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miércoles, 31 de julio de 2024

La Marcha de los Iranios (Parte III): Irán, tierra de magos


Pasaron nueve años desde la redacción de las primeras dos entregas de esta saga titulada La Marcha de los Iranios, tiempo en el que acontecieron demasiados eventos relevantes en torno la historia contemporánea de Irán (asesinato del general Qasem Soleimani en 2020, protestas masivas -acusadas de intervencionismo Occidental- a raíz la muerte de Masha Amini en 2022, escalada bélica con Israel bajo el contexto del genocidio en Gaza con un ataque directo limitado en abril de 2024 y accidente fatal del Presidente Ebrahim Raisi en mayo de 2024, entre otros) y al fin llegó el momento de abordar -de manera muy resumida- la historia, religión, política y cultura de esta particular y formidable nación, que como vimos en las dos entregas anteriores: tiene también un influjo universal, más allá de los límites naturales de Persia, en el corazón de Asia Occidental.

Lamentablemente muy pocos consideran cuán importante fueron los aportes de los persas (equiparables a los de la civilización greco-romana), tanto para la cronología de Occidente como para el mundo islámico oriental y es que de sus milenarios misterios y alegorías derivan no sólo el cristianismo y su más temprana iconografía (Jesús-Mitra, los Reyes Magos y la divina astronomía encarnada en la estrella de Belén, etcétera), también nos legaron su ciencia de los elementos o química arcaica -llamada alquimia en la antigüedad- además de múltiples aportes en álgebra, medicina, arquitectura, pintura, arte mosaico, jardinería, organología, las artes y la literatura en general. Gran parte de ello transferido a Europa  por vía de los árabes (Al-Ándalus, Emirato de Sicilia) y/o los otomanos.

La limitada mirada Occidental, nublada desde la Edad Media y más allá (algunos sostienen que desde las Guerras Médicas en adelante) por una carga de prejuicios y un aura de pseudo superioridad cultural/moral, no permite indagar en la historia de Irán sin el catalejo del orientalismo, que distorsiona agriamente la realidad. Irán es de hecho el core de una civilización, si bien tradicional, también en avanzada y que desde el enfoque de la resistencia ha logrado sortear el no alineamiento con Occidente y las sanciones internacionales, al punto de desarrollar tecnología puntera (en la fabricación de drones, robótica e inteligencia artificial) e instalarse entre las diez principales potencias científico-tecnológicas del planeta, un país donde además el 70% de los estudiantes de ingeniería son mujeres y tienen a su haber una implacable formación y altas tasas de empleabilidad.

Mujer iraní en Isfahán

Irán (cuya traducción en lengua farsi significa "Tierra de Arios") es una extensa meseta emplazada sobre los márgenes de la antigua Persia, ubicada al sur del Mar Caspio y al norte del Golfo Pérsico, conectando Medio Oriente con Asia Central. Dueña de una posición geoestratégica fundamental que en el pasado permitió el poblamiento de diferentes razas, la construcción de grandes imperios y el establecimiento de rutas comerciales privilegiadas que conectaron los territorios de India y China con el mar Mediterráneo. En la era industrial esta privilegiada posición jugó en su contra frente al avance del Imperio Británico, que se apropió sus pozos petroleros y las vías de acceso hacia el espacio árabe y el norte del subcontinente indio (hoy Pakistán), todo facilitado por la instauración de regímenes satélites como el de la dinastía Pahlevi.

PERIODO PRE-IRANIO

Formalmente la historia inicia 5000 años antes del nacimiento de Cristo, a partir de hechos que permiten documentarla como son la invención de la escritura y la revolución agrícola que permitió a seres humanos nómades, incapaces de transformar su entorno, dejar de deambular en búsqueda de animales salvajes y frutos silvestres. Surgieron entonces las ciudades-estado, las élites gobernantes, la religión y la política y al poco tiempo de que estas ciudades-estado comenzaran a guerrear entre ellas, unas lograron imponerse sobre las otras, surgiendo de esta manera los estados confederados y los imperios.

Todo lo anterior aconteció -en épocas diferentes- en los distintos rincones del planeta, siendo el Medio Oriente hace 70 siglos la región que dio el vamos a la civilización. En la tierra emplazada entre los ríos Tigris y Éufrates, llamada Mesopotamia (hoy Irak) surgió la primera gran civilización conocida: los sumerios, de quienes hasta el día de hoy se desconoce su certero origen. Crearon la escritura cuneiforme para graficar en símbolos su lengua, crearon también la rueda y los carros tirados por ruedas, el arado para la siembra, crearon un sistema de horas, días y años en función del ciclo estelar y además de la escritura, inventaron también las matemáticas para organizar la vida comercial de las ciudades. Tan ricas, cultas y poderosas llegaron a ser las ciudades sumerias que al poco andar atrajeron el interés de bárbaros provenientes del desierto de Arabia (los pueblos semitas), otros provenientes de Anatolia y las tierras del noreste (los pueblos indoeuropeos o arios), de modo que la civilización sumeria de los últimos siglos debió ser un amalgama etnocultural plagado de elementos foráneos, al punto que terminó perdiendo su lengua original, en función de una semítica: el acadio.

Bajo este contexto, al rededor del año 4000 a.C., a unos 500 km al este de las grandes capitales mesopotámicas (Ur, Nippur, Babilonia y Uruk) surge la civilización de Elam en Susa: una antigua ciudad del sur de Irán. Los elamitas adaptaron entre otras cosas, la técnica de escritura sumeria para expresión de su propio idioma (de presumible origen afroasiático), desarrollaron un imperio que rivalizaría en grandeza y poder con el de Asiria/Babilonia y que dada su riqueza atrajo en el siglo XV a.C. a un conjunto de tribus iranias, originarias del sur de Rusia que habían comenzado a emplazarse hacia norte de la meseta iraní. En paralelo otras tribus ario-iranias, conocidas bajo la denominación de medos por la historiografía, se internaron en los montes Zagros, no muy distantes de Susa y de las ciudades mesopotámicas, absorbiendo su alto influjo cultural. Surgen así dos nuevas civilizaciones en contienda sobre un territorio "iranizado" tanto en la lengua como en lo étnico: Persia y Media, siendo los persas los auténticos herederos de la antigua Elam.

AUGE Y GRANDEZA DEL IMPERIO PERSA

Persia y Media fueron reinos independientes durante al menos dos siglos. El dominio de Persia se extendió originalmente sobre las áridas regiones de Juzestán y Fars, al sur de la meseta iraní y Media se proyectó hacia las regiones del noroeste, cobijadas por altas montañas, densos bosques, clima cálido y caudalosos ríos. Media tuvo por capital a la ciudad de Ecbatana, otros núcleos importantes fueron Damgan y Pazuwin (actual Qom), de Persia las principales ciudades fueron Susa, Anshan e Istakhr. Astiages, el último monarca medo, fue destronado en el año 550 a.C. por el rey Persa Ciro II el Grande, iniciando con él el Imperio Persa-Aqueménida, que en su máxima extensión -medio siglo más tarde con Darío I- abarcó tres continentes y las actuales: Pakistán, Cachemira (India), Turkmenistán, Afganistán, Irán, Irak, Anatolia (Turquía), Azerbaiyán, Armenia, el Levante Árabe o Gran Siria (Siria, Líbano, Palestina, Jordania), Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Kuwait, Egipto, Chipre, Grecia, Macedonia, Bulgaria y Crimea (Ucrania).

En un principio, los aqueménidas fijaron como capital del imperio a la ciudad de Pasargada (545 a.C.) en Fars, iniciando 25 años más tarde la construcción de una nueva capital política y administrativa (también en la región de Fars), la imponente Persépolis. La capital del Imperio Persa que llegó a contar con cerca de 45.000 habitantes y no menos 40 barrios residenciales, fue edificada por ordenes de Dario I y concluida por sus descendientes Jerjes I y Artejerjes I, con el aporte y conocimientos de miles de artesanos libres provenientes de todos los rincones del imperio y del mundo hasta entonces conocido: indios, lidios, fenicios, babilonios, jonios, egipcios, sirios, etc. No existía por entonces un estilo arquitectónico propiamente persa, el cual comienza a consagrarse a partir del carácter cosmopólita del imperio, albergando e integrándose en Persépolis diversas comunidades como la griega y judía, antecediendo por siglos la existencia de otras ciudades globales o multiculturales como fueron Roma o Alejandría en Egipto.

Mosaico de arqueros persas

Máxima extensión del Imperio Persa con Dario I hacia el 500 a.C.

Además de su implacable poderío militar, el primer gran imperio de los persas destacó por su integración y tolerancia hacia los pueblos conquistados, reflejo de lo cual persiste al día de hoy -por ejemplo- la antigua comunidad judío persa (unas 10.000 almas que residen actualmente en Irán más otras 250.000 en Israel y otras decenas de miles en Estados Unidos) con más de 2500 años de existencia y un gran peso político y económico perenne. El nombre del emperador Ciro II El Grande es de hecho reverenciado 23 veces en el Antiguo Testamento (o Torá judaica), dado que los liberó de su cautiverio en Babilonia, decretando la reconstrucción del Templo de Jerusalén y la autorización para todo exiliado que deseara volver a su tierra de origen. Sin embargo los brotes de nacionalismo nada infrecuentes en las más remotas regiones de un vasto imperio pluralista pero poco cohesionado, sumado al descontento por el alto gravamen impositivo en las satrapías (provincias) y las derrotas militares frente a los escitas en el norte y los griegos en el oeste (las Guerras Médicas) presionan la progresiva disgregación política de los aqueménidas, coronando el fin la muerte de Darío III en el 330 a.C. con la consiguiente conquista del imperio en manos de Alejandro Magno, dando paso a un periodo de helenización consumado en la constitución del Imperio Seléucida que relevó a los persas por casi 300 años, hasta el 63 a.C.

