viernes, 3 de abril de 2015

¿Tendrá dueños el mundo? por Aldo Torres Baeza


Aldo Torres, el autor de esta columna, fue un buen amigo de la universidad, con quien entablamos amistad los últimos semestres de la carrera de Ciencias Políticas. Un capo y "mateo" de aquellos que no saturan, con quien tuve privilegio de charlar amenamente y durante horas sobre política, literatura, la "cuestión palestina", el sionismo y la misión cuesta arriba "de cambiar el mundo", acompañado siempre de sus infaltables chelas en alguno de los múltiples bares de la mítica calle San Diego u otros antros perdidos en las proximidades de la Alameda capitalina.

Libertario, amante del buen rock, de la poesía, del cine y de las letras, las pasiones de mi amigo reforzaron las mías y de paso me ayudaron a compartir (por vez primera) el gran impacto que habían generado en mi vida las obras de Philip K. Dick y Herman Hesse, que como "Valis" y "Demian" fueron mi iniciación al mundo de los símbolos y alegorías. Por su parte, mi interlocutor me exhortó a leer a Charles Bokowski, a Aldous Huxley, al sensible Kafka y sobre todo a Dostoyevski, autor de su libro favorito: "Crímen y Castigo", y en relación a Herman Hesse, fue el primero en darme luces sobre el legado de Miguel Serrano.

En síntesis, tengo mucho que agradecer a este amigo de ruta, a quien no he vuelto a ver desde hace muchos años, pero que de todas maneras estoy seguro volveré a encontrar en alguno de los muchos recovecos que oculta el destino. Me alegra saber que como buen intelectual y Cientista Político que es, no ha privado al mundo del potencial de sus ideas, las cuales ha revelado en varias columnas que he encontrado por casualidad en sitios como politika.cl y rebelion.org. Les invito a leer la siguiente.

¿Tendrá dueños el mundo?

¿Tendrá dueños el mundo? Un dueño implicaría que alguien haya comprado el mundo, o se apoderó de él, y nadie, ¡nadie!, se ha apoderado de este mundo. No, eso sí que no. Es por pura casualidad que 500 empresas controlen el 52% del producto interno bruto mundial. Casualidad. También es casual que las 3 personas mas ricas del mundo posean un patrimonio superior a toda la riqueza de los 40 países más pobres, donde viven alrededor de 600 millones de personas, o que el 20% de la población mundial posea el 80% de toda la riqueza de la Tierra. Es por pura casualidad que el volumen de negocios de una empresa como ExxonMobil sea superior al PIB de Austria, o que el de General Motors sea superior al de Dinamarca. Y bajo este panorama, también es casualidad que los presidentes lleguen a los gobiernos, pero nunca al poder. Temo el día en que estos magnates se sienten en las casas de gobierno, agarren a patadas a los presidentes y, sentado en sus sillas, griten a los cuatro vientos lo que piensan: ¡no necesitamos más a esos mediadores!

Según la FAO, muere un niño cada seis segundos a manos de la desnutrición, ¡100.000 niños en un día!, pero, y he aquí la casual paradoja, la comida alcanza para el doble de la población mundial, entregando 2.700 calorías diarias a un adulto cualquiera. Esto pasa todos los días, a la vuelta del mundo. Y es casualidad que mientras esto suceda, los supermercados de a la vuelta del mundo estén repletos de comida. La otra cara de esta casualidad dice que “solo en Europa se pierden entre un 30% y un 50% de los alimentos completamente sanos y comestibles a lo largo de todos los eslabones de la cadena agroalimentaria hasta llegar al consumidor”. Por año, son unos 89 millones de toneladas de comida que la Tierra arroja al tacho universal (mientras la comida colma los basureros, casi 1.000 millones de personas siguen pasando hambre, 3,1 millones de niños se mueren de hambre cada año). 1,4 billones de hectáreas están destinadas a la comida que luego será basura, un 28% de las tierras cultivables a nivel mundial.  Quizás ayude el oferton del 2x1: la mitad del plástico al estomago y las arterias, y la otra mitad al tacho de basura.

