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jueves, 9 de abril de 2026

Serrano y la Guerra del Golfo: Una profecía sobre el orden unipolar


El impar escritor chileno Miguel Serrano no fue sólo un pensador metafísico, enfundado en el hitlerismo esotérico, fue ante todo un analista geopolítico de vanguardia, un diplomático de carrera (Embajador chileno en la India, la ex Yugoslavia y Austria entre 1953-1970), entendido y estudioso de las antiguas civilizaciones, con un marcado interés por la Patagonia y la Antártida (el "Último Reducto"), como también por los puntos geo-esotéricos del planeta, que conectan con la tradición aria e hiperbórea (Europa, los Himalaya, la India). Su humanismo tradicionalista y acerbo de periodista le facilitó acercamiento hacia algunos de los intelectos más encumbrados del siglo XX como fueron Herman Hesse, Indira Gandhi, Carl Jung o el Dalay Lama, junto con miembros remanentes de las SS y antiguas órdenes de caballería, quienes le habrían revelado datos clasificados de acceso restringido.

Trascendiendo la caricatura del neonazi recalcitrante y la estridencia pública con la que cierta intelectualidad liberal-progresista suele reducir su figura, Miguel Serrano merece ser releído desde su biografía y bibliografía como un polímata de una erudición hermética excepcional. Su obra representa una síntesis ontológica que converge la alta diplomacia con el esoterismo indostánico y un esteticismo literario disruptivo. Serrano no sólo fue un místico en constante peregrinaje por los límenes de la realidad objetiva, fue también un diplomático de carrera que aplicó una lente sagrada a la realpolitik de una geopolítica transicional entre el periodo de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría e incluso logró ver más allá.

La Patagonia y la Antártida: Geopolítica del Refugio

Para Serrano, Chile no era sólo un Estado sudamericano más sobre el mapa, sino el garante soberano del "Ultimo Reducto" que constituyen la Patagonia y la Antártida, el axis mundi de los magos selknam, centro espiritual del hemisferio sur y puerta de entrada al Olimpo de los Dioses (teoría de la Tierra Hueca) donde las fuerzas del Sol Negro (venerada por las SS) desatarán la batalla final contra las huestes del Demiurgo. Serrano consideraba también que los viryas (semidioses) resistirían allí la decadencia del mundo material/racionalista. En este sentido, los súrdicos (los hombres del sur, herederos del mito hiperbóreo) están llamados a protagonizar el retorno de los dioses y la restauración de la Edad de Oro a través del combate espiritual y existencial contra el Kali Yuga.

Serrano en su primera expedición antártica (1947). Imagen retocada

Lo anterior describe el barniz mitológico que recubre del pensamiento político de Miguel Serrano, cuyo interés por la Antártida, sus hielos eternos y los canales australes no fue simplemente un sesgo nacionalista o romántico, sino una visión estratégica de lo que hoy llamaríamos geopolítica de los espacios vacíos. Serrano, uno de los más acérrimos denunciantes del Plan Andinia, comprendió prematuramente que el eje del poder global se desplazaría hacia el Cono Sur ante la erosión sistemática del Hemisferio Norte, fenómeno que hoy presenciamos. 

De esta manera, el determinismo geográfico de Serrano converge con la teoría del Heartland, desarrollada por intelectuales como Karl Haushofer y Halford Mackinder. El diplomático chileno identificó (o adelantó) en el extremo austral al verdadero "pivote de la historia" (región estratégica del planeta cuyo control facilitará el dominio mundial) desplazando su centralidad desde Eurasia hacia el eje trans-antártico, donde -en sus propias palabras- la soberanía nacional de Chile debe llevar a cabo una misión urgente de repoblamiento con el fin de evitar el establecimiento de un Imperio Sionista.

Diplomacia de Alto Nivel y "Soft Power" Metafísico

Serrano, hijo de la aristocracia chilena y figura central de la Generación del 38 -uno de los movimientos intelectuales y artísticos más importantes del país- militó durante su juventud en el Partido Comunista, siendo la Matanza del Seguro Obrero (05/09/1938), el hecho coyuntural que lo acercó a la ideología nazi (o nazista en términos locales), dado que en ella perdieron la vida jóvenes idealistas cercanos suyos. Desarrolló en adelante un desprecio absoluto por la democracia liberal y el orden burgués, encarnado por entonces en la figura del Presidente Arturo Alessandri Palma (quien ordenó "matarlos a todos"). El movimiento Nacional Socialista de Chile (liderado por Jorge González von Marées) tenía un fuerte componente de justicia social, solidaridad con los trabajadores, anti-liberalismo y soberanía nacional que atrajo a múltiples intelectuales que como Serrano creían en un Chile más equitativo. La matanza selló su lealtad emocional por la causa hasta el final de sus días.

Pese a que su conversión al nacionalsocialismo, trascendió lo netamente pragmático e ideológico, reflejando inclusive una devoción espiritual férrea, jamás dejó de practicar aquello que en sus propias palabras era "la religión de la amistad", un vínculo sagrado mucho más cercano a la philia aristotélica que a las relaciones superficialies y utilititarias de la actualidad. Esta visión explica directamente al Serrano diplomático, quien ejerció aquel servicio para el país desde la segunda administración de Ibañez del Campo hasta el gobierno de Frei Montalva.

Serrano en una de sus visitas a Herman Hesse en su casa de Montagnola (Suiza italiana)

Su cercanía a pensadores, poetas, autores y figuras clave del medio nacional como Pablo Neruda (premio Nóbel de Literatura), Volodia Teitelboim (escritor y político comunista), Eduardo Anguita (poeta metafísico, conservador en lo político) y Francisco Coloane (autor de El último grumete de la Baquedano, cronista de los mares australes y la lucha del hombre en tierras árticas) se explica en el propio contexto cultural de la Generación del 38, encontrando profundidad en el valor trascendental que dio a la amistad en un Chile entrañable y apegado a la naturaleza, donde no era imposible superar las barreras ideológicas. 

Aquel fue el eje de la diplomacia de alto nivel y el soft power metafísico que desarrolló más tarde en el extranjero conectando emocionalmente con figuras clave de la política, la literatura, el cine y las artes de comienzos y mediados del siglo XX como fueron el célebre escritor austriaco Herman Hesse (autor de obras de gran simbolismo gnóstico: Demian, El  Lobo Estepario, Siddharta...), Jawaharlal Nehru (Primer Ministro de la India, gran promotor del MNOAL), Indira Ghandi (hija de Nehru y primera mujer en gobernar la India, transformando al país asiático en una potencia regional mediante la soberanía nuclear y la modernización agrícola), Carl Jung (padre de la psicología analítica, que exploró el inconsciente colectivo y los arquetipos), el Dalái Lama (líder espiritual tibetano, premio Nóbel de la Paz) o Jennifer Jones (estrella del cine clásico), entre otros.

La Guerra del Golfo como Puesta en Escena del NOM

En una de sus múltiples entrevistas, el escritor chileno recordó que en pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial fue informado por su tío, el poeta creacionista Vicente Huidobro, de que las potencias del Eje sucumbirían ante el conflicto. Serrano tomó esas palabras como la revelación de una agenda oculta, ligada al sionismo internacional, dado que Huidobro era un masón de alto grado.

Existe la idea nada descabellada de que los conflictos globales y sus desenlaces "se diseñan" y no simplemente se sortean, siendo el resultado final la síntesis de un "choque de agendas". A la inversa de Huidobro, Serrano estaba del lado del Eje y en particular de la Alemania Nazi y habría tenido sus propios contactos e informantes secretos asociados a la Sicherheitsdienst hasta muy posterior la gran guerra, lo cual comenta en su breve obra Nacional Socialismo: única solución para los pueblos de América del Sur, libro que de paso desnuda el derrotero reformista y entreguista del Régimen de Augusto Pinochet: "Valiendose de la doctrina judía de la Escuela de Chicago, de Friedman, el Estado chileno ha sido debilitado y su concepto destruido hasta hacerlo inoperante".

