamás comulgó con el régimen Kissingeriano de Pinochet). 

Sobrino de Juan Antonio Ríos (Presidente radical) y del poeta y masón de alto grado Vicente Huidobro, Serrano fue un hijo de la aristocracia chilena y un miembro activo de la clase política en el cargo de embajador de la India a fines de los años '50. Su espíritu aventurero lo llevó a recorrer varias veces el globo, pero fueron Europa, la India, el Tíbet y la Antártida los parajes que siempre le cautivaron y sobre los que basó la mayor parte de su obra.

De la Antártida, siempre mostró preocupación por los alcances del llamado "Plan Andinia": para algunos, simple teoría de conspiración, para otros la indesmentible evidencia de un trazado geopolítico sionista/imperialista (en curso) para hacerse con el dominio de la Patagonia argentina y de la Antártica chilena: nuestra porción del continente blanco, del que cual se han escrito varios mitos desde Julio Verne a la fecha, algunos que hablan de la existencia de un enclave extraterrestre y otros de un bastión de las SS, que tras la derrrota de Alemania en la Segunda Guerra, habría instalado bases secretas bajo las aguas congeladas, orbitadas frecuentemente por sus haunebus (ovnis nazis).

En 1989 Miguel Serrano ofició un polémico discurso a los neonazis chilenos, en honor al centenario de Adolph Hitler.

Admirador de Julius Évola (sostén ideológico del fascismo italiano) y de Nietzsche, Serrano construyó una nueva narrativa: mágica y prolíficamente documentada. En ella se funden el tradicionalismo con los arquetipos junguianos y la épica germánica con la indostánica. Fue leyendo, filosofando y viajando por Eurasia que Serrano develó la basa o común denominador que hila las tradiciones druídicas (celtas), con las germánicas, greco-latinas, iranias e hindúes, herencia de comunes antepasados arios a quienes Serrano atribuye además un  origen extraterrestre: los dioses hiperbóreos.

En la dimensión del mito, los hiperbóreos fueron los "hijos de Dios" (¿ángeles?) que se enamoraron de las "hijas de los hombres" (¿homínidos?), dando vida a una tercera -y condenada- especie (los nefilim) de la cual deviene la raza humana. Este mito aparece en el libro del Génesis, aunque todo parece indicar que se basa en leyendas más antiguas provenientes de Mesopotamia. Para los ariosofistas como Miguel Serrano, Otto Rahn o Madame Blavatsky este mito es crucial, ya que implica la existencia de dos categorías humanas en eterno conflicto: [1] la de entes telúricos y materialistas que viven para los placeres de la carne y del ahora, temiendo cual animales las reprimendas de una divinidad tiránica (el demiurgo o Yahwé) y [2] entidades que privilegian el espíritu sobre la materia y añoran a un Dios de lo alto (El Sol Invictus u Ormúz de la tradición persa) cuyo reino está por sobre placeres profanos y por ende "no es de este mundo".

En la obra de Serrano -como en la de Philip K. Dick- el límite existente entre ficción y realidad no se delínea claramente, condición que implica que sus escritos como "Quien llama en los Hielos" (1957), "El Cordón Dorado" (1978), "El Nuevo Orden Transnacional y la Patagonia" (1991), "Conspiración Mundialista y Traición a Chile" (1994), "Las Visitas de la Reina de Saba" (2002) y "Elella: El libro del Amor Mágico" (2004) no estén dirigidos ni a legos ni a mentes adosadas a la percepción básica, pues rebasan por mucho el sentido común y son antetodo obras iniciáticas, tal cual los textos de masonería, rosacrucismo, sofismo y cabalá, que abundan en las sociedades secretas donde anidan poderosas mafias e intrincadas redes de dominación global, que operan a la vez sobre el plano material y esotérico.

Embebido en su propio ideos kosmos, Miguel Serrano se declaró en guerra contra el Nuevo Orden Mundial y las huestes del demiurgo, que -curiosamente- aún despúes de muerto, continúan vilipendiando su legado. La censura que sufrió gran parte de su vida de parte de los medios de comunicación y las editoriales, pone de manifiesto que lo suyo no eran simples desvaríos y que el concepto de "libre expresión" no es más que una vil falacia.

En esta era "tan tolerante y pacífica", es razonable y políticamente correcto que muchos desprecien a Miguel Serrano por exaltar la figura de Adolph Hitler, cultivar el llamado nazismo esotérico y hasta por esperar la venida del Cuarto Reich, a bordo de un platillo volador proveniente de la Antártica. Yo personalmente no comulgo ni con Hitler, ni con nazis ni con fascistas, pero rescato en Miguel Serrano -como en Julius Évola- la añoranza de una humanidad épica, férrea e incorruptible: una nueva sociedad que a juzgar por "la teoría del péndulo" volverá sí o sí al final del Kali Yuga para establecer orden y justicia sobre la tierra, cual Cristo o cual Mahdi, vaticinados miles de años atrás por las tradiciones ariosóficas, encriptadas en el Islam y en el Cristianismo de Oriente.