REY DE REYES

Precediendo en 165 años el nacimiento del macedonio Alejandro Magno y en 494 el del romano Augusto, Dario I fue sin duda el primer monarca en consolidar un mega imperio (7.900 km frente los 11.000 km que alcanzó en su auge el Imperio Romano) y gobernar sobre una diversidad de naciones, religiones, reyes y culturas, de ahí su apelativo de "El Grande" que supo llevar con orgullo, repasando su legado sobre piedra en la inscripción de Behistún que perdura hasta la actualidad:
"Habla Darío el Rey: por voluntad de Ahuramazda soy rey. Ahuramazda me entregó la realeza.

Habla Darío el Rey: estas son las regiones que se sometieron a mí. Yo me convertí en su rey por voluntad de Ahuramazda: Persia, Elam, Babilonia, Asiria, Arabia, Egipto, las que están junto al mar, Sardes, Jonia, Media, Urartu, Capadocia, Partia, Drangiana, Aria, Jorasmia, Bactriana, Sogdiana, Gandhara, Escitia, Sattagidia, Aracosia, Maka, un total de veintitrés regiones.

Habla Darío el Rey: éstas son las regiones que se sometieron a mí. Por voluntad de Ahuramazda se convirtieron en mis dominios. Me entregan un tributo. Lo que ordeno para ellas, de noche o de día, lo hacen.

Habla Darío el Rey: en estas regiones al hombre que era leal lo apoyé: a quienquiera que fuese malvado lo castigué. Por voluntad de Ahuramazda estos países respetan mis leyes. Lo que ordeno para ellas, lo hacen".
Necrópolis imperial de Naqsh-e Rostam (نقش رستم) en Fars

Los restos de Dario I son cobijados en la magnífica necrópolis de Naqsh-e Rostam en Fars, donde se inmortaliza también un espléndido epitafio: 
"Yo soy Darío el gran rey… un persa, hijo de un persa, un ario, teniendo un linaje ario…"

Darío I fue llamado en vida Sha-han-sha que en farsi significa "Rey de reyes", su legado una vez más precede al de Augusto al unificar un gran imperio bajo las bondades de la sólida maquinaria estatal, de una eficiente administración de provincias (llamadas satrapías), desarrollo de infraestructura (ciudades, palacios, templos, canales, acueductos, puentes, jardines, mercados cementerios), carreteras, comercio, moneda única, globalización cultural, religión imperial (tolerante con los múltiples cultos del imperio), poder centralizado y ejército único (infantes, armeros, caballería, arqueros), elementos sine qua non a desarrollar por todo gobernante que pretendiese forjar un imperio. Gracias a Darío I el legado cultural de los persas (y de añadido el de siglos de civilización consagrados en Oriente Medio) se expandió desde Cachemira al mar Mediterráneo, desde Egipto al Cáucaso y desde el Mar Arábigo al Mar Caspio y el Mar Negro. Los antiguos griegos, provenientes de una civilización atomizada en múltiples polis, se beneficiaron del universalismo persa y lo replicaron en el Imperio Seléucida consolidando además la fusión cultural greco-persa-egipcia-asiria, la cual pasaría integra al Imerio Romano deviniendo posteriormente en la  "cultura occidental".

LA RELIGIÓN EN LA ANTIGUA PERSIA

El mazdeísmo, también llamado zoroastrismo, fue la religión imperial en tiempos de los aqueménidas y sin lugar a dudas uno de sus mayores legados, replicados algunos de sus principales elementos en las tres religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam), en corrientes mistéricas como el catarismo, el sufismo, el bahaísmo y la teosofía o vertidas en siglos de filosofía islámica y occidental, desde Avicena, Omar Khayyám y Rumi a Descartes, Nietzsche y René Guenón. Sin lugar a dudas proveyó de un fundamento moral y espiritual a la casta gobernante del gran imperio, extendiéndose junto con él y consolidándose como religión principal ya en tiempos de Darío I. Como fue comentado en la primera entrega de esta saga: el mitraísmo, religión persa muy extendida en Oriente Medio hacia el siglo I d.C., fue una expresión que guarda ciertas semejanzas al mazdeísmo y que se internó en el Imperio Romano a partir de migrantes, comerciantes y esclavos provenientes principalmente de las regiones de Siria y Anatolia, transmutándose sus fundamentos espirituales (en convergencia con otros dogmas y credos) en el cristianismo primitivo.

El "faravar", símbolo por excelencia del mazdeísmo

Mazdeísmo deriva de Mazda o Ahuramazda (Ahura Mazda), principal divinidad en el panteón aqueménida: encarnación del Dios de luz todopoderoso y bondadoso, que en una cosmovisión eminentemente dualista tiene por contraparte al mal, la oscuridad, encarnado en la figura de Ahrimán (o Angra Mainyu), un equivalente del demonio en las religiones abrahámicas. Zoroastrismo por su parte, deriva del nombre del profeta Zoroastro (o Zaratustra), místico persa nacido hacia el año 620 a.C. en Rayy, cerca de la actual Teherán y fallecido en el 550 a.C. en Balj, al norte de Bactria (actual Afganistán). Se cree que Zoroastro tuvo una visión de Ahura Mazda pastoreando en las montañas del norte de Irán, en la cual le fue develado que la vida constituye una eterna lucha entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad, debiendo el hombre libre y voluntariamente elegir actuar del lado del bien para su salvación eterna y la vida recta. Zoroastro sintetizó la doctrina mazdeísta en una serie de cantos llamados gathas, los cuales a su vez constituyen el Avesta, probablemente el primer libro sagrado monoteísta. En vida Zoroastro fue el protegido de un rey bactriano, llamado Vishtaspa que incorporó la religión en sus dominios y tras la muerte de Zoroastro comienza a internarse en el espacio persa, hasta convertirse en religión imperial.

LOS OTROS IMPERIOS

Tras la muerte de Darío III, el control del Imperio Aqueménida queda en manos de la confederación greco-macedónica liderada por Alejandro, el Magno, quien extiende sus dominios desde el sur de Italia (Magna Grecia) al norte de la India, comprendiendo toda la extensión consolidada por los persas en las prolíficas tierras de Asia Central, Asia Occidental, Asia Menor y Egipto. La muerte prematura de Alejandro a los 33 años, genera un vacío de poder y la consiguiente ruptura entre sus generales Ptolomeo y Seleuco, quienes se dividen las posesiones greco-persas formando dos nuevos imperios: el Ptolemaico, que engloba a Egipto junto a las islas y costas del Mediterráneo Oriental (Creta, Chipre, Líbano y Palestina) y el Seléucida, que comprende todas las tierras desde el Asia Menor (actual Turquía) y Siria hasta la actual Irán. Descendiente de Ptolomeo, la reina egipcia Cleopatra (69 a.C - 30 a.C.), fue también la última gobernante de la dinastía ptolemaica: culta y poliglota, es posible que además del griego y del egipcio, la reina del Nilo dominara en parte la lengua persa e incluso el latín, un fiel reflejo de la temprana globalización cultural, que se debió en buena medida al impulso de los aqueménidas.

Grecia, Imperio Ptolemaico (Amarillo) e Imperio Seléucida (Verde)

Persia estuvo bajo dominio seléucida por casi 250 años, aunque no logró ser helenizada al mismo ritmo que los territorios ptolemaicos o el Asia Menor, donde la presencia griega echó profundas raíces desde la Antigüedad Clásica. La cultura griega o helenística, mucho más liberal en un cierto sentido, fue percibida como impuesta y decadente por los persas, enfatizándose la ruptura entre Oriente y Occidente. Durante el dominio seléucida, comenzó a gestarse la sedentarización de los nómades iranios en la región de Partia, al norte de la meseta iraní, consolidándose un nuevo reino que hacia el siglo II a.C., en la figura de Arsaces I, se extendió por toda Persia, entrando en conflicto con los seléucidas (las guerras parto-seléucidas) y terminando por expulsarlos de la región, para reconfigurar el legado aqueménida. Inicia de este modo el Imperio Parto que duró cerca de cinco siglos, tuvo 17 emperadores y en su máximo esplendor se extendió por las actuales Irán, Mesopotamia (Irak), Siria, Asia Menor (Turquía), Azerbaiyán, Turkmenistán, Kirguistán, Tayikistán, el sur de Rusia, Afganistán, Pakistán y el norte de la India. 

Imperio Parto (247 a.C. a 224 d.C)

Al igual que los aqueménidas, los partos organizaron administrativamente el imperio en satrapías, fueron tolerantes con los pueblos conquistados, sus tradiciones, religión y cultura y aunque no hicieron del zoroastrismo la religión estatal, siguió siendo la más importante junto con el mitraísmo que se tornó muy popular en Asia Occidental, Anatolia y Siria, pasando posteriormente al Imperio Romano con el cual estuvo en constante pugna, entre los siglos I a.C. y III d.C. Guerras constantes y costosas, tanto con Roma como con los estados tapones, y los reinos limítrofes, además de las constantes correrías e invasiones de escitas y otros belicosos pueblos iranios nómades del norte sumado a disputas dinásticas y nobiliarias, precipitaron el ocaso del Imperio Parto (247 a.C. - 224 d.C.), que será subsiguientemente reemplazado por el Imperio Sasánida o Neopersa (224 d.C. - 651 d.C.), el cual -al igual que ocurriera a los aqueménidas frente a los griegos- es subyugado tras cuatro siglos de existencia por presión de una nueva hegemonía extranjera: los árabes del Califato Omeya, cuya nueva fe: la religión del Islam, se convierte en la mayor contribución cultural transmitida al Irán medieval, aviniendo perfectamente con la profunda espiritualidad de esta noble nación, apegada a la naturaleza, la idea de jerarquía, los valores familiares y la contemplación.