Entrevista de Patricio Bañados ("El Mirador", 1991)

Revelación o lucubración, lo cierto es que Miguel Serrano fue uno de los primeros intelectuales en visionar que la Guerra del Golfo (1990-1991) tenía un componente extraño y que después de ella nada sería igual, que la desinformación en torno a esta guerra fue tan extrema que hizo posible pensar que no hubo tal sino más bien una puesta en escena para mostrar al mundo en qué dirección nos dirigíamos: la imposición de un Nuevo Orden Mundial. Esto lo declaró literalmente Serrano en una breve entrevista dada en 1991 al extinto periodista Patricio Bañados para su mítico programa de investigación alternativa: "El Mirador", coronando con la frase "vivimos una época de ciencia ficción"

Indudablemente, los hechos posteriores le dieron la razón, a partir de la Guerra del Golfo ingresamos de lleno al orden unipolar liderado por Estados Unidos (Siglo Americano) tras la caída y desmantelamiento de la Unión Soviética. La tesis de Miguel Serrano converge totalmente con la crítica a la hiperrealidad y el simulacro desarrollada por el filósofo posmoderno Jean Baudrillard (autor de La Guerra del Golfo no ha tenido lugar), en la entrevista referida Serrano habla también de la desaparición de los países y su reemplazo por "centros de poder" lo cual empalma perfectamente con la percepción de Baudrillard sobre estados que perderán progresivamente su soberanía para ser víctimas de una operación política global destinada a reintegrar los elementos disidentes dentro de la homogeneidad del mercado y el dogma democrático.

Esoterismo y Tecnología

Finalmente, aquello que llamamos "guerra híbrida" o de cuarta generación (tan en boga en el actual conflicto de Israel/EE.UU. contra Irán), donde la mente y la cultura de los pueblos son el verdadero campo de batalla, lo describiría Serrano en sus términos como "guerra mágica", señalando además que el control de los puntos geo-esotéricos (el Himalaya, los Andes) y geo-espirituales (Ciudad del Vaticano, Jerusalén, La Meca) sería fundamental para el control psíquico de la humanidad.

Su análisis sobre el choque entre "el mundo de la tradición y el espíritu" y "el mundo del materialismo y la técnica" prefigura también debates contemporáneos sobre el transhumanismo, el control globalista y la resistencia ante los cambios direccionados.

Conclusión

Si quitamos el velo al hitlerismo esotérico -que para muchos es una barrera infranqueable- nos resta el perfil de un analista que comprendía cabalmente la geografía del poder. La capacidad de Miguel Serrano para conectar el plano místico y mitológico con la estrategia diplomática lo convierte en un "autor proscrito", pero incuestionablemente lúcido respecto los procesos políticos globales y la orquestación hace 35 años del orden unipolar que vemos declinar hoy en día.

En este sentido, la vigencia de su obra no reside tanto en la validación dogmática de sus tesis esotéricas, sino en su capacidad premonitoria para identificar las grietas de la modernidad tardía. Al desentrañar la naturaleza simbólica de los conflictos contemporáneos y señalar la erosión de las soberanías nacionales ante el avance de poderes supranacionales tecnocráticos, Serrano nos invita a realizar una lectura crítica del presente: un ejercicio intelectual necesario para comprender que, tras el telón de los eventos geopolíticos, subyace una lucha de significados donde la verdadera batalla se libra por el control de la psique humana y la preservación de identidades frente a la homogeneización global.

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lunes, 14 de abril de 2025

"Estados unidos no necesita aranceles, necesita una revolución"



La Guerra Arancelaria 2.0 de Donald Trump contra China y el resto del planeta, no puede menos que generar reproche y enfado en las personas conscientes del globo, que destacan la inconsecuencia de origen de la política proteccionista y su calculada afrenta contra la libertad de los mercados y las cadenas de suministro, en el trasfondo de un Estados Unidos que ha perdido competitividad global y es apenas algo más que una sombra de aquel país potentado que hace sólo unas décadas logró imponer pautas económicas universales como el Plan Marshall, el acuerdo de Bretton Woods o el Consenso de Washington.

Bajo este contexto, cibernautas y tiktokers chinos se han tomado el protagonismo en los últimos días con denuncias y críticas ácidas en sus canales, algunos develando -por ejemplo- el valor de producción en China de cientos de productos de lujo versus el precio de venta en Occidente (sujeto a la simple impresión de una etiqueta o marca) entre 30 a 600 veces superior, otros como el influencer @neil778027 tildan de estafadores a la clase política y oligárquica estadounidense, que por mero cálculo económico movieron las industrias a China, hipotecando el futuro de los trabajadores locales, abandonándolos a su suerte, hasta transmutarse progresivamente en una sociedad degradada de "gordos, adictos y pobres"

Mientras China aprovechó el empujón de ser "la maquila del planeta" para sacar a millones de ciudadanos de la pobreza e invertir en infraestructura, Estados Unidos se enfrascó en guerras interminables en países como Irak, Afganistán, Siria, Libia o Yemen, para beneficio directo de los plutócratas clientelistas de Washington y el complejo militar-industrial, cuyo lobby es transversal a los gobiernos demócratas y republicanos. Por todo lo anterior remata el tiktoker chino: Estados Unidos no necesita aranceles para salir del pantano, necesita una revolución, despertar, desengañarse.

domingo, 30 de marzo de 2025

Oda al bravo pueblo yemení


Yemen, baluarte histórico del mundo árabe, cuna del comercio global, allá donde las grandes rutas tuvieron su génesis, conectando las copiosas caravanas provenientes de la Arabia profunda, el Magreb y las costas del Mediterráneo oriental con el cuerno de África y el distante Océano Índico, en un indicio de globalización, con ciudades copadas de oro, café, incienso, dátiles, miel y especias provenientes de todo el mundo conocido y estimado por los prestigiosos sabeos: raza de marinos y mercaderes que floreció entre los siglos XIII a.C. y VI d.C. interactuando con todas las grandes civilizaciones clásicas, sin ser controlados por ellas (persas, griegos, romanos, bizantinos, civilización islámica, civilización del Valle del Indo, el Imperio Kushán y los aksumitas de Eritrea, entre otros) de las cuales tomó inspiración para el desarrollo de su arquitectura única, en grandes núcleos urbanos como Shibam ("la Manhattan del desierto"), Saná, Adén y Mokha, otrora abiertas al mundo y donde el encanto de Oriente, la tradición oral, las historias de viajeros medievales y cuentos como el de Las Mil y una Noches encontraron su plenitud.

Naturales de la "Arabia Feliz" (Arabia Félix), descrita por Heródoto en el siglo V a.C. como una tierra exótica, próspera y afamada por su comercio y grandilocuencia, nada logra opacar el orgullo y nobleza de espíritu entre estos descendientes de la Reina de Saba, siglos atrás una nación bendecida por la abundancia y el esplendor que aplaudiera hace 2,5 milenios el célebre historiador griego. Hoy siendo Yemen el país más pobre del mundo árabe, un pueblo devastado por las guerras civiles, regionales (intervención de Arabia Saudita y los Emiratos, con soporte de Qatar, Bahrein, Egipto, Sudán, Marruecos y Senegal) e imperialistas (escalada bélica en el Mar Rojo frente al poderoso entente sionista-estadounidense), sigue dando lecciones de una integridad e hidalguía admirables, que no conocen ni las repulsivas petromonarquías del Golfo, ni los demás países lacayos como Egipto, Jordania o el reino de Marruecos, rendidos al poder económico y silentes ante el expansionismo israelí y los abusos cometidos en toda la media luna fértil (uso de armamento prohibido como el fósforo blanco en el sur del Líbano, ataques cotidianos contra Siria, genocidio en Gaza, crímenes, edificaciones ilegales y violación intermitente de los DD.HH en Cisjordania...). 

Vista nocturna de Saná

Con la causa palestina en el alma, "hasta el último yemení" han prometido luchar y dar su vida los valientes guerreros hutíes, dignos partidarios del Imán Alí, verdaderos musulmanes y mujahides chiíes que literalmente no temen a la muerte ni enfrentar a gigantes blindados como la Armada estadounidense, británica, los acorazados de la UE, al régimen sionista y a los no menos poderosos saudíes y emiratíes, conjunto de invasores que ha resultado humillado en variadas ocasiones por el poder de fuego hutí y su arrojo en la guerra, con precarias armas como la jambiya o sable yemení y las AK-47 -tal vitales como el pan- o sus misiles balísticos y de crucero, confeccionados con más anhelo e ingenio que recursos. Desde 2004 a 2025, los hutíes han condensado una serie de logros significativos, a mencionar: la toma de Saná y expulsión del dictador al-Hadi, resistencia a la coalición saudita en 2015 y ataque a refinerías del Golfo cuatro años más tarde, intensificación de operaciones en el Mar Rojo a partir del 2023, con ataques precisos sobre buques de bandera israelí o sus aliados, en solidaridad con Palestina y éxitos militares simbólicos y altamente operativos como el secuestro del Galaxy Leader, ataque con misiles y daño relevante al portaaviones Eisenhower, lanzamiento de misiles hipersónicos sobre Tel Aviv y tenaz resistencia a los bombardeos británicos y estadounidenses sobre Saná, Hodeida, Thaiz, Dhamar y Saada.