¿Será que para botar el pan en una parte del mundo, es imperioso que en la otra parte se necesite?

¿Tendrá dueños el mundo?

No, claro que no. Y como no hay dueños en el mundo, todos pueden consumir lo que deseen: es casualidad que si el mundo entero consumiera como consumen los norteamericanos, necesitaríamos entre 5 y 6 planetas igual a este para generar la vida. Los mismos estadounidenses poseen solo el 5% de la población mundial, sin embargo, consumen el 30% de la energía y, a la vez, desechan el 30% de toda la basura planetaria. Quizás sea yo, pero me revolotea siempre la misma pregunta: ¿quién paga los costos de aquel nivel de vida? ¿Quién arroja el pan que al otro lado se necesita? ¿Que pasaría si todos los chinos repitieran el mismo despilfarro? Bueno, nos quedarían las estrellas, quizás en Alfa Centauro pudiésemos levantar un campamento. ¿Por qué razón tiritarán las estrellas, de frio o por temor a que algún día las poblemos para llenarlas de humo y cemento?

Nada tiene que ver el desenfrenado ritmo del consumo, o el plástico arrojado a la basura, con que en las últimas 7 décadas trascurridas tras la Segunda Guerra Mundial se hayan consumido más recursos planetarios que en toda la historia de la humanidad, o que en las últimas 3 décadas se haya perdido cerca de la tercera parte de toda la riqueza natural. Sería por pura casualidad que un día la Tierra diera signos de agotamiento y empezará a derretir su hielo, escupir lava,  y empaparnos de ácido. Pero en fin, ya dije que nos quedaban las estrellas si algo así sucediera. ¿Llevaremos los taladros y las picotas subterráneas para estrujar las rocas estelares en búsqueda de unas gotitas de petróleo?

No hay dueños en el mundo. Los televisores, que dicen que pensar, se prenden porque si, y los medicamentos, que adormecen el pensar, se meten solitos en el cuerpo, no es que haya un orden inhumano que impulse a su ingesta. No, nada de eso. Y también es casualidad que los medios de comunicación masivos y los fármacos, dos esplendidas recetas para aguantar la vida, se produzcan solo en una parte del mundo. Si tuviera dueños el mundo, no necesitaría a gente dormida. Claro que no. En Brave New World, Aldous Huxley relata como el Soma tranquilizaba a los ciudadanos. 30 años después de escribir su novela, Huxley repasa el libro, y dice: “La religión, según dijo Marx, es el opio del pueblo. En el Mundo Feliz, esta situación quedaba invertida. El opio o, mejor dicho, el Soma era la religión del pueblo. Como la religión, la droga tenía poder para consolar y compensar, evoca visiones de otro mundo mejor, ofrecía esperanza, fortalecía la fe y promovía la caridad”. Hoy, hemos pasado del opio al acopio (de fármacos) del pueblo. La industria farmacéutica, que crece y crece, decora el panorama de Huxley y lo hace casi real: la droga (legal) compensa, calma, estimula, adormece. La gente llena de pastillas sus casas, de los más variados efectos, colores y texturas. Un extraordinario acopio de químicos esperando introducirse en los cerebros y cumplir con su objetivo: pintar mascaras en los rostros evocando una falsa y fugaz sensación de paz. Allá en mis años de mochilero, las manos del destino me estacionaron casi un mes en Bolivia. Cierto: los bolivianos no conocían el copuchenterio de Facebook, muy pocos sabían que era una pantalla Led y de plano no conocían los Iphones, pero tampoco conocían la depresión, el estrés ni las canas. Llegué a pensar que eran sabios disfrazados de indígenas.