Máxima extensión del Califato Omeya  (661 a 750 d.C.)

Tras el dominio Omeya, siguió el de las dinastía Tahirí (821 A 873 d.C.) y Saffarí (861 a 1003 d.C.), la dominación de los selyúcidas (siglo XI), el Ilkhanato mongol (1256 a 1335) y el Imperio Safávida (1501 a 1736), este último un hito importante en la historia de Irán/Persia puesto que formalizó la instauración del islam chií como religión oficial del Estado, reafirmando la identidad cultural y política iraní, en clara diferenciación con otras naciones islámicas como los árabes, norafricanos, turcos, mongoles e indoarios (pakistaníes, afganos), que decantaron mayormente por la vertiente suní.

EL CHIISMO

A la muerte del profeta Muhammad (Mahoma) en el año 632, se gestó una disputa entre sus seguidores respecto de quién debía reemplazarlo como Califa (líder supremo de los musulmanes), los más tradicionalistas se inclinaron por la dinastía de sangre, convirtiéndose en fervientes partidarios de Alí: primo y yerno del profeta, casado con su hija Fátima, y el resto tuvo una visión más político-normalista, inclinándose por Abu Bakr: amigo cercano y uno de los primeros conversos del profeta y a quien además se atribuye la primera compilación de los hádices (dichos y acciones del profeta Mahoma) que conforman el Corán. 

Abu Bakr, quien sobrevivió apenas dos años a la muerte del profeta, fue investido como primer Califa del Imperio Musulmán entre los años 632 y 634, siendo reemplazado por otro gobernante sin lazos familiares con el profeta: Umar ibn al-Jattab, elección que marginó del poder una vez más a Alí. Umar ocupó el cargo de califa hasta el 644, año en que fue asesinado por un esclavo de origen persa, dicho hecho moviliza a los allegados al poder a inclinarse por otro líder aristocrático sin consanguineidad alguna con el profeta: Uthman ibn Affán. Tal designación enfada enormemente a los partidarios de Alí (Shi-at-Alí en árabe o chiitas en español) quienes no reconocen al nuevo Califa e invisten en paralelo a Alí. Emerge aquí no sólo el primer quiebre político al interior del mundo islámico, sino también un cisma espiritual y dogmático perenne, que dio forma a las dos principales ramas de la religión islámica: los "chiitas" y los normalistas o "sunitas".

Mezquita del Imán Hussein en Kerbala (Irak), donde yacen los restos del mártir, hijo de Alí y nieto de Mahoma. Es uno de los principales centros de peregrinaje del mundo chiita.

El posterior asesinato de Alí en el 661 por parte de las facciones allegadas a Uthman y la muerte prematura de sus hijos: Hassán, envenenado en el 670 y Hussein, muerto en batalla en el 680, configuran  la génesis doliente del chiismo, que los considerará en adelante sus principales mártires e imanes (guías espirituales que trascienden la muerte física), además de haberlos reconocido como sus califas. Más adelante en la historia, el chiismo vivirá sus propios cismas: de los cuales emergen el chiismo septimano (reconocimiento de siete imanes), duodecimano (doce imanes) e ismaelismo, distinción en la que no profundizaré en esta oportunidad. 

Lo que sí consigna mencionar es la relación preferente de los persas por la rama chií del islam: este hizo su aparición en Persia hacia el siglo VII con los abasíes (emparentados con el profeta y que instauraron un califato en Bagdad), penetrando de manera muy marginal en algunas regiones y en desventaja absoluta frente a la preminencia suní. No fue sino hasta comienzos del siglo XVII, con la conquista de Ismail I Safaví y la consiguiente formación de la dinastía safávida, que Persia se decanta por el chiismo como religión estatal, lo cual puede leerse como una estrategia de diferenciación política frente a sus vecinos y potenciales rivales árabes, turcos y mongoles, además de una inclinación natural, dado el componente místico fácilmente asociable a la espiritualidad aria y a la tradición mazdeísta. La dinastía safávida gobernó Persia hasta 1736, siendo sucedida por la dinastía qajar que consolidó aún más la influencia chiita en Irán. Finalmente, en 1979, la Revolución Islámica liderada por Ruhollah Khomeini destronó al último Shá, trajo de regreso la Teocracia y consagró al chiismo como religión oficial de Irán.

MODERNIDAD E IMPERIALISMO

El concepto Era Moderna en términos de historia, comprende los hechos acontecidos entre los siglos XV y XVIII, una época que inicia con el descubrimiento de América y finaliza con el iluminismo o "siglo de las luces", génesis de la Revolución Francesa y el comienzo de los movimientos independentistas americanos. En las eras precedentes, el progreso mundial orbitó en torno al espacio Mediterráneo, Oriente Medio (incluyendo Irán) y China; núcleos de las primeras civilizaciones agrícolas; la modernidad por su parte se desplegó desde el Atlántico y las naciones e imperios mercantiles (España y Portugal primero, Gran Bretaña, Francia y Holanda más tarde) que dominaron las rutas comerciales hacia las Américas, circunnavegaron África, tocaron las costas de Asia Oriental y forjaron colonias en tierras lejanas, explotando la mano de obra local (como esclavos en los primeros siglos, como proletarios después) y extrayendo sus materias primas a bajo coste. 

Los grandes triunfadores al final de la era moderna serán sin duda los británicos, que de simples piratas y corsarios, se convirtieron en fastuosos navegantes, forjando el mayor imperio marítimo de la historia, logro al que se sumará en la era siguiente la Revolución Industrial, que les impondrá la necesidad de comerciar con el resto del planeta todo el excedente manufacturero generado en las islas británicas (producto de las economías de escala que facilitó el maquinismo) y abastecerse de los insumos necesarios para producirlos en los distintos puntos del planeta donde emplazaron sus colonias y factorías, la mayor de las veces: a sangre y hierro. Los británicos protagonizaron el devenir del planeta por espacio de cinco siglos y su primera interacción con el mundo persa-iraní ocurre bajo este contexto de imperialismo, a partir del lance conocido como "El Gran Juego" (1837).

Pintura que ilustra la guerra Anglo-Persa (1856)

En pleno siglo XIX, cuando se desarrolla el "El Gran Juego" Irán, cuna de civilizaciones, estaba lejos de ser ya un actor influyente en la política regional, mucho menos global. Sólo el Imperio Otomano -aunque ya menoscabado- se mantuvo como principal referente geopolítico del mundo islámico, pero con muy poca relación e influencia sobre la vecina Persia, dado que los otomanos y la mayor parte de sus súbditos (con excepción de los territorios dominados en la Europa Balcánica) profesaban la fe suní, y en Persia, como se dijo, desde los safavíes en adelante, domina el chiismo. El Gran Juego que se extiende hasta comienzos del siglo XX, consiste en la lucha geopolítica entre el Imperio Británico y el Imperio Ruso por controlar la región de Asia Central y el Cáucaso, colindante con una Rusia zarista en expansión y que se proyectaba hacia a mares cálidos: el Océano Índico o el Mar de Arabia para dominar el comercio marítimo con India y China desde el propio continente, conectando Rusia con los puertos asiáticos a partir de una vasta infraestructura ferroviaria.

En conocimiento de los planes rusos, los británicos buscan expandirse por Asia Central para resguardar el dominio de la India ("la joya del imperio") y mantener su posición mercantil privilegiada en los puertos sudasiáticos, con una China cautiva, un Extremo Oriente prometedor y un mundo árabe que tarde o temprano sería dislocado del Imperio Otomano para beneficio británico; El Gran Juego es de hecho la antesala de la clásica Teoría del Heartland, desarrollada por el geógrafo inglés John Mackinder (1867-1941) la cual supone que "quien domine Asia Central dominará Eurasia, y quien domine Eurasia dominará el mundo", desde la cual se explica en gran medida la política internacional de las potencias de la anglósfera, primero el Imperio Británico, después EE.UU.

El Gran Juego tuvo sus corolarios a lo largo de todo el siglo XIX y parte del XX. Los británicos intentaron subyugar sin éxito al indómito pueblo afgano, lo cual les provocó varias bajas en la Primera (1839 a 1842) y Segunda Guerra Anglo-Afgana (1878 a 1880), aunque se mantuvieron expectantes a que su fracaso no condicionara el éxito de los rusos y que Afganistán se mantuviera como un Estado tapón entre Rusia y sus colonias de la India. Rusia por su parte, logró apropiarse la región del Turquestán, allanó camino al Imperio Otomano en el oeste, liberando de su yugo los estados transcaucásicos y continuó pujando por obtener una salida hacia el Mediterráneo. Sin quedar exenta de estos eventos, Persia fue sindicada en el Tratado Anglo-Ruso de 1907, que en teoría pone fin al Gran Juego, pero sacrificando la soberanía de naciones como la iraní que se vio segmentada en zonas de influencia: rusa en el norte y británica en el sur, donde a la postre se encuentran los principales recursos energéticos del país. 

DINASTÍA PAHLAVI

Gran Bretaña tuvo un dominio significativo sobre el petróleo iraní, desde la década de 1900 hasta la Revolución Islámica de 1979, fraguando un vergonzante golpe de Estado (apoyado por EE.UU.) contra el gobierno del Primer Ministro Mohammed Mosaddeq en 1953, esto con el fin de restaurar el control británico sobre la industria petrolífera iraní, la cual había sido nacionalizada en 1951. En espacio de esas siete décadas dos dinastías gobernaron Persia: la Dinastía Qajar (1794-1925) y la Dinastía Pahlavi (1925-1979), ambas acusadas de ser meros instrumentos en manos de los británicos que siempre tuvieron fama de apoyar a gobernantes débiles como meros titulares del poder, sometidos a las ordenes del imperio.