Un pueblo y facción religiosa tan audaz no puede menos que ser comandada por un líder doblemente decidido y gallardo como es el zaidí Abdul Malik al-Houthi, quien respecto a las represalias imperialistas por el bloqueo a los navíos en el Mar Rojo, ha declarado:  "somos conscientes de que enfrentarnos a Israel nos costará caro porque es el niño mimado de EE.UU., pero no nos rendiremos" ; "seguiremos imponiendo un bloqueo naval al enemigo israelí y nuestras operaciones no cesarán hasta que la ayuda humanitaria llegue a Gaza" ; "si la agresión estadounidense continúa, pasaremos a opciones de escalada adicionales, nuestras fuerzas no dudarán en atacar a todos los buques de guerra estadounidenses en el Mar Rojo y el Mar Arábigo". El bravo pueblo yemení que hoy por hoy no posee mayor riqueza que su profunda humanidad y ferviente temor de Dios, jamás ha inclinado la rodilla ante ninguna hegemonía temporal, no pudieron adherir Yemen ni los persas, ni los griegos ni los romanos que tanto la ambicionaron por su posición estratégica de boca a las grandes rutas comerciales de la antigüedad, y el dominio otomano fue altamente oneroso y limitado, lecciones de historia bien sabidas por estos hombres de montaña resistentes como el acero y en cuyos corazones anida una riqueza muy superior a todo el petróleo enquistado en el Golfo Pérsico o los intereses creados de la banca sionista. Yemen, orgullo del mundo árabe vencerá!, el tiempo sopla en su dirección.

Celebración día internacional de Al-Quds (Jerusalén) con cerca de 4 millones de yemeníes exigiendo una escalada bélica contra EE.UU. y sus intereses en Medio Oriente. Centenares de activistas occidentales se sumaron a la actividad (28/03/2025).

martes, 11 de marzo de 2025

"Antecedentes Coyunturales e Históricos de la Primavera Árabe" Tésis de Posgrado (2012)


Hace 14 años, pocos pudieron adelantar que el proceso de las llamadas "Primaveras Árabes" tendría consecuencias tan profundas en el devenir político de la región de Oriente Medio y el Norte de África, marcándola por más de una década. La inmolación de Mohamed Bouazizi en Túnez el 17 de septiembre del 2010 (motivada por la pobreza, la falta de oportunidades y la precaria solidaridad estatal) sería detonante de un viral de protestas por todo el espacio árabe, conectando con un descontento social generalizado, aguda frustración económica, crisis de representatividad, desconfianza hacia las élites gobernantes y falta de libertades básicas. El proceso -que fue aprovechado operativamente por los servicios de inteligencia de Occidente- desembocó en cuatro certeros golpes de Estado (Túnez, Libia, Egipto y Yemen), revolviendo aún más el tablero o shatterbelt regional, movilizó a los radicales (Hermandad Musulmana, salafistas, al Qaeda...) y extremó la represión de ciertos regímenes.

En pleno 2025, no se descarta como una de las peores consecuencias de las Primaveras Árabes, la conformación de elementos como el ISIS/DAESH (célula terrorista desprendida del tronco de al Qaeda) que aprovechando el vacío de poder en Iraq y en regiones del este de Siria, abogó por la conformación de un califato de orden medieval, desatando una guerra prolongada que reflejó en todo momento ser una dinámica mayor de fuerzas y un conflicto proxy entre la entente Rusia/Irán y la alianza EE.UU/Israel, los primeros apoyando al régimen de al Assad y los segundos armando y financiando a sus aliados fundamentalistas del ISIS. El balance que durante 14 años favoreció a la república hereditaria (warāthiyya) de los Assad, al eje de la resistencia y a sus benefactores rusos e iraníes, a coste de inumerables vidas y pérdidas materiales, se invirtió de improviso a fines del 2024, con la escalada al poder de los "rebeldes" (terroristas), apoyados y reconocidos en el acto por sus mecenas de la UE y EE.UU. Hoy esos mismos "rebeldes" -bajo el silencio cómplice de Occidente- están desatando un pandemonium en el país levantino, asesinado, torturando y hasta crucificando a cristianos, alauitas, chiíes y adeptos del antiguo régimen.

En relación a este "¿cisne negro?" en la historia contemporánea del Mundo Árabe, el 15 de marzo del 2012 concluí una tesina de posgrado a la que titulé "Antecedentes Coyunturales e Históricos de la Primavera Árabe", en ella abordé la casuística tras el fenómeno en estudio, retrotrayéndome al legado del colonialismo europeo, a la fragmentación del espacio árabe post desmembración del Imperio Otomano (1922), con la consiguiente imposición de protectorados y estados artificiales como el de Israel, eventos que junto con la Guerra de los Seis Días de 1967 minaron para siempre el panarabismo (o unidad ideológico-espiritual de los árabes, encarnada fuertemente en la figura del carismático Gamal Abdel Nasser), favoreciendo la proliferación de las luchas nacionales e identidades locales, el abandono gradual de la causa palestina en el discurso árabe y la emergencia de ideologías desestabilizadoras como son el islam político y el panislamismo.

ANTECEDENTES COYUNTURALES E HISTÓRICOS DE LA PRIMAVERA ÁRABE (PDF)

miércoles, 31 de julio de 2024

La Marcha de los Iranios (Parte III): Irán, tierra de magos


Pasaron nueve años desde la redacción de las primeras dos entregas de esta saga titulada La Marcha de los Iranios, tiempo en el que acontecieron demasiados eventos relevantes en torno la historia contemporánea de Irán (asesinato del general Qasem Soleimani en 2020, protestas masivas -acusadas de intervencionismo Occidental- a raíz la muerte de Masha Amini en 2022, escalada bélica con Israel bajo el contexto del genocidio en Gaza con un ataque directo limitado en abril de 2024 y accidente fatal del Presidente Ebrahim Raisi en mayo de 2024, entre otros) y al fin llegó el momento de abordar -de manera muy resumida- la historia, religión, política y cultura de esta particular y formidable nación, que como vimos en las dos entregas anteriores: tiene también un influjo universal, más allá de los límites naturales de Persia, en el corazón de Asia Occidental.

Lamentablemente muy pocos consideran cuán importante fueron los aportes de los persas (equiparables a los de la civilización greco-romana), tanto para la cronología de Occidente como para el mundo islámico oriental y es que de sus milenarios misterios y alegorías derivan no sólo el cristianismo y su más temprana iconografía (Jesús-Mitra, los Reyes Magos y la divina astronomía encarnada en la estrella de Belén, etcétera), también nos legaron su ciencia de los elementos o química arcaica -llamada alquimia en la antigüedad- además de múltiples aportes en álgebra, medicina, arquitectura, pintura, arte mosaico, jardinería, organología, las artes y la literatura en general. Gran parte de ello transferido a Europa  por vía de los árabes (Al-Ándalus, Emirato de Sicilia) y/o los otomanos.

La limitada mirada Occidental, nublada desde la Edad Media y más allá (algunos sostienen que desde las Guerras Médicas en adelante) por una carga de prejuicios y un aura de pseudo superioridad cultural/moral, no permite indagar en la historia de Irán sin el catalejo del orientalismo, que distorsiona agriamente la realidad. Irán es de hecho el core de una civilización, si bien tradicional, también en avanzada y que desde el enfoque de la resistencia ha logrado sortear el no alineamiento con Occidente y las sanciones internacionales, al punto de desarrollar tecnología puntera (en la fabricación de drones, robótica e inteligencia artificial) e instalarse entre las diez principales potencias científico-tecnológicas del planeta, un país donde además el 70% de los estudiantes de ingeniería son mujeres y tienen a su haber una implacable formación y altas tasas de empleabilidad.

Mujer iraní en Isfahán

Irán (cuya traducción en lengua farsi significa "Tierra de Arios") es una extensa meseta emplazada sobre los márgenes de la antigua Persia, ubicada al sur del Mar Caspio y al norte del Golfo Pérsico, conectando Medio Oriente con Asia Central. Dueña de una posición geoestratégica fundamental que en el pasado permitió el poblamiento de diferentes razas, la construcción de grandes imperios y el establecimiento de rutas comerciales privilegiadas que conectaron los territorios de India y China con el mar Mediterráneo. En la era industrial esta privilegiada posición jugó en su contra frente al avance del Imperio Británico, que se apropió sus pozos petroleros y las vías de acceso hacia el espacio árabe y el norte del subcontinente indio (hoy Pakistán), todo facilitado por la instauración de regímenes satélites como el de la dinastía Pahlevi.

