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martes, 13 de mayo de 2025

El enigma de los sardos

 

Mucho se ha publicado en los últimos años sobre la excepcional longevidad de los sardos, comunidad de la Italia insular, que capta la atención mundial debido a su alta concentración de población centenaria y al promedio de vida por sobre los 83 años, hecho que contrasta con el contexto mundial, marcado por el aumento de enfermedades cardíacas y trastornos alimentarios. El secreto de los sardos radica en las bondades de la dieta mediterránea de cultivo propio y sin preservantes, destacando el consumo de productos frescos o producidos artesanalmente: leche, quesos, frutas, verduras, legumbres, pescado, aceite de oliva y vino tinto, fuente de nutrientes, antioxidantes y grasas saludables que protegen el corazón y reducen riesgo de cánceres. El estilo de vida activo, inalterado a lo largo de los siglos, con caminatas diarias prolongadas por terrenos montañosos (lo que hoy llamamos trekking) y una fuerte cohesión social, profundizadas en redes familiares y comunitarias, fomentan el bienestar emocional y complementan la fórmula del buen vivir de las gentes de Cerdeña.

El enigma de los sardos, sin embargo, no se limita exclusivamente a los beneficios de la vida comunitaria, de la actividad física o la alimentación saludable, el propio origen de esta nación (distinta al conjunto de italianos) y que ha variado levemente desde los primeros ancestros neolíticos, hunde raíces en las profundas brumas de la historia europea y mediterránea, siendo la temprana civilización nurágica (1800 al 1100 a.C.) una de las más prolíficas y asombrosas del periodo megalítico, dejando vestigios por toda la isla en sus extensos 24.000 km² (la segunda mayor del Mediterráneo, detrás de Sicilia) en las más de 7.000 colosales torres de piedra de -en promedio- 20 metros de altura, construidas sin mortero y con piedras de hasta 30 toneladas: las famosas nuragas, utilizadas para fines rituales, funerarios, agrícolas, astronómicos y sociales, erigidas en perfecta alineación con la salida y el ocaso del sol durante los solsticios de invierno y verano, un prodigio astronómico que refleja los avanzados conocimientos de ingeniería y organización comunitaria en la Cerdeña pre-romana, fuertemente vinculada con el enigma y los constructores de Stonehenge (Inglaterra), del asentamiento de Çatalhöyük (Turquía) o los templos de Ġgantija y Mnajdra en Malta.

Nuraga de Isili, localidad al sur de Cerdeña.

En efecto, los sardos, si bien romanizados/latinizados desde el siglo III a.C. e italianizados en el siglo XVIII por la Casa de Saboya (Piamonte), poseen una identidad étnica y cultural ancestral distinta al resto de italianos, siendo al día de hoy la población europea más cercana genéticamente a los primeros agricultores neolíticos, provenientes de Anatolia (región central de la actual Turquía) que arribaron a la isla hacia el 6.000 a.C., una contribución genética relevante y considerablemente superior a la del resto de poblaciones euroasiáticas (78% aprox. del ADN sardo versus el 52% en italianos, 52% en españoles, 56% en vascos, 54% en griegos, 62% en albaneses, 48% en búlgaros, 47% en franceses, 45% en ingleses, 40% en alemanes, 33% en suecos, 40% en irlandeses, 38% en turcos, 28% en ucranianos, 19% en iraníes, 40% en sirios/libaneses y 46% en judíos askenazíes, según los más recientes estudios), producto del relativo aislamiento geográfico y particular topografía de la isla, hecho que limitó los influjos genéticos de otras naciones, pese a que Cerdeña fue siempre partícipe en los eventos civilizatorios del Mediterráneo: tuvieron contacto cultural y dominio político sobre ella fenicios, griegos, cartagineses, romanos, vándalos, bizantinos, sarracenos (musulmanes), genoveses, la Corona Española, la Casa de Saboya y el Reino de Italia.

Familia, cultura, religión, oficio, espiritualidad, folclore, alimentación sana, sustentabilidad, tranquilidad, contemplación, paz mental, orden, felicidad, labranza, amistad, empatía, buena vida y buena mesa son cualidades venerables que marcan el día a día del común de los sardos, prolongando a conciencia el legado ancestral de los primeros agricultores europeos: astrónomos, médicos, naturalistas y magos, buenos conocedores de los ciclos astrales, ecológicos y humanos. Una cultura y cosmovisión arraigada en la armonía con la naturaleza, la comunidad y las tradiciones, que durante milenios forjó una pétrea estabilidad, adaptándose a los cambios epocales. Tal como describiera hace más de un siglo el novelista británico D.H. Lawrence, quien dedicara una obra completa a la isla: "Aquella tierra no se asemeja a ningún otro lugar. Cerdeña es algo diferente. Espacios encantadores y distancias por recorrer; nada terminado, nada definitivo. Es como la propia libertad", el enigma de los sardos conecta con los orígenes austeros de Europa y retrotrae al encanto original de la humanidad civilizada.

Mujeres locales vestidas con el tradicional mucadore sardo.

sábado, 16 de abril de 2016

Varegos, normandos y saqalibas


Emergieron en la historia en épocas tan tardías como los siglos IX y X de la era cristiana. Familiares escandinavos de las hordas germánicas que invadieron el segmento occidental del Imperio Romano en la Alta Edad Media, su belicosidad y crueldad primigenia recordó -en efecto- el saqueo de Roma por los vándalos en el 455 d.C. y su posterior ocupación de Hispania, las islas mediterráneas (Baleares, Córcega, Cerdeña) y Cártago (Túnez) en el Norte de África.

Hoy sabemos que los normandos -también llamados vikingos- descubrieron América desde la ruta Islandia-Groenlandia con mucha anterioridad a Colón, aunque muy posterior a las incursiones fenicias de siglos antes de Cristo. Eran desde luego una raza de guerreros y navegantes, cuyo principal interés radicaba menos en conquistar territorios ignotos y acaparar sus materias primas que en dominar las rutas comerciales del viejo mundo; y es así como se lanzan a la conquista del Atlántico, del mundo báltico, la Rusia Oriental y el Mediterráneo, llegando a constituir reinos en Gran Bretaña, en el norte de Francia (Normandía), en el sur de Italia y en Antioquía (región costera de Siria-Anatolia) tras las cruzadas.

Empleados como mercenarios por Bizancio, ejércitos de varegos defendieron durante centurias las fronteras de la cristiandad occidental en campañas mucho más arduas y onerosas que la de Poitiers (en el 732), recordada injustamente como el gran triunfo de la cruz sobre la expansión mahometana en Occidente. Otras masas de mercenarios nórdicos fueron reclutadas también por los musulmanes, mezclándose entre los saqalibas (eslavos) para ser destinados como milicias extranjeras en al-Ándalus, Siria y Noráfrica, regiones cosmopolitas donde el dominio árabe se vio reducido a aspectos administrativos.

La Guardia Varega

Existe más de una razón por la que el Imperio Romano de Oriente (Bizancio) sobrevivió mil años a la caída de su equivalente occidental. Soportó con anterioridad la incursión de los godos, pero pagó tributo para que el grueso de las hordas germánicas centro-europeas prefirieran internarse en Occidente, hasta fragmentarlo y dar vida a reinos hoy transmutados a la matriz estado-nación; otra razón es que Occidente (Hispania, Britania, Galia e Italia) fue siempre mucho más exiguo en recursos económicos, materias primas y hasta en tradición y cultura frente al recio Oriente, que desde su capital Constantinopla (Actual Estambúl) gobernó la región de los Balcanes, el mundo griego (incluido el sur de Italia, Alejandría y Anatolia), Siria, Egipto, Armenia, Mesopotamia y lo más relevante: todas las rutas de acceso hacia el corazón de Asia, edén de la seda china, las alhajas y alfombras de Persia y las especias de la India.