Mosaddeq, intentó auditar los documentos de la Anglo-Iranian Oil Company (AIOC) y limitar su control sobre las reservas de petróleo iraníes. La AIOC se negó a cooperar y el parlamento iraní votó a favor de nacionalizar la industria petrolera, lo cual desencadenó un boicot económico global instigado por los británicos, coronando con un golpe de Estado apoyado por la CIA (Central de Inteligencia Americana) que junto con desencadenar una represión que acabó con la vida de cientos de iraníes, derrocó, encerró y acabó con el gobierno constitucional de Mosaddeq, entregando mayor poder plenipotenciario al Shá Reza Pahlavi, quien en adelante gobernará Irán con el beneplácito de la anglósfera durante 26 años hasta su justo derrocamiento por mano del Ayatollah Khomeini en la emblemática Revolución Islámica de 1979.

LA REVOLUCIÓN ISLÁMICA

Las desigualdades sociales, las reformas económicas fallidas, la corrupción y sobre todo el servilismo y la desconexión de la Dinastía Pahlavi y del conjunto de la nobleza con la realidad iraní fueron caldo de cultivo para una revolución política aunque -a ojos externos y en plena Guerra Fría- no fue previsible que esta surgiera por el lado de los clérigos y el modelo de teocracia como finalmente aconteció. Figura clave en este proceso fue el Ayatollah Ruhollah Khomeini, religioso chiita del más alto rango en estudios islámicos, nacido en 1902 en Jomein en el centro de Irán. Khomeini tenia una clara visión sobre el gobierno, la justicia social, la economía, la religión y la autoridad, las cuales consideraba integradas en la sharia o ley islámica, ergo, un gobierno islámico -a su juicio- sería la solución para erradicar la corrupción, lograr un desarrollo equitativo integrando a toda la población iraní, en especial a los pobres y dar la cara al imperialismo que había desollado a la nación.

Las ideas y convicciones de Khomeini, nutridas en gran medida por los planteamientos de Sayyed Qutb (1906-1966), padre del islam político, así como por las lecciones empíricas del socialismo árabe de Gamal Abdel Nasser en Egipto, además del elemento conservador/tradicionalista propio de la religión y un marcado anti sionismo y antiimperialismo, lo pusieron en la mira de la Dinastía Pahlavi y dado el creciente prestigio y autoridad que había alcanzado entre religiosos y laicos descontentos de todas las edades y su llamado a la rebelión popular, fue encarcelado y posteriormente exilado, radicándose en Turquía (1964), Irak (1965-1978) y posteriormente en Francia (1978-1979).

El Shá junto al presidente estadounidense Richard Nixon (1973)

El exilio no aplacó al clérigo que continuó predicando y escribiendo a diario contra los excesos e incompetencias del Shá y sobre la beatitud que prometía una república islámica frente a los vicios del régimen. Las posibilidades tecnológicas de la época, ayudaron a propalar su prédica combatiente por la vía de pasquines, emisoras de radio pirata y casetes que fueron duplicados y compartidos por mano entre una población agudamente descontenta, que encontró sentido y esperanza en el proyecto de Khomeini, volcándose a las calles con manifestaciones y huelgas que se prologaron durante todo 1978, presionando al gobierno del Shá a declarar ley marcial el 7 de septiembre, hecho que no limitó a los opositores a reunirse al día siguiente en la plaza de Zahlé para lo que sería una nueva manifestación multitudinaria, esta sin embargo fue silenciada por los militares que abrieron fuego sobre los manifestantes, terminando con la vida de un centenar, un episodio que será tristemente recordado con el nombre de "Viernes Negro".

El descontento contra el Shá y la popularidad de Khomeini sólo se incrementaron en los días y meses posteriores al viernes negro. La población enardecida a la que se sumó también buena parte de los militares, exigió la repatriación del clérigo y el fin de la dinastía, lo cual finalmente ocurrió a comienzos de 1979: el 16 de enero el Shá se autoexilia de Irán piloteando su avión (fallece al año siguiente en Egipto afectado por un cáncer), queda en su lugar el primer ministro Shapur Bajtiar quien busca aplacar el descontento y negociar la paz. Muy a su pesar, Bajtiar trajo de regreso a Khomeini en febrero, siendo recibido en las calles de Teherán por tres millones de personas. El 11 de febrero Bajtiar es expulsado del poder, quedando establecida la República Islámica de Irán, mezcla de democracia y teocracia, con el Ayatollah Khomeini a la cabeza.

Khomeini ovacionado por la multitud

LA GUERRA CON IRAK

Al año siguiente de la asunción de Khomeini como Líder Supremo de Irán, estalla una guerra prolongada con la vecina Irak. En párrafos anteriores repasamos someramente la estrecha conexión existente entre Irán (Persia) e Irak (Antigua Mesopotamia) que hunde raíces hacia los inicios de la historia 5 a 4 milenios antes de Cristo, aunque hacia 1980 predominan más los factores de división que de cohesión entre ambas naciones: Irak era por entonces un estado árabe, secular y nacionalista, convivían en ella minorías étnicas rezagadas (25%) de kurdos, yazidis, turcomanos, caldeos, asirios y judíos, una mayoría religiosa chií (65%), que constituye las capas populares de la sociedad, generalmente marginada en términos de representación política y una minoría suní (35% del total de la población) que constituía la clase gobernante con el partido Baath (nacionalista árabe) a la cabeza.

La combinación de elementos referidos gatillan la inquietud del por entonces presidente y líder iraquí Saddam Hussein, quien vio en el ascenso de Khomeini una potencial viralización del empoderamiento chií en la región, que podría impulsar en lo mediato a la mayoría religiosa de Irak, que además sentía gran admiración por el clérigo iraní y profesaba una simpatía evidente por la República Islámica. A lo anterior se suma el contencioso por la región de Shatt-al-Arab y la geopolítica de la Guerra Fría consumada en el interés latente de Occidente por diluir la República Islámica de Irán y reposicionar a su aliado el Shá Reza Pahlavi en el poder. El exacerbado antiimperialismo del gobierno clerical y su virtual alineamiento con la Unión Soviética (impresión a la que ayuda el apoyo recibido por parte de los socialistas y del partido comunista iraní para derrocar al Shá, el cual fue desestimado tras alcanzar el poder), induce a Occidente a financiar al gobierno baazista de Hussein (fácilmente definible como nacionalista de derecha y reconocido por encarcelar y torturar a los marxistas árabes y kurdos) para presionar una guerra contra el régimen del Ayatollah.

La guerra entre Irán e Irak se prolongó durante ocho años (1980-1988), saldó más de un millón de muertos (entre soldados y civiles) y desgastó ambas economías, no tuvo un claro ganador, pero detrás de ella pesaron más los intereses de las potencias que de los países en conflagración. Años después Occidente le da la espalda a Sadam Hussein y tras la invasión de Kuwait, los Estados Unidos le declaran la guerra a Irak en 1990, 15 años más tarde, en 2006, sentenciado por crímenes contra la nación bajo un gobierno provisional (de mayoría chií y tutelado por EE.UU.) el líder baazista moriría en la soga. Khomeini por su parte, falleció el 3 de junio de 1989, tenía 86 años al momento de su muerte, gobernó durante nueve años la República Islámica que él mismo fundó, gran parte de los cuales estuvo en guerra con Irak, país que lo acogió en su exilio.

CRISOL ÉTNICO

Irán es una nación multicultural con cerca de 86 millones de habitantes, proyectando alcanzar los 100 millones en 2050, ocupa el puesto 17 entre los países con mayor población en el planeta. Se dice de Irán que es un crisol étnico, pues conviven en su territorio una quincena de pueblos de origen y lenguas diversas, provenientes del tronco ario-iranio, turco-mongol, semita, caucásico e indo-ario. La mayoría de iraníes (66%) son de origen persa como sus más remotos y célebres antepasados, seguidos por una minoría significativa de azeríes (16%), de origen turco, arribados a la meseta hacia el siglo XI, otra minoría relevante es la de los kurdos (10%), probables descendientes de los medos, un 2% de baluchis (también iranios), árabes del Juzestán (3%), turcomanos (2%), guilakíes del Mar Caspio (3%), judíos (0,01%), armenios (0,4%), asirios (0,02%), parsis (descendientes de los antiguos persas que aún profesan el zoroastrismo) y afganos (3%), estos últimos una población incrementada en calidad de refugiados y mano de obra poco cualificada.

La economía de Irán se basa principalmente en la industria extractiva del petróleo y gas, posicionándose entre los 10 primeros productores mundiales, otras industrias significativas son la textil, petroquímica, maquinaria agrícola, automotriz y de defensa. El gran lastre en el desarrollo económico de Irán siguen siendo las sanciones occidentales promulgadas contra la política de enriquecimiento de uranio, aunque actualmente, en un mundo que avanza a pasos agigantados hacia la multipolaridad, Irán comienza a compensar en sus aliados asiáticos y en los BRICS todas las limitaciones, barreras y costos de oportunidad perdidos, impuestos por Occidente. Un gran desafío por delante que tiene en sus manos el régimen de la República Islámica es el de integrar a las minorías étnicas al desarrollo y mejorar la calidad de vida a un 40% de la población (34 millones de iraníes) que vive bajo el umbral de la pobreza, con menos de 7 dólares al día.