PERIODO PRE-IRANIO

Formalmente la historia inicia 5000 años antes del nacimiento de Cristo, a partir de hechos que permiten documentarla como son la invención de la escritura y la revolución agrícola que permitió a seres humanos nómades, incapaces de transformar su entorno, dejar de deambular en búsqueda de animales salvajes y frutos silvestres. Surgieron entonces las ciudades-estado, las élites gobernantes, la religión y la política y al poco tiempo de que estas ciudades-estado comenzaran a guerrear entre ellas, unas lograron imponerse sobre las otras, surgiendo de esta manera los estados confederados y los imperios.

Todo lo anterior aconteció -en épocas diferentes- en los distintos rincones del planeta, siendo el Medio Oriente hace 70 siglos la región que dio el vamos a la civilización. En la tierra emplazada entre los ríos Tigris y Éufrates, llamada Mesopotamia (hoy Irak) surgió la primera gran civilización conocida: los sumerios, de quienes hasta el día de hoy se desconoce su certero origen. Crearon la escritura cuneiforme para graficar en símbolos su lengua, crearon también la rueda y los carros tirados por ruedas, el arado para la siembra, crearon un sistema de horas, días y años en función del ciclo estelar y además de la escritura, inventaron también las matemáticas para organizar la vida comercial de las ciudades. Tan ricas, cultas y poderosas llegaron a ser las ciudades sumerias que al poco andar atrajeron el interés de bárbaros provenientes del desierto de Arabia (los pueblos semitas), otros provenientes de Anatolia y las tierras del noreste (los pueblos indoeuropeos o arios), de modo que la civilización sumeria de los últimos siglos debió ser un amalgama etnocultural plagado de elementos foráneos, al punto que terminó perdiendo su lengua original, en función de una semítica: el acadio.

Bajo este contexto, al rededor del año 4000 a.C., a unos 500 km al este de las grandes capitales mesopotámicas (Ur, Nippur, Babilonia y Uruk) surge la civilización de Elam en Susa: una antigua ciudad del sur de Irán. Los elamitas adaptaron entre otras cosas, la técnica de escritura sumeria para expresión de su propio idioma (de presumible origen afroasiático), desarrollaron un imperio que rivalizaría en grandeza y poder con el de Asiria/Babilonia y que dada su riqueza atrajo en el siglo XV a.C. a un conjunto de tribus iranias, originarias del sur de Rusia que habían comenzado a emplazarse hacia norte de la meseta iraní. En paralelo otras tribus ario-iranias, conocidas bajo la denominación de medos por la historiografía, se internaron en los montes Zagros, no muy distantes de Susa y de las ciudades mesopotámicas, absorbiendo su alto influjo cultural. Surgen así dos nuevas civilizaciones en contienda sobre un territorio "iranizado" tanto en la lengua como en lo étnico: Persia y Media, siendo los persas los auténticos herederos de la antigua Elam.

AUGE Y GRANDEZA DEL IMPERIO PERSA

Persia y Media fueron reinos independientes durante al menos dos siglos. El dominio de Persia se extendió originalmente sobre las áridas regiones de Juzestán y Fars, al sur de la meseta iraní y Media se proyectó hacia las regiones del noroeste, cobijadas por altas montañas, densos bosques, clima cálido y caudalosos ríos. Media tuvo por capital a la ciudad de Ecbatana, otros núcleos importantes fueron Damgan y Pazuwin (actual Qom), de Persia las principales ciudades fueron Susa, Anshan e Istakhr. Astiages, el último monarca medo, fue destronado en el año 550 a.C. por el rey Persa Ciro II el Grande, iniciando con él el Imperio Persa-Aqueménida, que en su máxima extensión -medio siglo más tarde con Darío I- abarcó tres continentes y las actuales: Pakistán, Cachemira (India), Turkmenistán, Afganistán, Irán, Irak, Anatolia (Turquía), Azerbaiyán, Armenia, el Levante Árabe o Gran Siria (Siria, Líbano, Palestina, Jordania), Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Kuwait, Egipto, Chipre, Grecia, Macedonia, Bulgaria y Crimea (Ucrania).

En un principio, los aqueménidas fijaron como capital del imperio a la ciudad de Pasargada (545 a.C.) en Fars, iniciando 25 años más tarde la construcción de una nueva capital política y administrativa (también en la región de Fars), la imponente Persépolis. La capital del Imperio Persa que llegó a contar con cerca de 45.000 habitantes y no menos 40 barrios residenciales, fue edificada por ordenes de Dario I y concluida por sus descendientes Jerjes I y Artejerjes I, con el aporte y conocimientos de miles de artesanos libres provenientes de todos los rincones del imperio y del mundo hasta entonces conocido: indios, lidios, fenicios, babilonios, jonios, egipcios, sirios, etc. No existía por entonces un estilo arquitectónico propiamente persa, el cual comienza a consagrarse a partir del carácter cosmopólita del imperio, albergando e integrándose en Persépolis diversas comunidades como la griega y judía, antecediendo por siglos la existencia de otras ciudades globales o multiculturales como fueron Roma o Alejandría en Egipto.

Mosaico de arqueros persas

Máxima extensión del Imperio Persa con Dario I hacia el 500 a.C.

Además de su implacable poderío militar, el primer gran imperio de los persas destacó por su integración y tolerancia hacia los pueblos conquistados, reflejo de lo cual persiste al día de hoy -por ejemplo- la antigua comunidad judío persa (unas 10.000 almas que residen actualmente en Irán más otras 250.000 en Israel y otras decenas de miles en Estados Unidos) con más de 2500 años de existencia y un gran peso político y económico perenne. El nombre del emperador Ciro II El Grande es de hecho reverenciado 23 veces en el Antiguo Testamento (o Torá judaica), dado que los liberó de su cautiverio en Babilonia, decretando la reconstrucción del Templo de Jerusalén y la autorización para todo exiliado que deseara volver a su tierra de origen. Sin embargo los brotes de nacionalismo nada infrecuentes en las más remotas regiones de un vasto imperio pluralista pero poco cohesionado, sumado al descontento por el alto gravamen impositivo en las satrapías (provincias) y las derrotas militares frente a los escitas en el norte y los griegos en el oeste (las Guerras Médicas) presionan la progresiva disgregación política de los aqueménidas, coronando el fin la muerte de Darío III en el 330 a.C. con la consiguiente conquista del imperio en manos de Alejandro Magno, dando paso a un periodo de helenización consumado en la constitución del Imperio Seléucida que relevó a los persas por casi 300 años, hasta el 63 a.C.

REY DE REYES

Precediendo en 165 años el nacimiento del macedonio Alejandro Magno y en 494 el del romano Augusto, Dario I fue sin duda el primer monarca en consolidar un mega imperio (7.900 km frente los 11.000 km que alcanzó en su auge el Imperio Romano) y gobernar sobre una diversidad de naciones, religiones, reyes y culturas, de ahí su apelativo de "El Grande" que supo llevar con orgullo, repasando su legado sobre piedra en la inscripción de Behistún que perdura hasta la actualidad:
"Habla Darío el Rey: por voluntad de Ahuramazda soy rey. Ahuramazda me entregó la realeza.

Habla Darío el Rey: estas son las regiones que se sometieron a mí. Yo me convertí en su rey por voluntad de Ahuramazda: Persia, Elam, Babilonia, Asiria, Arabia, Egipto, las que están junto al mar, Sardes, Jonia, Media, Urartu, Capadocia, Partia, Drangiana, Aria, Jorasmia, Bactriana, Sogdiana, Gandhara, Escitia, Sattagidia, Aracosia, Maka, un total de veintitrés regiones.

Habla Darío el Rey: éstas son las regiones que se sometieron a mí. Por voluntad de Ahuramazda se convirtieron en mis dominios. Me entregan un tributo. Lo que ordeno para ellas, de noche o de día, lo hacen.