¿Tendrá dueños el mundo? Claro que no, es por pura casualidad que el Norte arroje los desperdicios tóxicos al Sur del mundo. No es que este lugar se haya convertido en el basurero de sus dueños. No, nada que ver. Y también es casual que el mundo se divida en mundos: Primero, Segundo y Tercer Mundo. Casualidad, pura casualidad. Esta equivocado el poeta alemán Friedrich Schiller cuando dice que “no existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas”. Esto es puro azar. El azar moldea el Nuevo Orden Mundial, a pesar de que al exconsejero de Seguridad Nacional de EE.UU, Zbigniew Brzezinski, le dé por pensar lo contrario: "la resistencia populista persistente y altamente motivada por parte de pueblos políticamente despiertos e históricamente resentidos hacia el control externo demuestra ser cada vez más difícil de suprimir". No, señor Brzezinski, los del Sur no estamos resentidos por el saqueo del cual hemos sido victimas, y no, tampoco hemos despertado. Así que relájese, señor, duerma tranquilo contando las estrellitas de su bandera, que acá abajo ¿seguiremos confiando en las casualidades?

¿Hay dueños en el mundo? No: esto es una fantasía más de los desconfiados que no creen en las casualidades.
 


lunes, 2 de marzo de 2015

Miguel Serrano


En medio de una era crítica, los escándalos políticos de un país a la cola del mundo como es Chile, son mero reflejo de las bajezas de un mundo corrompido, que al decir de los hindúes atraviesa el cénit del Kali Yuga: la era más oscura del materialismo, predicha también por Platón, quien temía que las "almas de bronce" (los comerciantes) lograran adueñarse cierto día de los activos de la humanidad. Los peores indicios de esta era los vivimos ahora, con la sombra del demiurgo oscilando sobre gobiernos, comunidades e individuos, sembrando la degeneración, la apatía y el mercantilismo extremo hasta desterrar (momentáneamente) los altos principios y valores que ennoblecieron a nuestros antepasados. 

No nos extrañe ahora el hecho de ser gobernados por estafadores disfrazados de socialistas o de liberales: siervos de los mismos amos transnacionales y que esperan cual perros de la calle su tajada, interpretando y falseando el rol de "servidores públicos" sobre el podio de un teatro decadente llamado opinión pública. Tampoco es de fiar nuestro entorno más cercano y ni siquiera la Iglesia es un buen lugar donde escudarse; en la era del Kali Yuga todo está descompuesto y la espiritualidad en franca retirada. Son pocos los seres humanos de este ciclo que no sirven a algún otro dios que no sea Mammón y quienes se rebelen estarán condenados, tómese como evidencia los actuales conflictos en Medio Oriente: una guerra santa con matices económicos.

Serrano, el Ávatar

Incansable investigador, exhaustivo estudioso, diplomático y amigo cercano de grandes figuras de la historia como Herman Hesse, el Dalái Lama, Indhira Gandi, Jawaharlal Nehru, Carl Jung, Salvador Allende y Pablo Neruda, Don Miguel Serrano Fernández (1917-2009) tuvo fundamentos de sobra y una gran osadía cuando aún jóven decidió enarbolar la bandera del Nacional Socialismo, ganándose cuantiosos enemigos en los grupos de poder chilenos y extranjeros y entre feligreses tanto de izquierda como de derecha (cabe destacar que Serrano jamás comulgó con el régimen Kissingeriano de Pinochet). 

Sobrino de Juan Antonio Ríos (Presidente radical) y del poeta y masón de alto grado Vicente Huidobro, Serrano fue un hijo de la aristocracia chilena y un miembro activo de la clase política en el cargo de embajador de la India a fines de los años '50. Su espíritu aventurero lo llevó a recorrer varias veces el globo, pero fueron Europa, la India, el Tíbet y la Antártida los parajes que siempre le cautivaron y sobre los que basó la mayor parte de su obra.

De la Antártida, siempre mostró preocupación por los alcances del llamado "Plan Andinia": para algunos, simple teoría de conspiración, para otros la indesmentible evidencia de un trazado geopolítico sionista/imperialista (en curso) para hacerse con el dominio de la Patagonia argentina y de la Antártica chilena: nuestra porción del continente blanco, del que cual se han escrito varios mitos desde Julio Verne a la fecha, algunos que hablan de la existencia de un enclave extraterrestre y otros de un bastión de las SS, que tras la derrrota de Alemania en la Segunda Guerra, habría instalado bases secretas bajo las aguas congeladas, orbitadas frecuentemente por sus haunebus (ovnis nazis).