Habiendo perdido Roma toda una tradicional potestad sobre el gran imperio engendrado con el vigor de sus legiones, la severidad de sus políticos (el Senado) y el espíritu de sus leyes, quedó reducida a la categoría de símbolo y hasta fue desplazada por otras ciudades italianas como Ravenna y Milano, esta última capital de los lombardos, los nuevos dueños de Italia desde el siglo VI d.C. El insalvable legado político de la ciudad latina fue transpuesto completamente en el Bósforo, teñido de cultura griega y espiritualidad judeo-cristiana, mientras Europa Occidental presa del oscurantismo medieval, comienza a germinar el feudalismo y Oriente Medio -desprendido para siempre de Bizancio en el siglo VII d.C.- sucumbe a las pugnas entre las distintas facciones doctrinarias del islam, las luchas intestinas por el dominio de los califatos y la intrusión de los turcos: a la postre, los más temidos enemigos de Bizancio.

Pero el Imperio Bizantino: bastión del cristianismo, de la romanidad, del arte y la filosofía griega, no sólo hizo la función de escudo entre el occidente cristiano y el mundo islámico, su influencia se propagó también -vía los Balcanes y el Mar Negro- hacia los pueblos eslavos y en particular hacia los rusos que adoptaron, entre muchos otros aspectos, la caligrafía griega y la orientación de la Iglesia Ortodoxa. El imperio asume también funciones diplomáticas como la de adoctrinar a los últimos reductos paganos de Europa, para ganar de esta manera espacios de influencia a la Iglesia Católica y sobre todo a los musulmanes. Logra catequizar a la mayoría de los pueblos eslavos y al naciente Imperio Ruso, más no a sus vecinos del norte: los varegos, que terminarán adoptando la religión católica. En cambio muchos de ellos, como así mismo rusos y eslavos, van a ser reclutados durante siglos como milicianos en los ejércitos bizantinos, conformando la llamada "Guardia Varega", un contingente militar copioso destinado tanto a las campañas fronterizas del imperio como en funciones policiacas de orden interno. 

Es a partir de estos intercambios que Europa Oriental se "romaniza" y Bizancio termina absorbiendo elementos raciales y culturales muy septentrionales.

La Italia Normanda

Castello di Venere, en el pueblo de Érice (Norte de Sicilia)

Italia no sólo es el solar de Roma; la cuna del imperio que definió y civilizó a Europa. Siglos antes del florecimiento de Roma coexistieron en la península naciones de diversos orígenes, unas provenientes de Europa Central (vénetos, ligures, raetios/germanos, galos/celtas, oscos, osco-umbros, latinos, samnitas, volcos, sículos...), unas desde el este del Mediterráneo (etruscos, fenicios, griegos) y otros, pueblos aborígenes cuyo arribo se debe rastrear hacia el temprano Neolítico y hacia la edad de piedra o Era Paleolítica. 

Se dice de la Roma pre-histórica, que era un remoto y pantanoso villorrio de relegados y campesinos, emplazado sobre siete colinas. Pero ya en aquella época coexistían sobre territorio italiano dos boyantes culturas: los etruscos de la Toscana y la "Magna Grecia" que comprendía el sur de Italia y la isla de Sicilia. Son estos dos núcleos -en orden respectivo: al norte y al sur de la región de Lacio, habitada por los latinos- los que influyen de manera decisiva en la constitución de una civilización romana que adoptará además para la efectividad de sus fines militares e imperialistas el implacable sistema de falange espartano y la estructura de las flotas jónicas y fenicias, adoptando como embarcación oficial al trirreme. 

Gracias al juicio y voluntad superior del pueblo latino, Roma conquistó a todas las naciones de Italia y en pocos siglos dominó a buena parte del mundo antiguo, extendiendo su influjo por tres continentes. Pero al ser la cuna de un gran imperio, más temprano que tarde el romano relajó sus valores, comenzó a delegar funciones militares en gentes no italianas (tracios, germanos, beréberes, etcétera) y llegado el siglo IV d.C. hasta perdió el protagonismo de su propio imperio, que trasladó capital a Anatolia (actual Turquía), bautizándola con el nombre de Constantinopla en honor a Constantino I, "El Grande", uno de los muchos emperadores nacido fuera de Italia y hasta -probablemente- sin sangre romana en las venas, este además fue responsable de incorporar los dogmas judeo-cristianos en el imperio, es decir de "orientalizarlo" presionando a una progresiva revolución eclesiástica, que estallará en la Edad Media. 

Como se comentó anteriormente, Bizancio: el Imperio Romano de Oriente, sobrevivió mil años a la caída de Italia y el resto de regiones que conformaron el Imperio Romano de Occidente, subyugados desde el siglo V d.C. por las hordas germánicas (francos, turingios, godos, suevos, anglos, vándalos, sajones, jutos, lombardos...) y por los moros desde el siglo VIII d.C, en el caso ibérico. Con el pasar del tiempo los invasores formaron reinos en los actuales límites de Francia, España-Portugal, Italia e Inglaterra, estableciendo una política de estratos jerárquico-raciales, asociados con títulos nobiliarios y derechos agrarios que recayeron en un principio sobre las familias de linaje germánico; radica aquí la génesis del feudalismo en Europa Occidental. 

Salvaguarda de la romanicie y de la cultura griega, Bizancio logró recuperar de la contención bárbara ciertas posiciones italianas, fundamentalmente lugares clave como la ciudad de Roma (símbolo imperial y corazón del cristianismo medieval) y desde luego el sur de Italia, antaño llamado la "Magna Grecia", expulsó de ella primero a los vándalos (468 d.C.), luego a los godos (535 d.C.) y negoció dos siglos más tarde la paz con los lombardos dividiéndose el territorio, sin embargo desde las costas africanas asechaban siempre enemigos más voraces: los musulmanes y los piratas sarracenos. El islam ya había echado raíces hacia el años 830 d.C. en la isla de Sicilia, lo cual significaba un peligro tanto para Italia como para los propios Bizantinos que temían una nueva escalada del islam a través de la gran isla. Incapacitados de retener las incesantes afrentas islámicas por mar en Sicilia y en el sur de Italia, lombardos y bizantinos negocian concesiones con un tercer actor, mal menor quizás, pero también cristianos: los normandos.

Hacia el año 1000 -coincidente con la época de las primeras peregrinaciones o cruzadas a Tierra Santa- los normandos o vikingos (otros nombres con los cuales se designa a los varegos) que se habían hecho cristianos según el rito católico, ya se encontraban husmeando el mediterráneo. Dueños de algunos enclaves en el Atlántico y asiduos de la piratería en todos los puertos donde recalaban sus drakkars, buscaban hacerse de un enclave en medio de las rutas mercantiles y espirituales hacia Medio Oriente. De este modo, conscientes de las intenciones normandas y presionados por su propio pavor a los musulmanes, bizantinos y lombardos les ofrecen ocupar todo el sur de Italia y la isla de Sicilia, con el compromiso de zanjar de forma definitiva los conatos de conquista de los moros. 

Es así como los nórdicos se hacen con esta región italiana, conforman el Reino de Sicilia que durará como tal dos siglos, estimulan la fusión de elementos culturales griego, latino, germánico y árabe, y convierten el sur de Italia en principal puerto de abastecimiento para la navegación cruzada. Hoy en día, en el sur de italia y sobre todo en Sicilia, donde el fenotipo de sus gentes es predominantemente mediterráneo, se continúa llamando "normanno" a los coterráneos de ojos azules y cabello claro.