Habla Darío el Rey: en estas regiones al hombre que era leal lo apoyé: a quienquiera que fuese malvado lo castigué. Por voluntad de Ahuramazda estos países respetan mis leyes. Lo que ordeno para ellas, lo hacen".
Necrópolis imperial de Naqsh-e Rostam (نقش رستم) en Fars

Los restos de Dario I son cobijados en la magnífica necrópolis de Naqsh-e Rostam en Fars, donde se inmortaliza también un espléndido epitafio: 
"Yo soy Darío el gran rey… un persa, hijo de un persa, un ario, teniendo un linaje ario…"

Darío I fue llamado en vida Sha-han-sha que en farsi significa "Rey de reyes", su legado una vez más precede al de Augusto al unificar un gran imperio bajo las bondades de la sólida maquinaria estatal, de una eficiente administración de provincias (llamadas satrapías), desarrollo de infraestructura (ciudades, palacios, templos, canales, acueductos, puentes, jardines, mercados cementerios), carreteras, comercio, moneda única, globalización cultural, religión imperial (tolerante con los múltiples cultos del imperio), poder centralizado y ejército único (infantes, armeros, caballería, arqueros), elementos sine qua non a desarrollar por todo gobernante que pretendiese forjar un imperio. Gracias a Darío I el legado cultural de los persas (y de añadido el de siglos de civilización consagrados en Oriente Medio) se expandió desde Cachemira al mar Mediterráneo, desde Egipto al Cáucaso y desde el Mar Arábigo al Mar Caspio y el Mar Negro. Los antiguos griegos, provenientes de una civilización atomizada en múltiples polis, se beneficiaron del universalismo persa y lo replicaron en el Imperio Seléucida consolidando además la fusión cultural greco-persa-egipcia-asiria, la cual pasaría integra al Imerio Romano deviniendo posteriormente en la  "cultura occidental".

LA RELIGIÓN EN LA ANTIGUA PERSIA

El mazdeísmo, también llamado zoroastrismo, fue la religión imperial en tiempos de los aqueménidas y sin lugar a dudas uno de sus mayores legados, replicados algunos de sus principales elementos en las tres religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam), en corrientes mistéricas como el catarismo, el sufismo, el bahaísmo y la teosofía o vertidas en siglos de filosofía islámica y occidental, desde Avicena, Omar Khayyám y Rumi a Descartes, Nietzsche y René Guenón. Sin lugar a dudas proveyó de un fundamento moral y espiritual a la casta gobernante del gran imperio, extendiéndose junto con él y consolidándose como religión principal ya en tiempos de Darío I. Como fue comentado en la primera entrega de esta saga: el mitraísmo, religión persa muy extendida en Oriente Medio hacia el siglo I d.C., fue una expresión que guarda ciertas semejanzas al mazdeísmo y que se internó en el Imperio Romano a partir de migrantes, comerciantes y esclavos provenientes principalmente de las regiones de Siria y Anatolia, transmutándose sus fundamentos espirituales (en convergencia con otros dogmas y credos) en el cristianismo primitivo.

El "faravar", símbolo por excelencia del mazdeísmo

Mazdeísmo deriva de Mazda o Ahuramazda (Ahura Mazda), principal divinidad en el panteón aqueménida: encarnación del Dios de luz todopoderoso y bondadoso, que en una cosmovisión eminentemente dualista tiene por contraparte al mal, la oscuridad, encarnado en la figura de Ahrimán (o Angra Mainyu), un equivalente del demonio en las religiones abrahámicas. Zoroastrismo por su parte, deriva del nombre del profeta Zoroastro (o Zaratustra), místico persa nacido hacia el año 620 a.C. en Rayy, cerca de la actual Teherán y fallecido en el 550 a.C. en Balj, al norte de Bactria (actual Afganistán). Se cree que Zoroastro tuvo una visión de Ahura Mazda pastoreando en las montañas del norte de Irán, en la cual le fue develado que la vida constituye una eterna lucha entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad, debiendo el hombre libre y voluntariamente elegir actuar del lado del bien para su salvación eterna y la vida recta. Zoroastro sintetizó la doctrina mazdeísta en una serie de cantos llamados gathas, los cuales a su vez constituyen el Avesta, probablemente el primer libro sagrado monoteísta. En vida Zoroastro fue el protegido de un rey bactriano, llamado Vishtaspa que incorporó la religión en sus dominios y tras la muerte de Zoroastro comienza a internarse en el espacio persa, hasta convertirse en religión imperial.

LOS OTROS IMPERIOS

Tras la muerte de Darío III, el control del Imperio Aqueménida queda en manos de la confederación greco-macedónica liderada por Alejandro, el Magno, quien extiende sus dominios desde el sur de Italia (Magna Grecia) al norte de la India, comprendiendo toda la extensión consolidada por los persas en las prolíficas tierras de Asia Central, Asia Occidental, Asia Menor y Egipto. La muerte prematura de Alejandro a los 33 años, genera un vacío de poder y la consiguiente ruptura entre sus generales Ptolomeo y Seleuco, quienes se dividen las posesiones greco-persas formando dos nuevos imperios: el Ptolemaico, que engloba a Egipto junto a las islas y costas del Mediterráneo Oriental (Creta, Chipre, Líbano y Palestina) y el Seléucida, que comprende todas las tierras desde el Asia Menor (actual Turquía) y Siria hasta la actual Irán. Descendiente de Ptolomeo, la reina egipcia Cleopatra (69 a.C - 30 a.C.), fue también la última gobernante de la dinastía ptolemaica: culta y poliglota, es posible que además del griego y del egipcio, la reina del Nilo dominara en parte la lengua persa e incluso el latín, un fiel reflejo de la temprana globalización cultural, que se debió en buena medida al impulso de los aqueménidas.

Grecia, Imperio Ptolemaico (Amarillo) e Imperio Seléucida (Verde)

Persia estuvo bajo dominio seléucida por casi 250 años, aunque no logró ser helenizada al mismo ritmo que los territorios ptolemaicos o el Asia Menor, donde la presencia griega echó profundas raíces desde la Antigüedad Clásica. La cultura griega o helenística, mucho más liberal en un cierto sentido, fue percibida como impuesta y decadente por los persas, enfatizándose la ruptura entre Oriente y Occidente. Durante el dominio seléucida, comenzó a gestarse la sedentarización de los nómades iranios en la región de Partia, al norte de la meseta iraní, consolidándose un nuevo reino que hacia el siglo II a.C., en la figura de Arsaces I, se extendió por toda Persia, entrando en conflicto con los seléucidas (las guerras parto-seléucidas) y terminando por expulsarlos de la región, para reconfigurar el legado aqueménida. Inicia de este modo el Imperio Parto que duró cerca de cinco siglos, tuvo 17 emperadores y en su máximo esplendor se extendió por las actuales Irán, Mesopotamia (Irak), Siria, Asia Menor (Turquía), Azerbaiyán, Turkmenistán, Kirguistán, Tayikistán, el sur de Rusia, Afganistán, Pakistán y el norte de la India. 

Imperio Parto (247 a.C. a 224 d.C)

Al igual que los aqueménidas, los partos organizaron administrativamente el imperio en satrapías, fueron tolerantes con los pueblos conquistados, sus tradiciones, religión y cultura y aunque no hicieron del zoroastrismo la religión estatal, siguió siendo la más importante junto con el mitraísmo que se tornó muy popular en Asia Occidental, Anatolia y Siria, pasando posteriormente al Imperio Romano con el cual estuvo en constante pugna, entre los siglos I a.C. y III d.C. Guerras constantes y costosas, tanto con Roma como con los estados tapones, y los reinos limítrofes, además de las constantes correrías e invasiones de escitas y otros belicosos pueblos iranios nómades del norte sumado a disputas dinásticas y nobiliarias, precipitaron el ocaso del Imperio Parto (247 a.C. - 224 d.C.), que será subsiguientemente reemplazado por el Imperio Sasánida o Neopersa (224 d.C. - 651 d.C.), el cual -al igual que ocurriera a los aqueménidas frente a los griegos- es subyugado tras cuatro siglos de existencia por presión de una nueva hegemonía extranjera: los árabes del Califato Omeya, cuya nueva fe: la religión del Islam, se convierte en la mayor contribución cultural transmitida al Irán medieval, aviniendo perfectamente con la profunda espiritualidad de esta noble nación, apegada a la naturaleza, la idea de jerarquía, los valores familiares y la contemplación.

Máxima extensión del Califato Omeya  (661 a 750 d.C.)

Tras el dominio Omeya, siguió el de las dinastía Tahirí (821 A 873 d.C.) y Saffarí (861 a 1003 d.C.), la dominación de los selyúcidas (siglo XI), el Ilkhanato mongol (1256 a 1335) y el Imperio Safávida (1501 a 1736), este último un hito importante en la historia de Irán/Persia puesto que formalizó la instauración del islam chií como religión oficial del Estado, reafirmando la identidad cultural y política iraní, en clara diferenciación con otras naciones islámicas como los árabes, norafricanos, turcos, mongoles e indoarios (pakistaníes, afganos), que decantaron mayormente por la vertiente suní.