LOS PARSIS

Con una población aproximada en torno a 20.000 personas, los parsis son la comunidad ancestral de Irán, practicantes de la religión mazdeísta o zoroastriana legada desde tiempos de los aqueménidas (siglo VI a.C.). La gran mayoría de parsis iraníes reside en la capital Teherán y en la ciudad de Yazd, donde se preservan algunos de sus emblemáticos templos del fuego, símbolo de purificación y limpieza espiritual. 

Pese a ser una comunidad cerrada, los parsis iraníes destacan en el ámbito empresarial y en las profesiones liberales, aunque con un impacto menos significativo en la economía iraní que el de sus congéneres parsis de la India (emigrados hacia el año 1000 d.C., tras la conquista islámica de Persia), una pujante comunidad de 60.000 almas de la que destacan importantes clanes empresariales como el de la familia Tata o la familia Wadia y de la que derivó también el icónico cantante de Queen Farrokh Bulsara, alias Freddie Mercury. Existe otra pequeña comunidad parsi en Pakistán, de no más de 2.000 personas que reside en las ciudades de Karachi y Lahore. La festividad por excelencia de los parsis es el Nowruz o año nuevo persa, celebrado el 21 de marzo.

Representación de una familia parsi, realizando el ceremonial del fuego

JUDÍOS IRANÍES

Otra de las comunidades más antiguas de Irán y de las más ricas en tradición e historia de entre toda la colectividad judía del planeta. Los judíos iraníes cargan a sus espaldas 2500 años de historia y su integración a la civilización persa se dio en tiempos de los aqueménidas, con Ciro el Grande. Su principal actividad es el comercio (mayorista y minorista) que desarrollan en los bazares, actividad en la que destacaron desde muy temprano, comerciando especias que transitaban por la antigua Ruta de la Seda, la industria artesanal (orfebrería, alfarería, textilería) es también otro de sus fuertes, en especial la confección de alfombras, cuyos precios pueden oscilar entre los 20 a 20.000 dólares. 

Hacia comienzos del siglo XX, la comunidad judía estaba integrada por unas 100.000 personas y actualmente se cifra en unas 10.000 que reside básicamente en las grandes ciudades como Teherán, Isfahán, Shiraz, Yazd y Kermán, buena parte de los judíos iraníes emigraron a Estados Unidos e Israel durante el siglo pasado. Bien integrados y leales al régimen de la Revolución Islámica, la comunidad judía local tiene reservado un escaño en el parlamento, manifestando poca conexión y simpatía por el movimiento sionista internacional.

EL IRÁN MODERNO

Pese a la complejidad de sobrellevar las sanciones económicas impuestas por Occidente, el Irán contemporáneo ha logrado avances considerables en las áreas de las ciencias y la tecnología, gracias a la formación de buenos profesionales y el desarrollo de sectores estratégicos como son hoy en día la robótica, la inteligencia artificial, ciberseguridad, biotecnología, IoT, domótica y realidad aumentada, entre otros. Las universidades iraníes han formado a un numero considerable de científicos, ingenieros y técnicos altamente competitivos, lo cual ha sido una constante en los últimos cuarenta años.

Sin duda, uno de los logros más notables del Irán moderno es la fabricación de drones y vehículos aéreos no tripulados (VANT) de la más alta tecnología, utilizados para operaciones militares. Los VANT iraníes han sido empleados con éxito en diversos escenarios y conflictos: los ataques de precisión rusos contra objetivos ucranianos, la identificación de red points en territorio israelí por parte de Hezbolá y en la guerra de desgaste de los hutíes yemeníes contra Arabia Saudita, y más recientemente contra los buques de guerra estadounidenses instalados en el Mar Rojo. Irán destaca también en el campo de la robótica, diseñando y confeccionando complejos robots para automatizar procesos industriales y en el campo de la biomedicina investigadores iraníes han innovado sistemas de dosificación de medicamentos empleando nanopartículas, lo cual podría revolucionar el tratamiento de múltiples enfermedades.

Ingenieros iraníes junto al robot humanoide Surena IV

LA NUEVA RELEVANCIA GEOPOLÍTICA DE IRÁN

El peso político y estratégico de Irán en el mundo se ha consolidado enormemente en los últimos años, bajo las complejas dinámicas y equilibrios de poder en Oriente Medio y el mundo. Actor clave en Asia Occidental y el mundo islámico, Irán es desde tiempos de Khomeini principal referente del eje de la resistencia contra un imperialismo que desde los años 90 a la fecha incubó decenas de conflictos y desintegró estados completos con el fin de asegurar las relaciones de dependencia y beneficiar la posición de Israel en la región. Sus estrechos vínculos con Rusia, China y la India, además de la gran riqueza en recursos energéticos y su posición dominante sobre las rutas del crudo (estrecho de Ormuz, Mar Árabigo) ha puesto a Irán en el centro de los grandes proyectos de infraestructura global como son la iniciativa de la Franja y de la Ruta, consolidando su relación con los BRICS (a los que se incorporó en 2023) de cara a un orden multipolar.

Siendo un país no árabe, grande es la influencia ejercida por Irán sobre países de cultura árabe como Siria (régimen de Assad), Líbano (vía Hezbolá), los hutíes de Yemen y hoy en día Irak, tendiendo el puente su representación espiritual del mundo islámico chií y ante todo la consigna de resistencia contra Israel, el injerencismo occidental y el accionar de los aliados árabes (Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Catar, principado de Bahréin), cómplices en las políticas beligerantes de la región, entre ellas la financiación y adoctrinamiento de terroristas. Irán es un país bajo la constante mira de Estados Unidos y de la OTAN, quienes no lo han intervenido directamente, prevenidos por su poder tecnológico/militar, su descentralización y dispersión de fuerzas en la región, el potencial desarrollo de armamento atómico y por su estrecha cercanía con la poderosa Rusia: realismo político en todas sus letras.

EPÍLOGO

Contar la historia de un país y más bien de una civilización tan vasta y trascendental como la iraní es una tarea titánica que es mejor dejar a los enciclopedistas, pero he aquí mi mejor esfuerzo por resumirla, por alumbrar hechos y verdades que los grandes medios de comunicación encubren y que la generalidad de las personas desconoce. Irán es un país formidable, como maravillosa es también su gente: amable, comunicativa, desprendida, familiar; cualidades que -en nuestro terruño- se encuentran con mayor facilidad en el mundo rural que en el urbano y con toda probabilidad es por esta razón que la mayoría de iraníes no congenia con la adusta mentalidad occidental, que conocieron de la peor forma mediante el imperialismo ramplón de los británicos (desde las guerras anglo-persas de mediados del siglo XIX al golpe de estado a Mosaddeq en 1953) y hoy en día de los norteamericanos. 

No reniegan de la modernidad, no viven de espaldas al progreso, pero su visión del tiempo es distinta a la nuestra, miles de años de historia modelan un carácter diferente. Una nación cohesionada, orgullosa de su historia, ayer adoradores del fuego, hoy feligreses de las mezquitas. Maestros del arte, la filosofía, las matemáticas, la astronomía, el urbanismo y la política desde hace 6000 años, hoy las grandes mentes iraníes diseñan complejos algoritmos de inteligencia artificial, los jóvenes ingenieros e ingenieras sueñan con unirse a la carrera espacial, mientras el ingenio militar se empeña en reequilibrar el poder regional y los diplomáticos en rediseñar relaciones internacionales más ventajosas, colocando a Irán y a Oriente Medio en su justo pedestal.

SAGA

miércoles, 29 de abril de 2015

La Marcha de los Iranios (Parte II): Pakistán, Afganistán, Asia Central, el Cáucaso y Anatolia


La segunda parte de este ensayo, aborda características etno-culturales de numerosos pueblos contemporáneos de Eurasia, descendientes de los antiguos ario-iranios y reafirma mi tésis de que la historia y los misterios que encubren tradiciones y creencias ancestrales del viejo mundo, en parte, no pueden comprenderse sin la influencia de aquellos míticos magiis y guerreros-pastores, de los que en gran medida descienden las actuales naciones de Medio Oriente (no sólo los persas, sino también los árabes del Levante y los turcos anatolios), los judíos azkenazíes y los pueblos eslavo-parlantes de Rusia, Ucrania y la ex Yugoslavia.

El pasado es un eterno presente para las civilizaciones avanzadas o agrestes que fluctúan desde el corazón de Eurasia, y su alcance territorial -que replica la dispersión de los antiguos pueblos iranios- es lo que analizaré a continuación desde la vereda etnográfica.

Corazón de Asia. En colores: los límites formales del Asia Central, correspondientes a los países de Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguistán y Tayikistán al este del Mar Caspio y Azerbaiyán, Georgia y Armenia en el Cáucaso. En estas regiones -y las circundantes- transitadas desde siempre por pueblos caucásicos (indoeuropeos, circasianos, semitas), mongoles y dravidianos, se produjeron algunas de las grandes civilizaciones del pasado.
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 ETNIAS EMBLEMÁTICAS

El siguiente glosario, analiza características culturales, históricas y religiosas propias de algunas poblaciones emplazadas en Pakistán, Afganistán, Asia Central, el Cáucaso y Anatolia, que en general pertenecen a dos conjuntos raciales: Iranios y Túrquicos. Los pueblos llamados "túrquicos" son aquellos que emplean como lingua franca un idioma uralo-altaico de orígen mongol, sin embargo en lo racial constituyen una hibridación caucásico-mongoloide, con antepasados de raza irania como los sekes (escitas), los medos y los sármatas. Similar cuestión acontece con los pueblos iranios, cuya clasificación racial deriva también de la lingüística.