Saqalibas: los musulmanes nórdicos


Un verdadero imperio marítimo -similar al configurado por los fenicios diez siglos antes- es el que llegaron a tener los normandos desde el Atlántico Norte al Mediterráneo, a esto se sumaba el dominio de rutas terrestres que iban desde Escandinavia al Mar Negro y desde el Mar Báltico al Mar Caspio, pasando por el corazón de Rusia. En el interín comerciaron con los árabes, con los persas, los turcos y los tártaros, desarrollando un mercado que iba desde las piedras preciosas al tráfico humano (esclavos), es en esta última plaza en la que mejor se desenvolvieron los judíos, traficando mujeres y niños eslavos hacia los países islamizados del sur, las primeras con destino al harem y los segundos al ejército: fueron los llamados saqalibas.

El historiador persa Ibn al-Faqih describió en su obra "El libro de los países" (930 d.C.) que los comerciantes de esclavos diferenciaron entre dos tipos de saqalibas: unos de cabello y señas claras (probablemente eslavos del norte o rusos) y otros de señas más meridionales, cabello y piel oscura (probablemente eslavos del sur o balcánicos), de la palabra "saqaliba" deriva el termino "eslavo", que hace referencia a una vertiente etno-lingüística de los pueblos indoeuropeos o arios, de la cual se desprenden subfamilias como el pueblo ruso, ucraniano, polaco, eslovaco, esloveno, serbio, croata, bosnio, montenegrino y búlgaro. De "eslavo" procede a su vez el término "esclavo", todo en una correlación que nos lleva directamente hacia la época estudiada.

Pero los ejércitos de saqalibas no estuvieron conformados exclusivamente por gentes de origen eslavo convertidos a la fe islámica desde pequeños, tras múltiples victorias musulmanas sobre Bizancio entre los siglos X y XII ejércitos completos de varegos se pasaron a los fieles de Mahoma. Se debe recordar que aquellas huestes de mercenarios nórdicos pertenecían a la más brava de las naciones de Europa, justamente la última en abrazar los evangelios; en la época analizada no operaba sobre sus consciencias una verdadera convicción espiritual, puesto que eran -en secreto- adoradores de Odín, de los elementos y de la guerra, vendiendo su coraje al mejor postor, al punto que en algunas ocasiones llegaron a enfrentarse varegos contra varegos, unos del lado de la cruz y otros del de la estrella y la media luna. 

El islam: religión de voluntad, ascetismo y perseverancia individual -al decir de Julius Évola- habría calzado mejor con el espíritu guerrero de aquellos pueblos, tras lo cual no es de extrañar que muchos pasaran de ser simples mercenarios a "muhajides" (guerreros espirituales). Ejércitos de miles de milicianos saqalibas y de varegos conversos infiltrados entre ellos, fueron destinados a al-Andalús, a Siria y el Norte de África en representación de sus mandantes orientales; el mito del "moro" como linaje conquistador de la España Musulmana -por ejemplo- no es más que una figura retórica empleada por la imaginería cristiana luego de haber reconquistado el territorio, así dicho es probable que en aún en la actualidad en ciudades como Granada, Cádiz, Huelva, Sevilla y Cordóba (núcleo de al-Andalús) pervivan más rubios por kilómetro cuadrado que en cualquiera de las regiones más septentrionales de aquel país.

miércoles, 29 de abril de 2015

La Marcha de los Iranios (Parte II): Pakistán, Afganistán, Asia Central, el Cáucaso y Anatolia


La segunda parte de este ensayo, aborda características etno-culturales de numerosos pueblos contemporáneos de Eurasia, descendientes de los antiguos ario-iranios y reafirma mi tésis de que la historia y los misterios que encubren tradiciones y creencias ancestrales del viejo mundo, en parte, no pueden comprenderse sin la influencia de aquellos míticos magiis y guerreros-pastores, de los que en gran medida descienden las actuales naciones de Medio Oriente (no sólo los persas, sino también los árabes del Levante y los turcos anatolios), los judíos azkenazíes y los pueblos eslavo-parlantes de Rusia, Ucrania y la ex Yugoslavia.

El pasado es un eterno presente para las civilizaciones avanzadas o agrestes que fluctúan desde el corazón de Eurasia, y su alcance territorial -que replica la dispersión de los antiguos pueblos iranios- es lo que analizaré a continuación desde la vereda etnográfica.

Corazón de Asia. En colores: los límites formales del Asia Central, correspondientes a los países de Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguistán y Tayikistán al este del Mar Caspio y Azerbaiyán, Georgia y Armenia en el Cáucaso. En estas regiones -y las circundantes- transitadas desde siempre por pueblos caucásicos (indoeuropeos, circasianos, semitas), mongoles y dravidianos, se produjeron algunas de las grandes civilizaciones del pasado.
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 ETNIAS EMBLEMÁTICAS

El siguiente glosario, analiza características culturales, históricas y religiosas propias de algunas poblaciones emplazadas en Pakistán, Afganistán, Asia Central, el Cáucaso y Anatolia, que en general pertenecen a dos conjuntos raciales: Iranios y Túrquicos. Los pueblos llamados "túrquicos" son aquellos que emplean como lingua franca un idioma uralo-altaico de orígen mongol, sin embargo en lo racial constituyen una hibridación caucásico-mongoloide, con antepasados de raza irania como los sekes (escitas), los medos y los sármatas. Similar cuestión acontece con los pueblos iranios, cuya clasificación racial deriva también de la lingüística.

 IRANIOS DEL ESTE DEL MAR CASPIO

  •  Burusho
Pueblo proveniente de la región montañosa de Gilgit-Baltistán, que bajo control político de Pakistán, delínea la frontera con Afganistán, la India (Cachemira) y China. Los burusho que ascienden a unas 90.000 almas, habitan sobre un verdadero paraíso en la tierra, rodeados de lagunas, cimas nevadas y verdes prados donde practican su deporte favorito: la equitación.

En su mayoría son practicantes del islam chií, probablemente con altas cuotas heréticas, dado que abrazaron tardíamente el islam y previo a él eran animistas y chamánicos. En general poseen un fenotipo ario de gran pureza, con alta frecuencia de genes nórdicos, que sobrevive a raíz de un histórico aislamiento.

Existe en Gilgit-Baltistán un movimiento de autonomía -o derechamente separatista- que grafica en su bandera una esvástica (el símbolo ario por excelencia) y pretende obtener la soberanía política de los burusho sobre su región.

  •  Pamires
Pueblo emplazado en la región de Badaksán, que comprende parte de Tayikistán, Afganistán y Pakistán, aprox. unos 350.000 individuos. La gran mayoría de pamires profesa el ismaelismo: una variante mística del islam chií y su fenotipo es básicamente caucásico (con trazas nórdicas) e hibridación mongoloide.

  • Hazaras
Es una de las naciones más populosas de Afganistán, presentes también en el norte de Pakistán e Irán, aprox. unos 10 millones de habitantes. La mayoría de hazaras son musulmanes chiíes ismaelitas y su fenotipo, mucho más mongoloide que caucásico. En opinión de algunos historiadores, genetistas y antropólogos, los hazara serían una versión contemporánea de los jázaros medievales, tribu de la que habrían derivado los judíos azkenazíes.

Bandera de la nación burusho. La luna y la estrella -referencia al Islam- es un simbolismo ancestral de los pueblos (semitas) del desierto de Arabia que propagaron la religión, mientras el arco y la flecha dorada representa al divino Sol de los arios. Las montañas por su parte, son un simbolismo postdiluviano y se consideran sagradas desde tiempos inmemoriales, estas sirvieron también de fortaleza a los pueblos iranios frente a la absorción racial y espiritual de naciones colindantes.