EL CHIISMO

A la muerte del profeta Muhammad (Mahoma) en el año 632, se gestó una disputa entre sus seguidores respecto de quién debía reemplazarlo como Califa (líder supremo de los musulmanes), los más tradicionalistas se inclinaron por la dinastía de sangre, convirtiéndose en fervientes partidarios de Alí: primo y yerno del profeta, casado con su hija Fátima, y el resto tuvo una visión más político-normalista, inclinándose por Abu Bakr: amigo cercano y uno de los primeros conversos del profeta y a quien además se atribuye la primera compilación de los hádices (dichos y acciones del profeta Mahoma) que conforman el Corán. 

Abu Bakr, quien sobrevivió apenas dos años a la muerte del profeta, fue investido como primer Califa del Imperio Musulmán entre los años 632 y 634, siendo reemplazado por otro gobernante sin lazos familiares con el profeta: Umar ibn al-Jattab, elección que marginó del poder una vez más a Alí. Umar ocupó el cargo de califa hasta el 644, año en que fue asesinado por un esclavo de origen persa, dicho hecho moviliza a los allegados al poder a inclinarse por otro líder aristocrático sin consanguineidad alguna con el profeta: Uthman ibn Affán. Tal designación enfada enormemente a los partidarios de Alí (Shi-at-Alí en árabe o chiitas en español) quienes no reconocen al nuevo Califa e invisten en paralelo a Alí. Emerge aquí no sólo el primer quiebre político al interior del mundo islámico, sino también un cisma espiritual y dogmático perenne, que dio forma a las dos principales ramas de la religión islámica: los "chiitas" y los normalistas o "sunitas".

Mezquita del Imán Hussein en Kerbala (Irak), donde yacen los restos del mártir, hijo de Alí y nieto de Mahoma. Es uno de los principales centros de peregrinaje del mundo chiita.

El posterior asesinato de Alí en el 661 por parte de las facciones allegadas a Uthman y la muerte prematura de sus hijos: Hassán, envenenado en el 670 y Hussein, muerto en batalla en el 680, configuran  la génesis doliente del chiismo, que los considerará en adelante sus principales mártires e imanes (guías espirituales que trascienden la muerte física), además de haberlos reconocido como sus califas. Más adelante en la historia, el chiismo vivirá sus propios cismas: de los cuales emergen el chiismo septimano (reconocimiento de siete imanes), duodecimano (doce imanes) e ismaelismo, distinción en la que no profundizaré en esta oportunidad. 

Lo que sí consigna mencionar es la relación preferente de los persas por la rama chií del islam: este hizo su aparición en Persia hacia el siglo VII con los abasíes (emparentados con el profeta y que instauraron un califato en Bagdad), penetrando de manera muy marginal en algunas regiones y en desventaja absoluta frente a la preminencia suní. No fue sino hasta comienzos del siglo XVII, con la conquista de Ismail I Safaví y la consiguiente formación de la dinastía safávida, que Persia se decanta por el chiismo como religión estatal, lo cual puede leerse como una estrategia de diferenciación política frente a sus vecinos y potenciales rivales árabes, turcos y mongoles, además de una inclinación natural, dado el componente místico fácilmente asociable a la espiritualidad aria y a la tradición mazdeísta. La dinastía safávida gobernó Persia hasta 1736, siendo sucedida por la dinastía qajar que consolidó aún más la influencia chiita en Irán. Finalmente, en 1979, la Revolución Islámica liderada por Ruhollah Khomeini destronó al último Shá, trajo de regreso la Teocracia y consagró al chiismo como religión oficial de Irán.

MODERNIDAD E IMPERIALISMO

El concepto Era Moderna en términos de historia, comprende los hechos acontecidos entre los siglos XV y XVIII, una época que inicia con el descubrimiento de América y finaliza con el iluminismo o "siglo de las luces", génesis de la Revolución Francesa y el comienzo de los movimientos independentistas americanos. En las eras precedentes, el progreso mundial orbitó en torno al espacio Mediterráneo, Oriente Medio (incluyendo Irán) y China; núcleos de las primeras civilizaciones agrícolas; la modernidad por su parte se desplegó desde el Atlántico y las naciones e imperios mercantiles (España y Portugal primero, Gran Bretaña, Francia y Holanda más tarde) que dominaron las rutas comerciales hacia las Américas, circunnavegaron África, tocaron las costas de Asia Oriental y forjaron colonias en tierras lejanas, explotando la mano de obra local (como esclavos en los primeros siglos, como proletarios después) y extrayendo sus materias primas a bajo coste. 

Los grandes triunfadores al final de la era moderna serán sin duda los británicos, que de simples piratas y corsarios, se convirtieron en fastuosos navegantes, forjando el mayor imperio marítimo de la historia, logro al que se sumará en la era siguiente la Revolución Industrial, que les impondrá la necesidad de comerciar con el resto del planeta todo el excedente manufacturero generado en las islas británicas (producto de las economías de escala que facilitó el maquinismo) y abastecerse de los insumos necesarios para producirlos en los distintos puntos del planeta donde emplazaron sus colonias y factorías, la mayor de las veces: a sangre y hierro. Los británicos protagonizaron el devenir del planeta por espacio de cinco siglos y su primera interacción con el mundo persa-iraní ocurre bajo este contexto de imperialismo, a partir del lance conocido como "El Gran Juego" (1837).

Pintura que ilustra la guerra Anglo-Persa (1856)

En pleno siglo XIX, cuando se desarrolla el "El Gran Juego" Irán, cuna de civilizaciones, estaba lejos de ser ya un actor influyente en la política regional, mucho menos global. Sólo el Imperio Otomano -aunque ya menoscabado- se mantuvo como principal referente geopolítico del mundo islámico, pero con muy poca relación e influencia sobre la vecina Persia, dado que los otomanos y la mayor parte de sus súbditos (con excepción de los territorios dominados en la Europa Balcánica) profesaban la fe suní, y en Persia, como se dijo, desde los safavíes en adelante, domina el chiismo. El Gran Juego que se extiende hasta comienzos del siglo XX, consiste en la lucha geopolítica entre el Imperio Británico y el Imperio Ruso por controlar la región de Asia Central y el Cáucaso, colindante con una Rusia zarista en expansión y que se proyectaba hacia a mares cálidos: el Océano Índico o el Mar de Arabia para dominar el comercio marítimo con India y China desde el propio continente, conectando Rusia con los puertos asiáticos a partir de una vasta infraestructura ferroviaria.

En conocimiento de los planes rusos, los británicos buscan expandirse por Asia Central para resguardar el dominio de la India ("la joya del imperio") y mantener su posición mercantil privilegiada en los puertos sudasiáticos, con una China cautiva, un Extremo Oriente prometedor y un mundo árabe que tarde o temprano sería dislocado del Imperio Otomano para beneficio británico; El Gran Juego es de hecho la antesala de la clásica Teoría del Heartland, desarrollada por el geógrafo inglés John Mackinder (1867-1941) la cual supone que "quien domine Asia Central dominará Eurasia, y quien domine Eurasia dominará el mundo", desde la cual se explica en gran medida la política internacional de las potencias de la anglósfera, primero el Imperio Británico, después EE.UU.

El Gran Juego tuvo sus corolarios a lo largo de todo el siglo XIX y parte del XX. Los británicos intentaron subyugar sin éxito al indómito pueblo afgano, lo cual les provocó varias bajas en la Primera (1839 a 1842) y Segunda Guerra Anglo-Afgana (1878 a 1880), aunque se mantuvieron expectantes a que su fracaso no condicionara el éxito de los rusos y que Afganistán se mantuviera como un Estado tapón entre Rusia y sus colonias de la India. Rusia por su parte, logró apropiarse la región del Turquestán, allanó camino al Imperio Otomano en el oeste, liberando de su yugo los estados transcaucásicos y continuó pujando por obtener una salida hacia el Mediterráneo. Sin quedar exenta de estos eventos, Persia fue sindicada en el Tratado Anglo-Ruso de 1907, que en teoría pone fin al Gran Juego, pero sacrificando la soberanía de naciones como la iraní que se vio segmentada en zonas de influencia: rusa en el norte y británica en el sur, donde a la postre se encuentran los principales recursos energéticos del país. 

DINASTÍA PAHLAVI

Gran Bretaña tuvo un dominio significativo sobre el petróleo iraní, desde la década de 1900 hasta la Revolución Islámica de 1979, fraguando un vergonzante golpe de Estado (apoyado por EE.UU.) contra el gobierno del Primer Ministro Mohammed Mosaddeq en 1953, esto con el fin de restaurar el control británico sobre la industria petrolífera iraní, la cual había sido nacionalizada en 1951. En espacio de esas siete décadas dos dinastías gobernaron Persia: la Dinastía Qajar (1794-1925) y la Dinastía Pahlavi (1925-1979), ambas acusadas de ser meros instrumentos en manos de los británicos que siempre tuvieron fama de apoyar a gobernantes débiles como meros titulares del poder, sometidos a las ordenes del imperio.