 IRANIOS DEL ESTE DEL MAR CASPIO

  •  Burusho
Pueblo proveniente de la región montañosa de Gilgit-Baltistán, que bajo control político de Pakistán, delínea la frontera con Afganistán, la India (Cachemira) y China. Los burusho que ascienden a unas 90.000 almas, habitan sobre un verdadero paraíso en la tierra, rodeados de lagunas, cimas nevadas y verdes prados donde practican su deporte favorito: la equitación.

En su mayoría son practicantes del islam chií, probablemente con altas cuotas heréticas, dado que abrazaron tardíamente el islam y previo a él eran animistas y chamánicos. En general poseen un fenotipo ario de gran pureza, con alta frecuencia de genes nórdicos, que sobrevive a raíz de un histórico aislamiento.

Existe en Gilgit-Baltistán un movimiento de autonomía -o derechamente separatista- que grafica en su bandera una esvástica (el símbolo ario por excelencia) y pretende obtener la soberanía política de los burusho sobre su región.

  •  Pamires
Pueblo emplazado en la región de Badaksán, que comprende parte de Tayikistán, Afganistán y Pakistán, aprox. unos 350.000 individuos. La gran mayoría de pamires profesa el ismaelismo: una variante mística del islam chií y su fenotipo es básicamente caucásico (con trazas nórdicas) e hibridación mongoloide.

  • Hazaras
Es una de las naciones más populosas de Afganistán, presentes también en el norte de Pakistán e Irán, aprox. unos 10 millones de habitantes. La mayoría de hazaras son musulmanes chiíes ismaelitas y su fenotipo, mucho más mongoloide que caucásico. En opinión de algunos historiadores, genetistas y antropólogos, los hazara serían una versión contemporánea de los jázaros medievales, tribu de la que habrían derivado los judíos azkenazíes.

Bandera de la nación burusho. La luna y la estrella -referencia al Islam- es un simbolismo ancestral de los pueblos (semitas) del desierto de Arabia que propagaron la religión, mientras el arco y la flecha dorada representa al divino Sol de los arios. Las montañas por su parte, son un simbolismo postdiluviano y se consideran sagradas desde tiempos inmemoriales, estas sirvieron también de fortaleza a los pueblos iranios frente a la absorción racial y espiritual de naciones colindantes.


  • Pashtun
Son una de las poblaciones iranias más populosas, la más extendida en el territorio de Afganistán y la segunda en Pakistán (detrás de los punyabi que son de orígen indo-ario y dravidiano), con unos 50 millones de almas repartidas entre la región de Baluchistán (en Pakistán), las riveras del río Amu Darya que cruza las fronteras del Asia Central y Afganistán y las del río Indo que conecta la India, Pakistán y China.

En general, caucásicos de fenotipo mediterráneo, constituyen la clase dirigente de Pakistán y Afganistán, conservándose ciertas "bolsas" de pureza racial (nórdica) en el norte de Pakistán y las montañas al suroeste de Afganistán. En su larga historia en la región, los pashto registran numerosas razías de otros pueblos invasores de Oriente y Occidente, tales como los griegos y macedonios (invasión de Alejandro Magno en el siglo III a.C.), los partos, los hunos, los árabes, los turcos y otras tantas oleadas de pueblos mongoles.

La religión predominante de los pashto es el islam suní, y de su seno han surgido los movimientos militar-político-religiosos más fundamentalistas de Asia, como el Talibán de Afganistán y otras múltiples facciones yihadistas que han elevado armas contra el comunismo, el imperialismo británico (y hoy por hoy americano), la Unión Soviética o las minorías de cristianos y musulmanes chiíes.

  • Baluchis
Pese que algunas bibliografías consideran que existen en Asia más de veinte millones de personas que hablan la lengua baluchi, los censos oficiales indican que estos no son más de nueve millones de iranios, que constituyen poblaciones minoritarias en Pakistán, Irán y Afganistán y que dada la cercanía han emigrado también a países de la Arabia petrolera como los Emiratos, Omán y el reino de Bahrein. El 80% de los baluchis radica en Pakistán, entre las regiones de Baluchistán, Sind y el sur del Punyab. La gran mayoría son musulmanes suníes, viven de la actividad agrícola y del pastoreo, siendo aún nómades en los márgenes de su geografía vital.

  • Tayiks
Unos treinta millones de iranios, que dan nombre patrio a Tayikistán, pero que viven principalmente en Afganistán (40% total de tayiks) y están repartidos por toda la geografía del Asia Central, Pakistán y Rusia.

Fenotípicamente arios, aproximadamente un 10% de su población es rubia. Previo a la llegada del Islam, los tayik practicaban religiones propias de Irán y de la India: el zoroastrismo y el budismo, profesando en la actualidad -en su gran mayoría- el islam suní.

Los conflictos ento-religiosos en Afganistán y su lucha independentista contra la Unión Soviética en Tayikistán impulsaron un espíritu nacionalista que los ha hecho abrazar aún más sus tradiciones, a la religión del islam y su orgullo racial.

Niñas pakistaníes de etnia baluchi

IRANIOS DEL CÁUCASO Y ANATOLIA

  • Osetios
Pueblo del Cáucaso, ligado a los antiguos alanos (ver La Marcha de los Iranios Parte I) que en el siglo V de nuestra era, irrumpió junto a las tribus germánicas en el Imperio Romano de Occidente, acelerando su destrucción y formando un reino en el corazón de Hispania (España-Portugal). La población osetia se encuentra dispersa por países que fueron parte del suroeste de la órbita soviética, poseyendo soberanía sobre un pequeño estado llamado "Osetia del Sur" y reclamando como parte integral de su historia e identidad a la "Osetia del Norte", cuya población es mayoritariamente osetia, pero forma parte del territorio ruso.

Unos 800.000 osetios residen actualmente en su área vital: la región del Cáucaso, de los cuales la gran mayoría son cristianos ortodoxos, seguidos de musulmanes sunítas y una minoría pagana que eleva sus rezos a Uastyrdzhi, divinidad que representa al Sol y a la guerra: un arquetipo propio de la raza ario-irania.

  • Armenios
Una etnia irania de orígen persa, enclavada en la región del Cáucaso y que en lo racial posee un fenotipo estabilizado, corpulento, de rasgos mediterráneos, cráneo braquicéfalo y nariz aguileña: el "armenoide", común también en Anatolia (Turquía), en la "Gran Siria" o región de Levante (Siria, Líbano, Jordania, Palestina) y entre los judíos azquenazíes. Entre los armenios no es menos frecuente tampoco el fenotipo alpino (como el de sus vecinos georgianos y osetios) y el nórdico.

La religión prioritaria y básicamente el motor de la historia de Armenia es el cristianismo, practicado con ritos propios. No por nada fue este el primer territorio en abrazar la religión de Cristo y uno de los más acérrimos a la hora de defenderlo de los enemigos paganos y del islam.

La población de Armenia, supera apenas los tres millones de habitantes, pero fuera del país viven aproximadamente 4,6 millones de armenios, la mayoría de ellos en la vecina Rusia, y el resto en Oriente Medio (Irán, Siria, Líbano), en Estados Unidos, en Grecia y en América Latina (principalmente en Argentina). En el multiétnico estado turco radicaba aproximadamente un millón y medio de armenios, que en el año 1915 fueron víctimas de uno de los peores holocaustos de la historia, llevados a cabo por motivos de homogeneización racial y religiosa. Al día de hoy el moderno estado turco no ha reconocido este gravísimo atropello a los derechos humanos.

  • Kurdos
Pueblo iranio del Medio Oriente, emplazado en la región del Kurdistán (que forma parte de Irán, Irak, Turquía y Siria), parece ser que los kurdos están más relacionados étnicamente con poblaciones como los baluchis y burusho de Afganistán/Pakistán que con el pueblo persa (iraníes), formulándose varias teorías al respecto como la de un orígen en el Imperio Medo (antigua población irania del norte y las montañas de Irán) que habría dispersado colonos y contingente guerrero por todo el Medio Oriente y el Asia Central. Otras teorías relacionan a los kurdos con los mitani: uno de los pueblos arios más arcaicos del Medio Oriente, extendido por Mesopotamia (Irak) y Siria, contemporáneo de los míticos hititas de Anatolia.

La población kurda del Oriente Medio supera ampliamente los treinta millones de habitantes (20% en Turquía, 20% en Irak, 15% en Siria, 10% en Irán, 30% en el Cáucaso y Rusia) y reclaman con justicia autonomía sobre el Kurdistán, territorio con una superficie de unos 390.000 km², con amplísimas reservas de petróleo y gas que explican la presencia de Estados Unidos en Irak y la estrategia geopolítica de las potencias -tras la desmembración del Imperio Otomano (1924)- de dividir el territorio del Kurdistán entre cuatro países, impidiendo el desarrollo y autodeterminación de esta populosa nación, sumida actualmente en una anarquía que combina la lucha de clases marxista con la radicalización islámica.

La mayoría de kurdos son musulmanes suníes, pero en la órbita iraní hay también varios grupos de musulmanes chiíes, como también kurdos cristianos, kurdos que practican el judaísmo (o son parcialmente judíos), mazdeístas o zoroastrianos y yazidistas, estos últimos una religión hermética muy mística -de claras reminicencias arias- que rinde culto a dos divinidades: la primera es ALLAH (el Dios altísimo) y la segunda el Ángel-Pavo Real "Melek Taus" (o Lucifer), según la tradición: portador de la iluminación de la raza humana. 

  • Zazas
Son una minoría racial irano-persa que radica en las regiones rurales del este de Turquía, aprox. unos cinco millones de habitantes. La mayoría de zazas practican una variante mística del islam chií, llamada alevismo y el resto son musulmanes sunitas, como la nación receptora.