  • Pashtun
Son una de las poblaciones iranias más populosas, la más extendida en el territorio de Afganistán y la segunda en Pakistán (detrás de los punyabi que son de orígen indo-ario y dravidiano), con unos 50 millones de almas repartidas entre la región de Baluchistán (en Pakistán), las riveras del río Amu Darya que cruza las fronteras del Asia Central y Afganistán y las del río Indo que conecta la India, Pakistán y China.

En general, caucásicos de fenotipo mediterráneo, constituyen la clase dirigente de Pakistán y Afganistán, conservándose ciertas "bolsas" de pureza racial (nórdica) en el norte de Pakistán y las montañas al suroeste de Afganistán. En su larga historia en la región, los pashto registran numerosas razías de otros pueblos invasores de Oriente y Occidente, tales como los griegos y macedonios (invasión de Alejandro Magno en el siglo III a.C.), los partos, los hunos, los árabes, los turcos y otras tantas oleadas de pueblos mongoles.

La religión predominante de los pashto es el islam suní, y de su seno han surgido los movimientos militar-político-religiosos más fundamentalistas de Asia, como el Talibán de Afganistán y otras múltiples facciones yihadistas que han elevado armas contra el comunismo, el imperialismo británico (y hoy por hoy americano), la Unión Soviética o las minorías de cristianos y musulmanes chiíes.

  • Baluchis
Pese que algunas bibliografías consideran que existen en Asia más de veinte millones de personas que hablan la lengua baluchi, los censos oficiales indican que estos no son más de nueve millones de iranios, que constituyen poblaciones minoritarias en Pakistán, Irán y Afganistán y que dada la cercanía han emigrado también a países de la Arabia petrolera como los Emiratos, Omán y el reino de Bahrein. El 80% de los baluchis radica en Pakistán, entre las regiones de Baluchistán, Sind y el sur del Punyab. La gran mayoría son musulmanes suníes, viven de la actividad agrícola y del pastoreo, siendo aún nómades en los márgenes de su geografía vital.

  • Tayiks
Unos treinta millones de iranios, que dan nombre patrio a Tayikistán, pero que viven principalmente en Afganistán (40% total de tayiks) y están repartidos por toda la geografía del Asia Central, Pakistán y Rusia.

Fenotípicamente arios, aproximadamente un 10% de su población es rubia. Previo a la llegada del Islam, los tayik practicaban religiones propias de Irán y de la India: el zoroastrismo y el budismo, profesando en la actualidad -en su gran mayoría- el islam suní.

Los conflictos ento-religiosos en Afganistán y su lucha independentista contra la Unión Soviética en Tayikistán impulsaron un espíritu nacionalista que los ha hecho abrazar aún más sus tradiciones, a la religión del islam y su orgullo racial.

Niñas pakistaníes de etnia baluchi

IRANIOS DEL CÁUCASO Y ANATOLIA

  • Osetios
Pueblo del Cáucaso, ligado a los antiguos alanos (ver La Marcha de los Iranios Parte I) que en el siglo V de nuestra era, irrumpió junto a las tribus germánicas en el Imperio Romano de Occidente, acelerando su destrucción y formando un reino en el corazón de Hispania (España-Portugal). La población osetia se encuentra dispersa por países que fueron parte del suroeste de la órbita soviética, poseyendo soberanía sobre un pequeño estado llamado "Osetia del Sur" y reclamando como parte integral de su historia e identidad a la "Osetia del Norte", cuya población es mayoritariamente osetia, pero forma parte del territorio ruso.

Unos 800.000 osetios residen actualmente en su área vital: la región del Cáucaso, de los cuales la gran mayoría son cristianos ortodoxos, seguidos de musulmanes sunítas y una minoría pagana que eleva sus rezos a Uastyrdzhi, divinidad que representa al Sol y a la guerra: un arquetipo propio de la raza ario-irania.

  • Armenios
Una etnia irania de orígen persa, enclavada en la región del Cáucaso y que en lo racial posee un fenotipo estabilizado, corpulento, de rasgos mediterráneos, cráneo braquicéfalo y nariz aguileña: el "armenoide", común también en Anatolia (Turquía), en la "Gran Siria" o región de Levante (Siria, Líbano, Jordania, Palestina) y entre los judíos azquenazíes. Entre los armenios no es menos frecuente tampoco el fenotipo alpino (como el de sus vecinos georgianos y osetios) y el nórdico.

La religión prioritaria y básicamente el motor de la historia de Armenia es el cristianismo, practicado con ritos propios. No por nada fue este el primer territorio en abrazar la religión de Cristo y uno de los más acérrimos a la hora de defenderlo de los enemigos paganos y del islam.

La población de Armenia, supera apenas los tres millones de habitantes, pero fuera del país viven aproximadamente 4,6 millones de armenios, la mayoría de ellos en la vecina Rusia, y el resto en Oriente Medio (Irán, Siria, Líbano), en Estados Unidos, en Grecia y en América Latina (principalmente en Argentina). En el multiétnico estado turco radicaba aproximadamente un millón y medio de armenios, que en el año 1915 fueron víctimas de uno de los peores holocaustos de la historia, llevados a cabo por motivos de homogeneización racial y religiosa. Al día de hoy el moderno estado turco no ha reconocido este gravísimo atropello a los derechos humanos.

  • Kurdos
Pueblo iranio del Medio Oriente, emplazado en la región del Kurdistán (que forma parte de Irán, Irak, Turquía y Siria), parece ser que los kurdos están más relacionados étnicamente con poblaciones como los baluchis y burusho de Afganistán/Pakistán que con el pueblo persa (iraníes), formulándose varias teorías al respecto como la de un orígen en el Imperio Medo (antigua población irania del norte y las montañas de Irán) que habría dispersado colonos y contingente guerrero por todo el Medio Oriente y el Asia Central. Otras teorías relacionan a los kurdos con los mitani: uno de los pueblos arios más arcaicos del Medio Oriente, extendido por Mesopotamia (Irak) y Siria, contemporáneo de los míticos hititas de Anatolia.

La población kurda del Oriente Medio supera ampliamente los treinta millones de habitantes (20% en Turquía, 20% en Irak, 15% en Siria, 10% en Irán, 30% en el Cáucaso y Rusia) y reclaman con justicia autonomía sobre el Kurdistán, territorio con una superficie de unos 390.000 km², con amplísimas reservas de petróleo y gas que explican la presencia de Estados Unidos en Irak y la estrategia geopolítica de las potencias -tras la desmembración del Imperio Otomano (1924)- de dividir el territorio del Kurdistán entre cuatro países, impidiendo el desarrollo y autodeterminación de esta populosa nación, sumida actualmente en una anarquía que combina la lucha de clases marxista con la radicalización islámica.

La mayoría de kurdos son musulmanes suníes, pero en la órbita iraní hay también varios grupos de musulmanes chiíes, como también kurdos cristianos, kurdos que practican el judaísmo (o son parcialmente judíos), mazdeístas o zoroastrianos y yazidistas, estos últimos una religión hermética muy mística -de claras reminicencias arias- que rinde culto a dos divinidades: la primera es ALLAH (el Dios altísimo) y la segunda el Ángel-Pavo Real "Melek Taus" (o Lucifer), según la tradición: portador de la iluminación de la raza humana. 