Mosaddeq, intentó auditar los documentos de la Anglo-Iranian Oil Company (AIOC) y limitar su control sobre las reservas de petróleo iraníes. La AIOC se negó a cooperar y el parlamento iraní votó a favor de nacionalizar la industria petrolera, lo cual desencadenó un boicot económico global instigado por los británicos, coronando con un golpe de Estado apoyado por la CIA (Central de Inteligencia Americana) que junto con desencadenar una represión que acabó con la vida de cientos de iraníes, derrocó, encerró y acabó con el gobierno constitucional de Mosaddeq, entregando mayor poder plenipotenciario al Shá Reza Pahlavi, quien en adelante gobernará Irán con el beneplácito de la anglósfera durante 26 años hasta su justo derrocamiento por mano del Ayatollah Khomeini en la emblemática Revolución Islámica de 1979.

LA REVOLUCIÓN ISLÁMICA

Las desigualdades sociales, las reformas económicas fallidas, la corrupción y sobre todo el servilismo y la desconexión de la Dinastía Pahlavi y del conjunto de la nobleza con la realidad iraní fueron caldo de cultivo para una revolución política aunque -a ojos externos y en plena Guerra Fría- no fue previsible que esta surgiera por el lado de los clérigos y el modelo de teocracia como finalmente aconteció. Figura clave en este proceso fue el Ayatollah Ruhollah Khomeini, religioso chiita del más alto rango en estudios islámicos, nacido en 1902 en Jomein en el centro de Irán. Khomeini tenia una clara visión sobre el gobierno, la justicia social, la economía, la religión y la autoridad, las cuales consideraba integradas en la sharia o ley islámica, ergo, un gobierno islámico -a su juicio- sería la solución para erradicar la corrupción, lograr un desarrollo equitativo integrando a toda la población iraní, en especial a los pobres y dar la cara al imperialismo que había desollado a la nación.

Las ideas y convicciones de Khomeini, nutridas en gran medida por los planteamientos de Sayyed Qutb (1906-1966), padre del islam político, así como por las lecciones empíricas del socialismo árabe de Gamal Abdel Nasser en Egipto, además del elemento conservador/tradicionalista propio de la religión y un marcado anti sionismo y antiimperialismo, lo pusieron en la mira de la Dinastía Pahlavi y dado el creciente prestigio y autoridad que había alcanzado entre religiosos y laicos descontentos de todas las edades y su llamado a la rebelión popular, fue encarcelado y posteriormente exilado, radicándose en Turquía (1964), Irak (1965-1978) y posteriormente en Francia (1978-1979).

El Shá junto al presidente estadounidense Richard Nixon (1973)

El exilio no aplacó al clérigo que continuó predicando y escribiendo a diario contra los excesos e incompetencias del Shá y sobre la beatitud que prometía una república islámica frente a los vicios del régimen. Las posibilidades tecnológicas de la época, ayudaron a propalar su prédica combatiente por la vía de pasquines, emisoras de radio pirata y casetes que fueron duplicados y compartidos por mano entre una población agudamente descontenta, que encontró sentido y esperanza en el proyecto de Khomeini, volcándose a las calles con manifestaciones y huelgas que se prologaron durante todo 1978, presionando al gobierno del Shá a declarar ley marcial el 7 de septiembre, hecho que no limitó a los opositores a reunirse al día siguiente en la plaza de Zahlé para lo que sería una nueva manifestación multitudinaria, esta sin embargo fue silenciada por los militares que abrieron fuego sobre los manifestantes, terminando con la vida de un centenar, un episodio que será tristemente recordado con el nombre de "Viernes Negro".

El descontento contra el Shá y la popularidad de Khomeini sólo se incrementaron en los días y meses posteriores al viernes negro. La población enardecida a la que se sumó también buena parte de los militares, exigió la repatriación del clérigo y el fin de la dinastía, lo cual finalmente ocurrió a comienzos de 1979: el 16 de enero el Shá se autoexilia de Irán piloteando su avión (fallece al año siguiente en Egipto afectado por un cáncer), queda en su lugar el primer ministro Shapur Bajtiar quien busca aplacar el descontento y negociar la paz. Muy a su pesar, Bajtiar trajo de regreso a Khomeini en febrero, siendo recibido en las calles de Teherán por tres millones de personas. El 11 de febrero Bajtiar es expulsado del poder, quedando establecida la República Islámica de Irán, mezcla de democracia y teocracia, con el Ayatollah Khomeini a la cabeza.

Khomeini ovacionado por la multitud

LA GUERRA CON IRAK

Al año siguiente de la asunción de Khomeini como Líder Supremo de Irán, estalla una guerra prolongada con la vecina Irak. En párrafos anteriores repasamos someramente la estrecha conexión existente entre Irán (Persia) e Irak (Antigua Mesopotamia) que hunde raíces hacia los inicios de la historia 5 a 4 milenios antes de Cristo, aunque hacia 1980 predominan más los factores de división que de cohesión entre ambas naciones: Irak era por entonces un estado árabe, secular y nacionalista, convivían en ella minorías étnicas rezagadas (25%) de kurdos, yazidis, turcomanos, caldeos, asirios y judíos, una mayoría religiosa chií (65%), que constituye las capas populares de la sociedad, generalmente marginada en términos de representación política y una minoría suní (35% del total de la población) que constituía la clase gobernante con el partido Baath (nacionalista árabe) a la cabeza.

La combinación de elementos referidos gatillan la inquietud del por entonces presidente y líder iraquí Saddam Hussein, quien vio en el ascenso de Khomeini una potencial viralización del empoderamiento chií en la región, que podría impulsar en lo mediato a la mayoría religiosa de Irak, que además sentía gran admiración por el clérigo iraní y profesaba una simpatía evidente por la República Islámica. A lo anterior se suma el contencioso por la región de Shatt-al-Arab y la geopolítica de la Guerra Fría consumada en el interés latente de Occidente por diluir la República Islámica de Irán y reposicionar a su aliado el Shá Reza Pahlavi en el poder. El exacerbado antiimperialismo del gobierno clerical y su virtual alineamiento con la Unión Soviética (impresión a la que ayuda el apoyo recibido por parte de los socialistas y del partido comunista iraní para derrocar al Shá, el cual fue desestimado tras alcanzar el poder), induce a Occidente a financiar al gobierno baazista de Hussein (fácilmente definible como nacionalista de derecha y reconocido por encarcelar y torturar a los marxistas árabes y kurdos) para presionar una guerra contra el régimen del Ayatollah.

La guerra entre Irán e Irak se prolongó durante ocho años (1980-1988), saldó más de un millón de muertos (entre soldados y civiles) y desgastó ambas economías, no tuvo un claro ganador, pero detrás de ella pesaron más los intereses de las potencias que de los países en conflagración. Años después Occidente le da la espalda a Sadam Hussein y tras la invasión de Kuwait, los Estados Unidos le declaran la guerra a Irak en 1990, 15 años más tarde, en 2006, sentenciado por crímenes contra la nación bajo un gobierno provisional (de mayoría chií y tutelado por EE.UU.) el líder baazista moriría en la soga. Khomeini por su parte, falleció el 3 de junio de 1989, tenía 86 años al momento de su muerte, gobernó durante nueve años la República Islámica que él mismo fundó, gran parte de los cuales estuvo en guerra con Irak, país que lo acogió en su exilio.

CRISOL ÉTNICO

Irán es una nación multicultural con cerca de 86 millones de habitantes, proyectando alcanzar los 100 millones en 2050, ocupa el puesto 17 entre los países con mayor población en el planeta. Se dice de Irán que es un crisol étnico, pues conviven en su territorio una quincena de pueblos de origen y lenguas diversas, provenientes del tronco ario-iranio, turco-mongol, semita, caucásico e indo-ario. La mayoría de iraníes (66%) son de origen persa como sus más remotos y célebres antepasados, seguidos por una minoría significativa de azeríes (16%), de origen turco, arribados a la meseta hacia el siglo XI, otra minoría relevante es la de los kurdos (10%), probables descendientes de los medos, un 2% de baluchis (también iranios), árabes del Juzestán (3%), turcomanos (2%), guilakíes del Mar Caspio (3%), judíos (0,01%), armenios (0,4%), asirios (0,02%), parsis (descendientes de los antiguos persas que aún profesan el zoroastrismo) y afganos (3%), estos últimos una población incrementada en calidad de refugiados y mano de obra poco cualificada.