En 1989 Miguel Serrano ofició un polémico discurso a los neonazis chilenos, en honor al centenario de Adolph Hitler.

Admirador de Julius Évola (sostén ideológico del fascismo italiano) y de Nietzsche, Serrano construyó una nueva narrativa: mágica y prolíficamente documentada. En ella se funden el tradicionalismo con los arquetipos junguianos y la épica germánica con la indostánica. Fue leyendo, filosofando y viajando por Eurasia que Serrano develó la basa o común denominador que hila las tradiciones druídicas (celtas), con las germánicas, greco-latinas, iranias e hindúes, herencia de comunes antepasados arios a quienes Serrano atribuye además un  origen extraterrestre: los dioses hiperbóreos.

En la dimensión del mito, los hiperbóreos fueron los "hijos de Dios" (¿ángeles?) que se enamoraron de las "hijas de los hombres" (¿homínidos?), dando vida a una tercera -y condenada- especie (los nefilim) de la cual deviene la raza humana. Este mito aparece en el libro del Génesis, aunque todo parece indicar que se basa en leyendas más antiguas provenientes de Mesopotamia. Para los ariosofistas como Miguel Serrano, Otto Rahn o Madame Blavatsky este mito es crucial, ya que implica la existencia de dos categorías humanas en eterno conflicto: [1] la de entes telúricos y materialistas que viven para los placeres de la carne y del ahora, temiendo cual animales las reprimendas de una divinidad tiránica (el demiurgo o Yahwé) y [2] entidades que privilegian el espíritu sobre la materia y añoran a un Dios de lo alto (El Sol Invictus u Ormúz de la tradición persa) cuyo reino está por sobre placeres profanos y por ende "no es de este mundo".

En la obra de Serrano -como en la de Philip K. Dick- el límite existente entre ficción y realidad no se delínea claramente, condición que implica que sus escritos como "Quien llama en los Hielos" (1957), "El Cordón Dorado" (1978), "El Nuevo Orden Transnacional y la Patagonia" (1991), "Conspiración Mundialista y Traición a Chile" (1994), "Las Visitas de la Reina de Saba" (2002) y "Elella: El libro del Amor Mágico" (2004) no estén dirigidos ni a legos ni a mentes adosadas a la percepción básica, pues rebasan por mucho el sentido común y son antetodo obras iniciáticas, tal cual los textos de masonería, rosacrucismo, sofismo y cabalá, que abundan en las sociedades secretas donde anidan poderosas mafias e intrincadas redes de dominación global, que operan a la vez sobre el plano material y esotérico.

Embebido en su propio ideos kosmos, Miguel Serrano se declaró en guerra contra el Nuevo Orden Mundial y las huestes del demiurgo, que -curiosamente- aún despúes de muerto, continúan vilipendiando su legado. La censura que sufrió gran parte de su vida de parte de los medios de comunicación y las editoriales, pone de manifiesto que lo suyo no eran simples desvaríos y que el concepto de "libre expresión" no es más que una vil falacia.

En esta era "tan tolerante y pacífica", es razonable y políticamente correcto que muchos desprecien a Miguel Serrano por exaltar la figura de Adolph Hitler, cultivar el llamado nazismo esotérico y hasta por esperar la venida del Cuarto Reich, a bordo de un platillo volador proveniente de la Antártica. Yo personalmente no comulgo ni con Hitler, ni con nazis ni con fascistas, pero rescato en Miguel Serrano -como en Julius Évola- la añoranza de una humanidad épica, férrea e incorruptible: una nueva sociedad que a juzgar por "la teoría del péndulo" volverá sí o sí al final del Kali Yuga para establecer orden y justicia sobre la tierra, cual Cristo o cual Mahdi, vaticinados miles de años atrás por las tradiciones ariosóficas, encriptadas en el Islam y en el Cristianismo de Oriente.

jueves, 19 de febrero de 2015

La marcha de los iranios (Parte I): Escitas, cimerios, sármatas y alanos


INTRODUCCIÓN

A simple vista ¿qué pueden tener en común importantes personajes (antiguos y contemporáneos) como son el genio croata Nikola Tesla, el cantante parsi Freddie Mercury, el viajero veneziano Marco Polo, el lider espirtual iraní Ruhollah Khomeini, el rey persa Darío I, el tenista serbio Novak Djokovic, el sultán kurdo Saladino, el profeta Zoroastro, el polémico novelista indio Salman Rushdie y la princesa afgana Noal Zaher?; a simple vista nada, pero los vínculos (olvidados) que unen a personas de diferentes religiones, procedencias y fenotipos, pueden ser bastante sugestivos y se adivinan la mayor de las veces rastreando el hilo de la historia.