  • Zazas
Son una minoría racial irano-persa que radica en las regiones rurales del este de Turquía, aprox. unos cinco millones de habitantes. La mayoría de zazas practican una variante mística del islam chií, llamada alevismo y el resto son musulmanes sunitas, como la nación receptora.

Bandera del Kurdistán. Sus colores son prácticamente los mismos que los de la bandera iraní, con la salvedad de su símbolo central: el Sol Invictus.


PUEBLOS TÚRQUICOS
 
  • Kazajos
Pueblo emplazado al norte de Asia Central: en la región de Kazajistán, también en parte de Rusia y en el noroeste de China. El fenotipo de los kazajos es básicamente mongoloide, aunque no es nada inusual en ellos la coloración clara en ojos y cabellos.

Su sociedad y forma de organización tribal ha variado muy poco desde la antigüedad, con la salvedad de sus tradiciones religiosas, provenientes del Medio Oriente. Los 17 millones de kazajos, son en su mayoría musulmanes suníes.

  • Uzbekos
Son la populosa nación (30 millones aprox.) que da nombre a Uzbekistán y se extiende también por todo el Asia Central, Afganistán, Pakistán, Rusia y Ucrania. Su confesión mayoritaria es el islam suní, pero existe también amplios conjuntos de población uzbeka que practica creencias mágicas pre-islámicas como son el animismo, el chamanismo, el totemismo, el zoroastrismo y el tengrianismo. El fenotipo de esta gente es prácticamente caucásico (turanoide) y de una extraordinaria belleza, como la exhibida por la tenista Iroda Tulyaganova.

  • Kirguizes
Habitantes de una región de alta montaña, adyacente al Tíbet, estos probables descendientes de Genghis Khan conservan una forma de vida sacrificada y austera, similar a la que llevaron en tiempos pretéritos sus ancestros que asolaron gran parte del mundo conocido: desde el norte de China y la India, al corazón mismo de Europa.

De los 4,5 millones de kirguizes que habitan Asia, el 85% vive en la región montañosa de Kirguistán, 3% en China, 2% en Rusia y un 5% en Uzbekistán, minoría que el año 2010 se vió enfrentada en un conflicto étnico con los uzbekos.

Gran parte de los kirguises son musulmanes suníes y el resto practica religiones de más larga data en la región como el budismo, el chamanismo, el tengrinismo y existen también considerables minorías cristianas. Su fenotipo es predominantemente mongol y según las últimas pesquizas genéticas, estarían emparentados con los principales ancestros de los amerindios que cruzaron el estrecho de Bering a fines de la era Glacial, en especial con los indígenas de Norte América.

  • Turkmenos
Los turkmenos o turcomanos son una de las poblaciones túrquicas más compenetradas con el mundo persa e islámico, y de ellos es probable que deriven los primeros turcos, que empleados como mamelucos (esclavos y mercenarios de guerra) por los califas islámicos, comenzaron a ganar poder hasta desplazar a los árabes y fundar sus propios kanatos e imperios.

De los ocho millones de turcomanos, sólo la mitad permanece en Turkmenistán, 20% reside en Irak, un 17% en Irán (y en ambos territorios han estado presentes desde las invasiones medievales), el resto de turcomanos están repartidos por Afganistán, Rusia, Ucrania, Turquía y Siria.

Los rasgos físicos de los turcomanos son una mixtura entre la raza mongoloide y la caucásica irano-persa de tipo mediterráneo, en algunos casos indistinguibles de los turcos anatolios. La gran mayoría son practicantes del Islam Suní, con variación o influencias animistas y chamánicas.
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Jinetes kazajos

  • Azeríes
Son una población túrquica emplazada principalmente en Irán y en la región del Cáucaso, donde dan nombre al país de Azerbaiyán. Sólo en Irán radica el 45% de los azeríes (15 millones de personas), que cultural, religiosa y fenotípicamente son indistinguibles del resto de iraníes.

Millones de azeríes se reparten por todo el Cáucaso, Asia Central, Ucrania, Rusia, Irak, Siria y Turquía. Su religión mayoritaria es el islam chií, seguido del sunismo, la fe bahai, el zoroastrismo y una reducida minoría cristiana.

  • Turcos
Son la población túrquica -o más bien turco-parlante- emplazada sobre la mítica región de Anatolia, encrucijada histórica que conecta el Medio Oriente con Europa y el Mar Mediterráneo con las rutas del Mar Negro. A la llegada e invasión de los mamelucos (túrquicos) en la región, las gentes de Anatolia eran desde antaño muy diversas y cosmopolitas. Sobre la actual Turquía coexistieron durante miles de años los griegos (en la parte occidental) con los persas y armenios (en la parte oriental), también los sirios y los hebreos fueron un importante núcleo poblacional en la región, tal como atestigua el Nuevo Testamento y los viajes misioneros de San Pablo a Tarso y Antioquía que eran ciudades judías. 

Inclúso miles de años ántes del nacimiento de Cristo o de la expansión de griegos y persas por la región, colonizaron Antolia los lidios (de orígen desconocido, probables ancestros de los etruscos de Italia), los hititas y mitanis (pueblos arios más antiguos del Oriente Medio), los frigios, celtas y cimerios (también de orígen ario) y los asirios, indómitos conquistadores de raza semítica. En medio de tantas civilizaciones e historia, los pueblos túrquicos, arribados en el año 1453 de nuestra era, son simplemente los últimos dominadores de la región y quienes desplazaron a los bizantinos, aportando su lengua y religión.

Resultante de aquel amalgama racial son los 62 millones de turcos que viven en Anatolia y otros 10 millones que residen en países árabes, balcánicos y en Alemania (3.7 millones de inmigrantes) que tienen por confesión principal el islam suní, sin embargo en los últimos 80 años, el proceso de occidentalización que vivió Turquía por parte del gobierno reformista de Atatürk removió los cimientos que unificaban política y región, razón por la cual Turquía es uno de los países musulmanes (y suníes) más moderados.

  • Búlgaros
Al igual que ocurre con los turcos de Anatolia, una porción de ancestros del pueblo búlgaro son de orígen túrquico, relacionados con los antiguos ávaros, hunos y proto-búlgaros (de raza irano-mongol) que en hacia el siglo VI de nuestra era, dominaron gran parte  del territorio de Ucrania, el norte de los Balcanes y una pequeña porción de Europa Central, correspondiente a Hungría.

Una mixtura entre pueblos eslavos, macedonios y proto-búlgaros conforman la composición racial de los actuales búlgaros, nación de 6 millones emplazada en el sureste de los Balcanes y que profesan en su gran mayoría el cristianismo ortodoxo, con minorías de musulmanes (turco-búlgaros) y católicos.

 PUEBLOS PARCIALMENTE IRANIOS
 
  • Judíos Azkenazíes
Con el lanzamiento de su libro "La Invención del Pueblo Judío" (2009), el historiador judío-austríaco Shlomo Sand, reflotó la polémica sobre el verdadero orígen de los azkenazíes (los cerca de 10 millones de judíos provenientes de Europa Central y Asia Occidental), ganándose la enemistad de sectores religiosos y sionistas, pertinaces e inflexibles en la postura de un orígen racial que -supuestamente- ha variado poco desde sus ancestros bíblicos, obligados a abandonar Palestina tras la destrucción del Segundo Templo de Salomón y la diáspora decisiva del año 135 de nuestra era.

La verdad -guste o no- es que los más seguros descendientes del pueblo de Jacob, Moisés y Salomón no son los judíos contemporáneos de ninguna derivación (ni azkenazíes ni sefardíes) sino el pueblo palestino, que reculturizado por Bizancio y luego por los califatos islámicos, desterró el judaísmo para abrazar la fe del cristianismo y del islam respectivamente. 