La economía de Irán se basa principalmente en la industria extractiva del petróleo y gas, posicionándose entre los 10 primeros productores mundiales, otras industrias significativas son la textil, petroquímica, maquinaria agrícola, automotriz y de defensa. El gran lastre en el desarrollo económico de Irán siguen siendo las sanciones occidentales promulgadas contra la política de enriquecimiento de uranio, aunque actualmente, en un mundo que avanza a pasos agigantados hacia la multipolaridad, Irán comienza a compensar en sus aliados asiáticos y en los BRICS todas las limitaciones, barreras y costos de oportunidad perdidos, impuestos por Occidente. Un gran desafío por delante que tiene en sus manos el régimen de la República Islámica es el de integrar a las minorías étnicas al desarrollo y mejorar la calidad de vida a un 40% de la población (34 millones de iraníes) que vive bajo el umbral de la pobreza, con menos de 7 dólares al día.

LOS PARSIS

Con una población aproximada en torno a 20.000 personas, los parsis son la comunidad ancestral de Irán, practicantes de la religión mazdeísta o zoroastriana legada desde tiempos de los aqueménidas (siglo VI a.C.). La gran mayoría de parsis iraníes reside en la capital Teherán y en la ciudad de Yazd, donde se preservan algunos de sus emblemáticos templos del fuego, símbolo de purificación y limpieza espiritual. 

Pese a ser una comunidad cerrada, los parsis iraníes destacan en el ámbito empresarial y en las profesiones liberales, aunque con un impacto menos significativo en la economía iraní que el de sus congéneres parsis de la India (emigrados hacia el año 1000 d.C., tras la conquista islámica de Persia), una pujante comunidad de 60.000 almas de la que destacan importantes clanes empresariales como el de la familia Tata o la familia Wadia y de la que derivó también el icónico cantante de Queen Farrokh Bulsara, alias Freddie Mercury. Existe otra pequeña comunidad parsi en Pakistán, de no más de 2.000 personas que reside en las ciudades de Karachi y Lahore. La festividad por excelencia de los parsis es el Nowruz o año nuevo persa, celebrado el 21 de marzo.

Representación de una familia parsi, realizando el ceremonial del fuego

JUDÍOS IRANÍES

Otra de las comunidades más antiguas de Irán y de las más ricas en tradición e historia de entre toda la colectividad judía del planeta. Los judíos iraníes cargan a sus espaldas 2500 años de historia y su integración a la civilización persa se dio en tiempos de los aqueménidas, con Ciro el Grande. Su principal actividad es el comercio (mayorista y minorista) que desarrollan en los bazares, actividad en la que destacaron desde muy temprano, comerciando especias que transitaban por la antigua Ruta de la Seda, la industria artesanal (orfebrería, alfarería, textilería) es también otro de sus fuertes, en especial la confección de alfombras, cuyos precios pueden oscilar entre los 20 a 20.000 dólares. 

Hacia comienzos del siglo XX, la comunidad judía estaba integrada por unas 100.000 personas y actualmente se cifra en unas 10.000 que reside básicamente en las grandes ciudades como Teherán, Isfahán, Shiraz, Yazd y Kermán, buena parte de los judíos iraníes emigraron a Estados Unidos e Israel durante el siglo pasado. Bien integrados y leales al régimen de la Revolución Islámica, la comunidad judía local tiene reservado un escaño en el parlamento, manifestando poca conexión y simpatía por el movimiento sionista internacional.

EL IRÁN MODERNO

Pese a la complejidad de sobrellevar las sanciones económicas impuestas por Occidente, el Irán contemporáneo ha logrado avances considerables en las áreas de las ciencias y la tecnología, gracias a la formación de buenos profesionales y el desarrollo de sectores estratégicos como son hoy en día la robótica, la inteligencia artificial, ciberseguridad, biotecnología, IoT, domótica y realidad aumentada, entre otros. Las universidades iraníes han formado a un numero considerable de científicos, ingenieros y técnicos altamente competitivos, lo cual ha sido una constante en los últimos cuarenta años.

Sin duda, uno de los logros más notables del Irán moderno es la fabricación de drones y vehículos aéreos no tripulados (VANT) de la más alta tecnología, utilizados para operaciones militares. Los VANT iraníes han sido empleados con éxito en diversos escenarios y conflictos: los ataques de precisión rusos contra objetivos ucranianos, la identificación de red points en territorio israelí por parte de Hezbolá y en la guerra de desgaste de los hutíes yemeníes contra Arabia Saudita, y más recientemente contra los buques de guerra estadounidenses instalados en el Mar Rojo. Irán destaca también en el campo de la robótica, diseñando y confeccionando complejos robots para automatizar procesos industriales y en el campo de la biomedicina investigadores iraníes han innovado sistemas de dosificación de medicamentos empleando nanopartículas, lo cual podría revolucionar el tratamiento de múltiples enfermedades.

Ingenieros iraníes junto al robot humanoide Surena IV

LA NUEVA RELEVANCIA GEOPOLÍTICA DE IRÁN

El peso político y estratégico de Irán en el mundo se ha consolidado enormemente en los últimos años, bajo las complejas dinámicas y equilibrios de poder en Oriente Medio y el mundo. Actor clave en Asia Occidental y el mundo islámico, Irán es desde tiempos de Khomeini principal referente del eje de la resistencia contra un imperialismo que desde los años 90 a la fecha incubó decenas de conflictos y desintegró estados completos con el fin de asegurar las relaciones de dependencia y beneficiar la posición de Israel en la región. Sus estrechos vínculos con Rusia, China y la India, además de la gran riqueza en recursos energéticos y su posición dominante sobre las rutas del crudo (estrecho de Ormuz, Mar Árabigo) ha puesto a Irán en el centro de los grandes proyectos de infraestructura global como son la iniciativa de la Franja y de la Ruta, consolidando su relación con los BRICS (a los que se incorporó en 2023) de cara a un orden multipolar.

Siendo un país no árabe, grande es la influencia ejercida por Irán sobre países de cultura árabe como Siria (régimen de Assad), Líbano (vía Hezbolá), los hutíes de Yemen y hoy en día Irak, tendiendo el puente su representación espiritual del mundo islámico chií y ante todo la consigna de resistencia contra Israel, el injerencismo occidental y el accionar de los aliados árabes (Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Catar, principado de Bahréin), cómplices en las políticas beligerantes de la región, entre ellas la financiación y adoctrinamiento de terroristas. Irán es un país bajo la constante mira de Estados Unidos y de la OTAN, quienes no lo han intervenido directamente, prevenidos por su poder tecnológico/militar, su descentralización y dispersión de fuerzas en la región, el potencial desarrollo de armamento atómico y por su estrecha cercanía con la poderosa Rusia: realismo político en todas sus letras.

EPÍLOGO

Contar la historia de un país y más bien de una civilización tan vasta y trascendental como la iraní es una tarea titánica que es mejor dejar a los enciclopedistas, pero he aquí mi mejor esfuerzo por resumirla, por alumbrar hechos y verdades que los grandes medios de comunicación encubren y que la generalidad de las personas desconoce. Irán es un país formidable, como maravillosa es también su gente: amable, comunicativa, desprendida, familiar; cualidades que -en nuestro terruño- se encuentran con mayor facilidad en el mundo rural que en el urbano y con toda probabilidad es por esta razón que la mayoría de iraníes no congenia con la adusta mentalidad occidental, que conocieron de la peor forma mediante el imperialismo ramplón de los británicos (desde las guerras anglo-persas de mediados del siglo XIX al golpe de estado a Mosaddeq en 1953) y hoy en día de los norteamericanos. 

No reniegan de la modernidad, no viven de espaldas al progreso, pero su visión del tiempo es distinta a la nuestra, miles de años de historia modelan un carácter diferente. Una nación cohesionada, orgullosa de su historia, ayer adoradores del fuego, hoy feligreses de las mezquitas. Maestros del arte, la filosofía, las matemáticas, la astronomía, el urbanismo y la política desde hace 6000 años, hoy las grandes mentes iraníes diseñan complejos algoritmos de inteligencia artificial, los jóvenes ingenieros e ingenieras sueñan con unirse a la carrera espacial, mientras el ingenio militar se empeña en reequilibrar el poder regional y los diplomáticos en rediseñar relaciones internacionales más ventajosas, colocando a Irán y a Oriente Medio en su justo pedestal.

SAGA