Bandera del Kurdistán. Sus colores son prácticamente los mismos que los de la bandera iraní, con la salvedad de su símbolo central: el Sol Invictus.


PUEBLOS TÚRQUICOS
 
  • Kazajos
Pueblo emplazado al norte de Asia Central: en la región de Kazajistán, también en parte de Rusia y en el noroeste de China. El fenotipo de los kazajos es básicamente mongoloide, aunque no es nada inusual en ellos la coloración clara en ojos y cabellos.

Su sociedad y forma de organización tribal ha variado muy poco desde la antigüedad, con la salvedad de sus tradiciones religiosas, provenientes del Medio Oriente. Los 17 millones de kazajos, son en su mayoría musulmanes suníes.

  • Uzbekos
Son la populosa nación (30 millones aprox.) que da nombre a Uzbekistán y se extiende también por todo el Asia Central, Afganistán, Pakistán, Rusia y Ucrania. Su confesión mayoritaria es el islam suní, pero existe también amplios conjuntos de población uzbeka que practica creencias mágicas pre-islámicas como son el animismo, el chamanismo, el totemismo, el zoroastrismo y el tengrianismo. El fenotipo de esta gente es prácticamente caucásico (turanoide) y de una extraordinaria belleza, como la exhibida por la tenista Iroda Tulyaganova.

  • Kirguizes
Habitantes de una región de alta montaña, adyacente al Tíbet, estos probables descendientes de Genghis Khan conservan una forma de vida sacrificada y austera, similar a la que llevaron en tiempos pretéritos sus ancestros que asolaron gran parte del mundo conocido: desde el norte de China y la India, al corazón mismo de Europa.

De los 4,5 millones de kirguizes que habitan Asia, el 85% vive en la región montañosa de Kirguistán, 3% en China, 2% en Rusia y un 5% en Uzbekistán, minoría que el año 2010 se vió enfrentada en un conflicto étnico con los uzbekos.

Gran parte de los kirguises son musulmanes suníes y el resto practica religiones de más larga data en la región como el budismo, el chamanismo, el tengrinismo y existen también considerables minorías cristianas. Su fenotipo es predominantemente mongol y según las últimas pesquizas genéticas, estarían emparentados con los principales ancestros de los amerindios que cruzaron el estrecho de Bering a fines de la era Glacial, en especial con los indígenas de Norte América.

  • Turkmenos
Los turkmenos o turcomanos son una de las poblaciones túrquicas más compenetradas con el mundo persa e islámico, y de ellos es probable que deriven los primeros turcos, que empleados como mamelucos (esclavos y mercenarios de guerra) por los califas islámicos, comenzaron a ganar poder hasta desplazar a los árabes y fundar sus propios kanatos e imperios.

De los ocho millones de turcomanos, sólo la mitad permanece en Turkmenistán, 20% reside en Irak, un 17% en Irán (y en ambos territorios han estado presentes desde las invasiones medievales), el resto de turcomanos están repartidos por Afganistán, Rusia, Ucrania, Turquía y Siria.

Los rasgos físicos de los turcomanos son una mixtura entre la raza mongoloide y la caucásica irano-persa de tipo mediterráneo, en algunos casos indistinguibles de los turcos anatolios. La gran mayoría son practicantes del Islam Suní, con variación o influencias animistas y chamánicas.
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Jinetes kazajos

  • Azeríes
Son una población túrquica emplazada principalmente en Irán y en la región del Cáucaso, donde dan nombre al país de Azerbaiyán. Sólo en Irán radica el 45% de los azeríes (15 millones de personas), que cultural, religiosa y fenotípicamente son indistinguibles del resto de iraníes.

Millones de azeríes se reparten por todo el Cáucaso, Asia Central, Ucrania, Rusia, Irak, Siria y Turquía. Su religión mayoritaria es el islam chií, seguido del sunismo, la fe bahai, el zoroastrismo y una reducida minoría cristiana.

  • Turcos
Son la población túrquica -o más bien turco-parlante- emplazada sobre la mítica región de Anatolia, encrucijada histórica que conecta el Medio Oriente con Europa y el Mar Mediterráneo con las rutas del Mar Negro. A la llegada e invasión de los mamelucos (túrquicos) en la región, las gentes de Anatolia eran desde antaño muy diversas y cosmopolitas. Sobre la actual Turquía coexistieron durante miles de años los griegos (en la parte occidental) con los persas y armenios (en la parte oriental), también los sirios y los hebreos fueron un importante núcleo poblacional en la región, tal como atestigua el Nuevo Testamento y los viajes misioneros de San Pablo a Tarso y Antioquía que eran ciudades judías. 

Inclúso miles de años ántes del nacimiento de Cristo o de la expansión de griegos y persas por la región, colonizaron Antolia los lidios (de orígen desconocido, probables ancestros de los etruscos de Italia), los hititas y mitanis (pueblos arios más antiguos del Oriente Medio), los frigios, celtas y cimerios (también de orígen ario) y los asirios, indómitos conquistadores de raza semítica. En medio de tantas civilizaciones e historia, los pueblos túrquicos, arribados en el año 1453 de nuestra era, son simplemente los últimos dominadores de la región y quienes desplazaron a los bizantinos, aportando su lengua y religión.

Resultante de aquel amalgama racial son los 62 millones de turcos que viven en Anatolia y otros 10 millones que residen en países árabes, balcánicos y en Alemania (3.7 millones de inmigrantes) que tienen por confesión principal el islam suní, sin embargo en los últimos 80 años, el proceso de occidentalización que vivió Turquía por parte del gobierno reformista de Atatürk removió los cimientos que unificaban política y región, razón por la cual Turquía es uno de los países musulmanes (y suníes) más moderados.

  • Búlgaros
Al igual que ocurre con los turcos de Anatolia, una porción de ancestros del pueblo búlgaro son de orígen túrquico, relacionados con los antiguos ávaros, hunos y proto-búlgaros (de raza irano-mongol) que en hacia el siglo VI de nuestra era, dominaron gran parte  del territorio de Ucrania, el norte de los Balcanes y una pequeña porción de Europa Central, correspondiente a Hungría.

Una mixtura entre pueblos eslavos, macedonios y proto-búlgaros conforman la composición racial de los actuales búlgaros, nación de 6 millones emplazada en el sureste de los Balcanes y que profesan en su gran mayoría el cristianismo ortodoxo, con minorías de musulmanes (turco-búlgaros) y católicos.

 PUEBLOS PARCIALMENTE IRANIOS
 
  • Judíos Azkenazíes
Con el lanzamiento de su libro "La Invención del Pueblo Judío" (2009), el historiador judío-austríaco Shlomo Sand, reflotó la polémica sobre el verdadero orígen de los azkenazíes (los cerca de 10 millones de judíos provenientes de Europa Central y Asia Occidental), ganándose la enemistad de sectores religiosos y sionistas, pertinaces e inflexibles en la postura de un orígen racial que -supuestamente- ha variado poco desde sus ancestros bíblicos, obligados a abandonar Palestina tras la destrucción del Segundo Templo de Salomón y la diáspora decisiva del año 135 de nuestra era.

La verdad -guste o no- es que los más seguros descendientes del pueblo de Jacob, Moisés y Salomón no son los judíos contemporáneos de ninguna derivación (ni azkenazíes ni sefardíes) sino el pueblo palestino, que reculturizado por Bizancio y luego por los califatos islámicos, desterró el judaísmo para abrazar la fe del cristianismo y del islam respectivamente. 

Por su parte los judíos sefardíes (provenientes de España, Portugal, Turquía, Noráfrica y otras latitudes del mediterráneo) descienden parcialmente de los antiguos judíos que abandonaron Medio Oriente en eras tempranas del Imperio Romano, "romanizándose" y mezclando su sangre con los nativos a lo largo de más de 2000 años. Posterior a la reconquista cristiana de España y la consecuente expulsión de los moros de la península, los judíos españoles y portugueses fueron obligados a bautizarse cristianos o marcharse, muchos emigraron a Holanda, Francia, Gran Bretaña, Italia o Turquía, otros cruzaron el estrecho de Gibraltar y se instalaron en África, algunos cambiaron de religión y otros tantos simplemente lo simularon; aquellos fueron llamados "marranos" y emigraron en masa a América tras su descubrimiento en 1492. Hoy sabemos que apellidos típicos de la región como Pérez, Hernández, Cerda, Calderón, Bustos, Nieto... son de orígen "marrano" o sefardí.

Otra historia es la de los judíos azkenazíes. Investigaciones genéticas como la del doctor Eran Elhaik revelan en sus marcadores una estrecha cercanía con poblaciones como la de Armenia e Irán, y una mayor afinidad genética con los palestinos que con los judíos sefardíes. Todo indica que -contrariando la tradición oral- tan sólo una parte de los ancestros del pueblo azkenazi provino del Medio Oriente (no de Palestina directamente, sino de Mesopotamia, donde radicaba buena parte de la población judía desde el siglo X a.C), y otro tanto más de los márgenes del Mar Negro y el Mar Caspio, en lo que hacia el siglo XIII de nuestra era fue el llamado "Imperio Jázaro", que en la temprana Edad Media hizo las funciones de tampón geopolítico entre Bizancio y el mundo islámico, optando como identidad distintiva por la religión judía. En suma, el pueblo azkenazí es el producto de una mezcla histórica entre judíos, iranios, turcos y eslavos.

  • Cachemires
Son la principal población que habita el norte de la India y en sectores fronterizos de Pakistán, emplazada sobre el pardisiaco valle de Cachemira, desde donde los antiguos arios -provenientes de las estepas rusas- comenzaron a colonizar el Subcontinente Indio.