Por su parte los judíos sefardíes (provenientes de España, Portugal, Turquía, Noráfrica y otras latitudes del mediterráneo) descienden parcialmente de los antiguos judíos que abandonaron Medio Oriente en eras tempranas del Imperio Romano, "romanizándose" y mezclando su sangre con los nativos a lo largo de más de 2000 años. Posterior a la reconquista cristiana de España y la consecuente expulsión de los moros de la península, los judíos españoles y portugueses fueron obligados a bautizarse cristianos o marcharse, muchos emigraron a Holanda, Francia, Gran Bretaña, Italia o Turquía, otros cruzaron el estrecho de Gibraltar y se instalaron en África, algunos cambiaron de religión y otros tantos simplemente lo simularon; aquellos fueron llamados "marranos" y emigraron en masa a América tras su descubrimiento en 1492. Hoy sabemos que apellidos típicos de la región como Pérez, Hernández, Cerda, Calderón, Bustos, Nieto... son de orígen "marrano" o sefardí.

Otra historia es la de los judíos azkenazíes. Investigaciones genéticas como la del doctor Eran Elhaik revelan en sus marcadores una estrecha cercanía con poblaciones como la de Armenia e Irán, y una mayor afinidad genética con los palestinos que con los judíos sefardíes. Todo indica que -contrariando la tradición oral- tan sólo una parte de los ancestros del pueblo azkenazi provino del Medio Oriente (no de Palestina directamente, sino de Mesopotamia, donde radicaba buena parte de la población judía desde el siglo X a.C), y otro tanto más de los márgenes del Mar Negro y el Mar Caspio, en lo que hacia el siglo XIII de nuestra era fue el llamado "Imperio Jázaro", que en la temprana Edad Media hizo las funciones de tampón geopolítico entre Bizancio y el mundo islámico, optando como identidad distintiva por la religión judía. En suma, el pueblo azkenazí es el producto de una mezcla histórica entre judíos, iranios, turcos y eslavos.

  • Cachemires
Son la principal población que habita el norte de la India y en sectores fronterizos de Pakistán, emplazada sobre el pardisiaco valle de Cachemira, desde donde los antiguos arios -provenientes de las estepas rusas- comenzaron a colonizar el Subcontinente Indio.

Los cerca de seis millones de cachemires son principalmente musulmanes suníes y su raza es básicamente caucásica de tipo mediterráneo oriental, con adición de elementos dravidianos (raza negra australoide) y mongoloides. A lo largo de miles de años, varias poblaciones iranias aportaron por igual ciertos elementos a la cultura y genética distintiva de los cachemires.

  • Romaníes
Los romaníes -también llamados gitanos- son una población caucásica, de orígenes indo-ario y ario-iranio (probablemente pashtún), que surgió de las regiones al norte de la India, fundamentalmente de Rajastán, el Punyab y Cachemira. La invasión de los musulmanes a Pakistán y el norte de la India, sumada a la explosión demográfica, las hambrunas y las sequías en su emplazamiento geográfico original, fueron las probables razones que hacia el año 1.000 de nuestra era, motivaron a varias oleadas de esta nación a emigrar hacia el oeste, donde en menor cuantía adhirieron a otros pueblos (como eslavos y turcos) y adoptaron sus religiones.

Parte importante del pueblo romaní, transitó la ruta regular (terrestre) desde la India a Europa, estableciendo comunidades en ciertas regiones de Rusia, el Cáucaso, Anatolia (Turquía) y sobretodo en los Balcanes (especialmente en Rumania), sin embargo otra oleada de romaníes se desvió por el Oriente Medio y se estableció un periodo en Egipto, convirtiéndose en vasallos de los musulmanes y pasando luego a otras regiones del Norte de África, para establecerse finalmente en el Califato de Córdoba, donde fueron identificados por el nombre de "egiptianos", del cual deriva la palabra española "gitano".

Los más de 11 millones de romaníes que habitan el planeta, están disgregados por toda Europa, formando amplias comunidades en los países balcánicos, en Rusia, Turquía, Francia, España, Italia y Gran Bretaña, donde partes de la comunidad se mezcló con los mal llamados "gitanos irlandeses" o nómades irlandeses (irish travellers). La práctica mayoría de los romaníes son cristianos, pero su cosmovisión de la religión es más bien herética, incorporando ciertas creencias atribuíbles al hinduismo o al chamanismo y de aquí es probable que deriven prácticas como la hechicería, la quiromancia o  el "mal de ojo". 

Jazaria, el enigmático imperio que adoptó el judaísmo como identidad política.

  • Georgianos,  Chechenos y Circasianos
Son poblaciones autóctonas de la región del Cáucaso, cuya clasificación etnolingüística pertenece a un cuarto grupo de familias en Asia Occidental, distinto de los conjuntos indoeuropeos (iranios y eslavos), semita y túrquico, aunque dado el extendido influjo de los pueblos persa y escita sobre su geografía vital, el elemento iranio se hace también patente en estas gentes.

Muchos historiadores y genetistas, adhieren a la teoría de que estos pueblos estarían relacionados con los proto-arios, cuyo emplazamiento original no radicaría en tal caso en Escandinavia -como suponen los nordicistas- sino en algún punto entre el sur de Rusia y Transcaucasia. Sustenta la teoría, el hecho de que la práctica mayoría de los genes europeos provienen del Cáucaso. Otra teoría que parece ser concluyente es la del orígen caucasiano del pueblo vasco (una incógnita durante siglos), así como también de las poblaciones bereberes del Norte de África y de las antiguas élites egipcias que eran de raza blanca;  investigaciones en el campo de la genética, la antropología y la fonética, develan una estrechísima relación entre estos pueblos (y las momias faraónicas) con los actuales georgianos, cuyos ancestros neolíticos fueron los primeros en colonizar Eurasia. 

De entre las tres grandes naciones caucasianas, sólo los georgianos poseen un estado internacionalmente reconocido, luego de la desmembración de la Unión Soviética en 1991. Los 6,5 millones de gergianos son predominantemente cristianos de rito ortodoxo y de ellos sólo un 70% reside en Georgia, el resto se dispersa por otras regiones del Cáucaso o en las vecinas Rusia y Turquía. Iósif Stalin -el temible dictador soviético- provenía de Georgia.

La historia ha sido más dura con los dos millones de chechenos y los seis millones de circasianos, desprovistos de un estado-nación legítimo que los represente. Chechenia y Circasia son dos regiones que pertenecen en la actualidad a Rusia, idea a la que no se resigna ninguna de las dos naciones y en especial los chechenos, que en las últimas dos décadas han abrazado posturas radicales -mal conceptuadas como "fundamentalismo islámico"- para obtener la independencia de sus territorios. Chechenos y circasianos son pueblos que han luchado durante siglos por su independencia, hoy contra los rusos, ayer contra los mongoles y los turcos, estos últimos además de diezmar, fustigar y emplear como esclavos a los circasianos durante siglos, acostumbraban secuestrar  a sus mujeres para hacerlas concubinas en los harenes. La presión de los turcos sobre este pueblo fue tal, que en las últimas décadas del Imperio Otomano les obligaron a dispersarse en dirección a Siria y el Medio Oriente, donde aún radica un millón de circasianos.
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  • Rusos y Ucranianos
Cientos y miles de años antes de la conformación del Imperio Ruso e inclúso de la Rus de Kiev (862-1349 d.C.) que unificó a los pueblos eslavos: ruso, bielorruso y ucraniano, el colosal territorio que hoy es Rusia fue el desplazamiento vital de la práctica mayoría de los pueblos arios o indoeuropeos de Europa y Asia, además de las tribus turcas y tartaras (de mixtura caucásico-mongoloide), mongoles, judíos y caldeos.