En el caso de los citados -como de al menos 1/5 de la humanidad- es el legado de antiguos antepasados iranios lo que devela una pretérita conexión (étnica, espiritual y cultural) que engloba a todos los pueblos euroasiáticos extendidos desde la región de Cachemira en el norte de la India, hasta las costas del Adriático, pasando por toda Asia Central, el oeste de Rusia y la región de los Balcanes. Vestigios de varias hordas de guerreros-pastores que se diluyeron entre otras razas/culturas hasta configurar las diferentes naciones que sobreviven hoy en día, cubiertas bajo el manto de tres religiones y no menos de un centenar de dialectos. 

De entre los siete principales grupos etno-linguísticos, desprendidos de la raza aria, la estirpe de los iranios fue la más diversa y numerosa. En su arribo a la Meseta Iraní y el Golfo Pérsico 1400 años antes del nacimiento de Cristo, los subgrupos medo y -sobretodo- los persas, asimilaron el influjo cultural mesopotámico, germinando uno de los mayores imperios de la antiguedad, extendido (hacia el 500 A.C.) por todo el Oriente Medio. En plena época imperial el profeta Zoroastro predicó en Persia la religión de los magiis, que en sincretismo con otros ritos mesorientales (como el judaísmo) conforman el ethos de religiones muy posteriores como son el mitraísmo, el maniqueísmo, el cristianismo y el islam.

En Occidente: griegos y romanos interactuaron muy de cerca con esos "extravagantes y aparatosos" persas, enemigos perdurables con quienes se disputaron durante cientos de años el dominio de Anatolia (Turquía), Armenia, Siria y las regiones del Mediterráneo Oriental. Pero fueron sobretodo los incontenibles bárbaros iranios del norte (nómades provenientes de las estepas rusa y ucraniana) registrados bajo nombres tribales como el de sármatas y escitas, quienes penetran más a fondo la historia de Europa y en particular de Europa Oriental, a tal punto que los eslavos del sur (croatas, serbios, eslovenos, bosnios, etcétera), los ucranianos, los rumanos, los búlgaros, húngaros y gran parte de los rusos, derivan racialmente de aquellas belicosas tribus.

Mapa de Eurasia hacia el 500 A.C. Coloreado en café: la máxima extensión del Imperio Persa Aqueménida, que sería arrebatado dos siglos más tarde por Alejandro Magno. Y delimitada en violeta: el área vital de los pueblos iranios del norte, correspondiente al corazón de Rusia, Ucrania y el norte de los balcanes; los pueblos sur-eslavos (unificados en la ex Yugoslavia) derivan de la mezcla entre iranios, eslavos y tracios, mientras que hunos, turcos y jázaros (ancestros de los judíos azquenazíes) serían una mezcla de iranios del norte, persas y pueblos uralo-altaicos (mongoles).

ESCITAS Y CIMERIOS

"Diestros arqueros y los más hábiles jinetes", según la definición de Heródoto (484-425 A.C.) "El Padre de la Historia". Se decía de los escitas en la antigüedad clásica lo mismo que siglos más tarde, en el declive de Roma, se pensaba de los hunos: que guerreros y caballos parecían conformar un único ser, una especie de centauro y en efecto, jinetes y caballos eran enterrados en la misma fosa con sus vestimentas de guerra y las contadas posesiones materiales del campeador.