Los cerca de seis millones de cachemires son principalmente musulmanes suníes y su raza es básicamente caucásica de tipo mediterráneo oriental, con adición de elementos dravidianos (raza negra australoide) y mongoloides. A lo largo de miles de años, varias poblaciones iranias aportaron por igual ciertos elementos a la cultura y genética distintiva de los cachemires.

  • Romaníes
Los romaníes -también llamados gitanos- son una población caucásica, de orígenes indo-ario y ario-iranio (probablemente pashtún), que surgió de las regiones al norte de la India, fundamentalmente de Rajastán, el Punyab y Cachemira. La invasión de los musulmanes a Pakistán y el norte de la India, sumada a la explosión demográfica, las hambrunas y las sequías en su emplazamiento geográfico original, fueron las probables razones que hacia el año 1.000 de nuestra era, motivaron a varias oleadas de esta nación a emigrar hacia el oeste, donde en menor cuantía adhirieron a otros pueblos (como eslavos y turcos) y adoptaron sus religiones.

Parte importante del pueblo romaní, transitó la ruta regular (terrestre) desde la India a Europa, estableciendo comunidades en ciertas regiones de Rusia, el Cáucaso, Anatolia (Turquía) y sobretodo en los Balcanes (especialmente en Rumania), sin embargo otra oleada de romaníes se desvió por el Oriente Medio y se estableció un periodo en Egipto, convirtiéndose en vasallos de los musulmanes y pasando luego a otras regiones del Norte de África, para establecerse finalmente en el Califato de Córdoba, donde fueron identificados por el nombre de "egiptianos", del cual deriva la palabra española "gitano".

Los más de 11 millones de romaníes que habitan el planeta, están disgregados por toda Europa, formando amplias comunidades en los países balcánicos, en Rusia, Turquía, Francia, España, Italia y Gran Bretaña, donde partes de la comunidad se mezcló con los mal llamados "gitanos irlandeses" o nómades irlandeses (irish travellers). La práctica mayoría de los romaníes son cristianos, pero su cosmovisión de la religión es más bien herética, incorporando ciertas creencias atribuíbles al hinduismo o al chamanismo y de aquí es probable que deriven prácticas como la hechicería, la quiromancia o  el "mal de ojo". 

Jazaria, el enigmático imperio que adoptó el judaísmo como identidad política.

  • Georgianos,  Chechenos y Circasianos
Son poblaciones autóctonas de la región del Cáucaso, cuya clasificación etnolingüística pertenece a un cuarto grupo de familias en Asia Occidental, distinto de los conjuntos indoeuropeos (iranios y eslavos), semita y túrquico, aunque dado el extendido influjo de los pueblos persa y escita sobre su geografía vital, el elemento iranio se hace también patente en estas gentes.

Muchos historiadores y genetistas, adhieren a la teoría de que estos pueblos estarían relacionados con los proto-arios, cuyo emplazamiento original no radicaría en tal caso en Escandinavia -como suponen los nordicistas- sino en algún punto entre el sur de Rusia y Transcaucasia. Sustenta la teoría, el hecho de que la práctica mayoría de los genes europeos provienen del Cáucaso. Otra teoría que parece ser concluyente es la del orígen caucasiano del pueblo vasco (una incógnita durante siglos), así como también de las poblaciones bereberes del Norte de África y de las antiguas élites egipcias que eran de raza blanca;  investigaciones en el campo de la genética, la antropología y la fonética, develan una estrechísima relación entre estos pueblos (y las momias faraónicas) con los actuales georgianos, cuyos ancestros neolíticos fueron los primeros en colonizar Eurasia. 

De entre las tres grandes naciones caucasianas, sólo los georgianos poseen un estado internacionalmente reconocido, luego de la desmembración de la Unión Soviética en 1991. Los 6,5 millones de gergianos son predominantemente cristianos de rito ortodoxo y de ellos sólo un 70% reside en Georgia, el resto se dispersa por otras regiones del Cáucaso o en las vecinas Rusia y Turquía. Iósif Stalin -el temible dictador soviético- provenía de Georgia.

La historia ha sido más dura con los dos millones de chechenos y los seis millones de circasianos, desprovistos de un estado-nación legítimo que los represente. Chechenia y Circasia son dos regiones que pertenecen en la actualidad a Rusia, idea a la que no se resigna ninguna de las dos naciones y en especial los chechenos, que en las últimas dos décadas han abrazado posturas radicales -mal conceptuadas como "fundamentalismo islámico"- para obtener la independencia de sus territorios. Chechenos y circasianos son pueblos que han luchado durante siglos por su independencia, hoy contra los rusos, ayer contra los mongoles y los turcos, estos últimos además de diezmar, fustigar y emplear como esclavos a los circasianos durante siglos, acostumbraban secuestrar  a sus mujeres para hacerlas concubinas en los harenes. La presión de los turcos sobre este pueblo fue tal, que en las últimas décadas del Imperio Otomano les obligaron a dispersarse en dirección a Siria y el Medio Oriente, donde aún radica un millón de circasianos.
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  • Rusos y Ucranianos
Cientos y miles de años antes de la conformación del Imperio Ruso e inclúso de la Rus de Kiev (862-1349 d.C.) que unificó a los pueblos eslavos: ruso, bielorruso y ucraniano, el colosal territorio que hoy es Rusia fue el desplazamiento vital de la práctica mayoría de los pueblos arios o indoeuropeos de Europa y Asia, además de las tribus turcas y tartaras (de mixtura caucásico-mongoloide), mongoles, judíos y caldeos.

La historia de la "Gran Rusia" comienza en el noroeste del país, emplazamiento donde el pueblo eslavo se fusionó tempranamente con sus dominadores escandinavos (vikingos o varegos), poblaciones ugrofinesas y las gentes del Báltico. En siglos posteriores, la estrategia geo-política para retener el avance de pueblos túrquicos y musulmanes del este, presionó la expansión de Rusia hacia los márgenes del Mar Negro, el Cáucaso y la región siberiana al este de los montes urales. Resultado de lo cual, gran parte de la población que hoy llamamos "rusos" no son en su mayoría de raza eslava, sino una mezcla de elementos tártaros, iranios, eslavos y germánicos que varía considerablemente de norte a sur y de este a oeste.

Por su parte, el territorio que hoy conocemos como Ucrania fue disputado en la edad media por varias naciones, al norte del territorio se emplazó durante siglos el imperio eslavo-varego de la Rus de Kiev, mientras el centro, sur y las riberas al norte del Mar Negro, pertenecieron por espacio de los mismos siglos (y más) al influjo imperial túrquico de pueblos jázaros y proto-búlgaros, relacionados en gran medida con las antiguas tribus iranias de escitas y cimerios que poblaron la región en la antigüedad. Hoy si bien la mayor parte del pueblo ucraniano constituye una nación uniforme, la "cuestión de Crimea" es un hecho que hace reflotar las distancias étnicas del pasado. 

  • Yugoslavos
El nombre yugoslavo refiere a los "eslavos del sur" o de la región de los Balcanes, diferenciándolos de sus símiles del norte: rusos, ucranianos, checos, polacos, bielorrusos y eslovacos. La ex Yugoslavia (1918-1992) fue un estado fallido, que por distancias religiosas (entre crisitianos y musulmanes y entre serbios ortodoxos y croatas católicos) más que étnicas terminó disgregándose luego de una seguidilla de cruentas guerras civiles.

El emplazamiento vital de los "pueblos sur eslavos" explica en muchos sentidos los conflictos que terminaron disgregando Yugoslavia a comienzos de los '90, siendo en lo concreto un área geoestratégica fundamental, desde donde los antiguos romanos y Bizancio -por ejemplo- se proyectaba al corazón de Asia. Por su parte, los pueblos del Asia Occidental (como los iranios, los mongoles, los eslavos, los turcos y los godos) hacian lo propio desde el este, enfocados en las riquezas de Europa que capturaban cada cierto tiempo por medio de razías y expansiones. De este modo, los llamados "sur eslavos" devienen de una multitud de pueblos, siendo el único elemento aglutinante la lengua eslava.

  • Magiares
"Magyar" es el nombre con el cual se identifican así mismos los húngaros. Esta nación centro-europea, que entre fines del siglo XIX y comienzos del XX fue cuna del Imperio Austro-Hungaro, está emplazada sobre la Llanura Panónica, territorio colindante con los Balcanes y el norte de Italia, es decir el corazón estratégico de Centro Europa, disputado por los pueblos celta, teutón (germánico), sármata (iranio) y romano en la antigüedad, 

El nombre de "Hungría" no es antojadizo para la historia universal, ya que desde tiempos antiguos le fue atribuído como referencia al pueblo túrquico (irano-mongol) de los "hunos", que liderados por el sanguinario rey Atila -también llamado "El azote de Dios"- presionó la caída del Imperio Romano de Occidente el año 467, estableciéndose largo tiempo en la Llanura Panónica. Posterior a los hunos, otros pueblos túrquicos como los ávaros y los proto-búlgaros se establecieron sobre aquella región, forjando la identidad particular de los húngaros, cuyos orígenes e historia representan "un gran eslabón" entre Europa y Asia.

  • Rumanos 
El nombre Rumania o Romanía, deriva claramente de su pasado romano, lo mismo que su lingua franca nacional es un derivado del latín, al igual que el italiano, el francés, el español y el portugués, entre otras. El pueblo rumano, por su parte, condensa un pasado milenario, legado de varias naciones como los dacios, los tracios, los romanos, los godos (germanos), los proto-búlgaros, los eslavos, los turcos y los romaníes (gitanos) que arribados en diferentes estadios epocales, forman parte inherente de su historia.
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Circasianos