La historia de la "Gran Rusia" comienza en el noroeste del país, emplazamiento donde el pueblo eslavo se fusionó tempranamente con sus dominadores escandinavos (vikingos o varegos), poblaciones ugrofinesas y las gentes del Báltico. En siglos posteriores, la estrategia geo-política para retener el avance de pueblos túrquicos y musulmanes del este, presionó la expansión de Rusia hacia los márgenes del Mar Negro, el Cáucaso y la región siberiana al este de los montes urales. Resultado de lo cual, gran parte de la población que hoy llamamos "rusos" no son en su mayoría de raza eslava, sino una mezcla de elementos tártaros, iranios, eslavos y germánicos que varía considerablemente de norte a sur y de este a oeste.

Por su parte, el territorio que hoy conocemos como Ucrania fue disputado en la edad media por varias naciones, al norte del territorio se emplazó durante siglos el imperio eslavo-varego de la Rus de Kiev, mientras el centro, sur y las riberas al norte del Mar Negro, pertenecieron por espacio de los mismos siglos (y más) al influjo imperial túrquico de pueblos jázaros y proto-búlgaros, relacionados en gran medida con las antiguas tribus iranias de escitas y cimerios que poblaron la región en la antigüedad. Hoy si bien la mayor parte del pueblo ucraniano constituye una nación uniforme, la "cuestión de Crimea" es un hecho que hace reflotar las distancias étnicas del pasado. 

  • Yugoslavos
El nombre yugoslavo refiere a los "eslavos del sur" o de la región de los Balcanes, diferenciándolos de sus símiles del norte: rusos, ucranianos, checos, polacos, bielorrusos y eslovacos. La ex Yugoslavia (1918-1992) fue un estado fallido, que por distancias religiosas (entre crisitianos y musulmanes y entre serbios ortodoxos y croatas católicos) más que étnicas terminó disgregándose luego de una seguidilla de cruentas guerras civiles.

El emplazamiento vital de los "pueblos sur eslavos" explica en muchos sentidos los conflictos que terminaron disgregando Yugoslavia a comienzos de los '90, siendo en lo concreto un área geoestratégica fundamental, desde donde los antiguos romanos y Bizancio -por ejemplo- se proyectaba al corazón de Asia. Por su parte, los pueblos del Asia Occidental (como los iranios, los mongoles, los eslavos, los turcos y los godos) hacian lo propio desde el este, enfocados en las riquezas de Europa que capturaban cada cierto tiempo por medio de razías y expansiones. De este modo, los llamados "sur eslavos" devienen de una multitud de pueblos, siendo el único elemento aglutinante la lengua eslava.

  • Magiares
"Magyar" es el nombre con el cual se identifican así mismos los húngaros. Esta nación centro-europea, que entre fines del siglo XIX y comienzos del XX fue cuna del Imperio Austro-Hungaro, está emplazada sobre la Llanura Panónica, territorio colindante con los Balcanes y el norte de Italia, es decir el corazón estratégico de Centro Europa, disputado por los pueblos celta, teutón (germánico), sármata (iranio) y romano en la antigüedad, 

El nombre de "Hungría" no es antojadizo para la historia universal, ya que desde tiempos antiguos le fue atribuído como referencia al pueblo túrquico (irano-mongol) de los "hunos", que liderados por el sanguinario rey Atila -también llamado "El azote de Dios"- presionó la caída del Imperio Romano de Occidente el año 467, estableciéndose largo tiempo en la Llanura Panónica. Posterior a los hunos, otros pueblos túrquicos como los ávaros y los proto-búlgaros se establecieron sobre aquella región, forjando la identidad particular de los húngaros, cuyos orígenes e historia representan "un gran eslabón" entre Europa y Asia.

  • Rumanos 
El nombre Rumania o Romanía, deriva claramente de su pasado romano, lo mismo que su lingua franca nacional es un derivado del latín, al igual que el italiano, el francés, el español y el portugués, entre otras. El pueblo rumano, por su parte, condensa un pasado milenario, legado de varias naciones como los dacios, los tracios, los romanos, los godos (germanos), los proto-búlgaros, los eslavos, los turcos y los romaníes (gitanos) que arribados en diferentes estadios epocales, forman parte inherente de su historia.
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Circasianos

jueves, 19 de febrero de 2015

La marcha de los iranios (Parte I): Escitas, cimerios, sármatas y alanos


INTRODUCCIÓN

A simple vista ¿qué pueden tener en común importantes personajes (antiguos y contemporáneos) como son el genio croata Nikola Tesla, el cantante parsi Freddie Mercury, el viajero veneziano Marco Polo, el lider espirtual iraní Ruhollah Khomeini, el rey persa Darío I, el tenista serbio Novak Djokovic, el sultán kurdo Saladino, el profeta Zoroastro, el polémico novelista indio Salman Rushdie y la princesa afgana Noal Zaher?; a simple vista nada, pero los vínculos (olvidados) que unen a personas de diferentes religiones, procedencias y fenotipos, pueden ser bastante sugestivos y se adivinan la mayor de las veces rastreando el hilo de la historia.

En el caso de los citados -como de al menos 1/5 de la humanidad- es el legado de antiguos antepasados iranios lo que devela una pretérita conexión (étnica, espiritual y cultural) que engloba a todos los pueblos euroasiáticos extendidos desde la región de Cachemira en el norte de la India, hasta las costas del Adriático, pasando por toda Asia Central, el oeste de Rusia y la región de los Balcanes. Vestigios de varias hordas de guerreros-pastores que se diluyeron entre otras razas/culturas hasta configurar las diferentes naciones que sobreviven hoy en día, cubiertas bajo el manto de tres religiones y no menos de un centenar de dialectos. 

De entre los siete principales grupos etno-linguísticos, desprendidos de la raza aria, la estirpe de los iranios fue la más diversa y numerosa. En su arribo a la Meseta Iraní y el Golfo Pérsico 1400 años antes del nacimiento de Cristo, los subgrupos medo y -sobretodo- los persas, asimilaron el influjo cultural mesopotámico, germinando uno de los mayores imperios de la antiguedad, extendido (hacia el 500 A.C.) por todo el Oriente Medio. En plena época imperial el profeta Zoroastro predicó en Persia la religión de los magiis, que en sincretismo con otros ritos mesorientales (como el judaísmo) conforman el ethos de religiones muy posteriores como son el mitraísmo, el maniqueísmo, el cristianismo y el islam.

En Occidente: griegos y romanos interactuaron muy de cerca con esos "extravagantes y aparatosos" persas, enemigos perdurables con quienes se disputaron durante cientos de años el dominio de Anatolia (Turquía), Armenia, Siria y las regiones del Mediterráneo Oriental. Pero fueron sobretodo los incontenibles bárbaros iranios del norte (nómades provenientes de las estepas rusa y ucraniana) registrados bajo nombres tribales como el de sármatas y escitas, quienes penetran más a fondo la historia de Europa y en particular de Europa Oriental, a tal punto que los eslavos del sur (croatas, serbios, eslovenos, bosnios, etcétera), los ucranianos, los rumanos, los búlgaros, húngaros y gran parte de los rusos, derivan racialmente de aquellas belicosas tribus.

Mapa de Eurasia hacia el 500 A.C. Coloreado en café: la máxima extensión del Imperio Persa Aqueménida, que sería arrebatado dos siglos más tarde por Alejandro Magno. Y delimitada en violeta: el área vital de los pueblos iranios del norte, correspondiente al corazón de Rusia, Ucrania y el norte de los balcanes; los pueblos sur-eslavos (unificados en la ex Yugoslavia) derivan de la mezcla entre iranios, eslavos y tracios, mientras que hunos, turcos y jázaros (ancestros de los judíos azquenazíes) serían una mezcla de iranios del norte, persas y pueblos uralo-altaicos (mongoles).

ESCITAS Y CIMERIOS

"Diestros arqueros y los más hábiles jinetes", según la definición de Heródoto (484-425 A.C.) "El Padre de la Historia". Se decía de los escitas en la antigüedad clásica lo mismo que siglos más tarde, en el declive de Roma, se pensaba de los hunos: que guerreros y caballos parecían conformar un único ser, una especie de centauro y en efecto, jinetes y caballos eran enterrados en la misma fosa con sus vestimentas de guerra y las contadas posesiones materiales del campeador.

Si los persas eran -en su mayoría- de rasgos mediterráneos, mixtos o araboides, los escitas en cambio orbitaban más el fenotipo alpino y nórdico, de piel muy clara, cabellos rubios, pelirrojos y castaños (tal como se deduce de algunas momias conservadas naturalmente en distantes y frías regiones como el norte de China). Hombres y mujeres dejaban crecer libremente sus cabelleras, siendo común el uso de trenzas entre las mujeres y de tupídas barbas entre los guerreros, que les permitían neutralizar el frío (seco) de las estepas y de las regiones montañosas por las que comúnmente se desplazaban. 


Escitas y cimerios vestían calzados y ropajes hechos de lana ovina y sobre ellos colocaban sus armaduras escamadas. Utilizan lanzas, arco y flechas en lugar de espadas, lo que les permite atacar desde una gran distancia a medida que sus caballos avanzan a toda velocidad. Cuando los hombres marchan a la guerra, la mujer cuida de los niños, del ganado y de las tierras, pero de presentarse una emergencia, están también facultadas en el uso de armas y el conocimiento de técnicas de ataque, que les permitían ahuyentar potenciales enemigos.

En comunidad, no tienen una religión organizada, pero practican ciertos ritos animistas y creen férreamente en el dualismo, lo que replican también en las formas mosaicas de su rudimentario arte y vestimentas. Esta creencia de que el Universo es dual deviene de la gnosis aria y precede por mucho al surgimiento del zoroastrismo en Persia, siendo muy difundida entre los pueblos iranios del Asia Central que a su vez la propagaron por las diferentes regiones conquistadas. Con sus existencias al filo, debieron haber concebido  la muerte como aliada de la vida y es por ello que suelen beber alcohol fermentado sobre un craneo ahuecado, tradición tan arraigada en ellos como la de quemar cáñamo en hogueras para que el humo aspirado altere los estados de conciencia, conectándolos con "lo intangible".

Para algunos historiadores, la diferencia entre escitas y cimerios, parece residir en que los escitas eran iranios puros, mientras los cimerios -tal vez- un amalgama de pueblos de diferentes razas, gobernados por élites de iranios. No sólo Heródoto, sino también fuentes históricas de Asiria, China y la India se refieren a los escitas como "sekes" o "sakas" concordando en su brutalidad y prodigios sobre los equinos. Con el paso de los siglos estos pueblos no cedieron en ferocidad ni desaparecieron repentinamente de la historia, más bien fueron absorbidos por tribus de turcomanos y mongoles a quienes legaron sus rasgos caucásicos en detrimento de absorber su lengua. 

SÁRMATAS Y ALANOS

En sus constantes marchas por Europa y Asia, búscando mejores tierras de pastoreo, realizando pillajes o escapando de las incursiones de sus igualmente feroces enemigos mongoles, los iranios se toparon con gran cantidad de pueblos y civilizaciones, con las que veces guerreaban, otras comerciaban (aprovechando su privilegiada posición, justo en medio de la Ruta de la Seda) y -reconocidos por su brutalidad y buenas artes guerreras- hasta eran reclutados como mercenarios. Persas y asirios fueron los primeros imperios en emplear ejércitos de caballería escita en sus conquistas por Medio Oriente, lo que se tornará una práctica habitual siglos después con los romanos, los bizantinos y sobretodo los árabes. 

Hacia el siglo III D.C., el Imperio Romano llevaba más de trescientos años de historia y dominaba el mundo desde Britania a las costas de Arabia y la frontera de Armenia. A medida que crecía el imperio no sólo la población de Italia se tornó cosmopólita, sus legiones -otrora conformadas esclusivamente por itálicos- reclutaron una mayoría de extranjeros provenientes de las regiones consideradas "bárbaras", que en el caso de los germanos, resultaron ser un arma de doble filo. 

El mosaico blanco-rojo de la bandera croata proviene de la simbología e iconografía sármata y representa la creencia irania del dualismo.

La cuidad de Roma: centro político, espiritual y económico de Europa Occidental y el mundo mediterráneo, quedó convertida hacia el siglo tercero en una megápolis maloliente y peligrosa (al decir de varios historiadores de la época), de más de un millón de habitantes, los menos de ellos italianos. Tracios, germanos, sirios, beréberes, hebreos, etiopes, cilicios, egipcios y sármatas, provenientes de los cuatro puntos cardinales del Imperio, engrosan los estratos marginales a la vez que propagan entre los pobres y los esclavos sus cultos y creencias, de las cuales el mitraísmo delinea las mayores influencias iranias. La Iglesia Católica que atribuye su fundación a San Pedro, realmente no es más que un sincretismo entre la política imperial y los cultos extranjeros arraigados en Roma, tales como la religión de Mitras (probable contribución de emigrantes sármatas y sirios), la veneración de Cíbeles e Isis (atribuíble a anatolios y egipcios) en la figura de la Vírgen María, el judaísmo y desde luego, la filosofía esenia predicada por el maestro Jesús el siglo I en Palestina.

Fuera de Italia, los sármatas encarnaron durante siglos un gran peligro para la estabilidad del Imperio Romano, amenazando sus fronteras en Dalmacia y Panonia y aliandose en algunas ocasiones con ilirios, celtas y germanos. A juicio de los historiadores, pueden que no hayan existido diferencias sustanciales entre sármatas y escitas,  ni en lo étnico ni en lo cultural ni en lo militar, salvo que los primeros se abalanzaron con intensidad sobre Occidente, atraídos por la riquezas imperiales y adaptaron en su paso ciertas influencias romanas y tracias. En cuanto a contribuciones, algunos atribuyen a los sármatas ser los principales portadores de sangre irania hacia las poblaciones balcánicas y sudeslavas, aunque previo a la caída del Imperio de Occidente, los sármatas estaban prácticamente diluídos entre invasores eslavos y godos (germanos). 

El último contingente puro de sármatas: los alanos, invadieron el Imperio Romano a comienzos del siglo V D.C. en comunión con las tribus germánicas de vándalos y godos, cruzaron los pirineos y forjaron un reino en el corazón de Hispania que será conquistado posteriormente por los visigodos. Sobrevive de su paso por Europa Occidental la epopeya de Excálibur: mágica espada incrustada en una roca, de la que se suponía sólo podía ser recuperada por las manos del más hábil y noble guerrero. Dicha leyenda se propagó a lo largo de toda la Edad Media hasta fundirse entre mitos germánicos y celtas, de los cuales devino por ejemplo la leyenda inglesa del Rey Arturo y el Mago Merlín, este último una especie de "brujo blanco", mezcla de druida y magii iranio. Los nombres anglófonos de Alan y Allen, hacen también referencia a esta tribu irania, perdida en las brumas del tiempo.