Si los persas eran -en su mayoría- de rasgos mediterráneos, mixtos o araboides, los escitas en cambio orbitaban más el fenotipo alpino y nórdico, de piel muy clara, cabellos rubios, pelirrojos y castaños (tal como se deduce de algunas momias conservadas naturalmente en distantes y frías regiones como el norte de China). Hombres y mujeres dejaban crecer libremente sus cabelleras, siendo común el uso de trenzas entre las mujeres y de tupídas barbas entre los guerreros, que les permitían neutralizar el frío (seco) de las estepas y de las regiones montañosas por las que comúnmente se desplazaban. 


Escitas y cimerios vestían calzados y ropajes hechos de lana ovina y sobre ellos colocaban sus armaduras escamadas. Utilizan lanzas, arco y flechas en lugar de espadas, lo que les permite atacar desde una gran distancia a medida que sus caballos avanzan a toda velocidad. Cuando los hombres marchan a la guerra, la mujer cuida de los niños, del ganado y de las tierras, pero de presentarse una emergencia, están también facultadas en el uso de armas y el conocimiento de técnicas de ataque, que les permitían ahuyentar potenciales enemigos.

En comunidad, no tienen una religión organizada, pero practican ciertos ritos animistas y creen férreamente en el dualismo, lo que replican también en las formas mosaicas de su rudimentario arte y vestimentas. Esta creencia de que el Universo es dual deviene de la gnosis aria y precede por mucho al surgimiento del zoroastrismo en Persia, siendo muy difundida entre los pueblos iranios del Asia Central que a su vez la propagaron por las diferentes regiones conquistadas. Con sus existencias al filo, debieron haber concebido  la muerte como aliada de la vida y es por ello que suelen beber alcohol fermentado sobre un craneo ahuecado, tradición tan arraigada en ellos como la de quemar cáñamo en hogueras para que el humo aspirado altere los estados de conciencia, conectándolos con "lo intangible".

Para algunos historiadores, la diferencia entre escitas y cimerios, parece residir en que los escitas eran iranios puros, mientras los cimerios -tal vez- un amalgama de pueblos de diferentes razas, gobernados por élites de iranios. No sólo Heródoto, sino también fuentes históricas de Asiria, China y la India se refieren a los escitas como "sekes" o "sakas" concordando en su brutalidad y prodigios sobre los equinos. Con el paso de los siglos estos pueblos no cedieron en ferocidad ni desaparecieron repentinamente de la historia, más bien fueron absorbidos por tribus de turcomanos y mongoles a quienes legaron sus rasgos caucásicos en detrimento de absorber su lengua. 

SÁRMATAS Y ALANOS

En sus constantes marchas por Europa y Asia, búscando mejores tierras de pastoreo, realizando pillajes o escapando de las incursiones de sus igualmente feroces enemigos mongoles, los iranios se toparon con gran cantidad de pueblos y civilizaciones, con las que veces guerreaban, otras comerciaban (aprovechando su privilegiada posición, justo en medio de la Ruta de la Seda) y -reconocidos por su brutalidad y buenas artes guerreras- hasta eran reclutados como mercenarios. Persas y asirios fueron los primeros imperios en emplear ejércitos de caballería escita en sus conquistas por Medio Oriente, lo que se tornará una práctica habitual siglos después con los romanos, los bizantinos y sobretodo los árabes. 

Hacia el siglo III D.C., el Imperio Romano llevaba más de trescientos años de historia y dominaba el mundo desde Britania a las costas de Arabia y la frontera de Armenia. A medida que crecía el imperio no sólo la población de Italia se tornó cosmopólita, sus legiones -otrora conformadas esclusivamente por itálicos- reclutaron una mayoría de extranjeros provenientes de las regiones consideradas "bárbaras", que en el caso de los germanos, resultaron ser un arma de doble filo. 

El mosaico blanco-rojo de la bandera croata proviene de la simbología e iconografía sármata y representa la creencia irania del dualismo.

La cuidad de Roma: centro político, espiritual y económico de Europa Occidental y el mundo mediterráneo, quedó convertida hacia el siglo tercero en una megápolis maloliente y peligrosa (al decir de varios historiadores de la época), de más de un millón de habitantes, los menos de ellos italianos. Tracios, germanos, sirios, beréberes, hebreos, etiopes, cilicios, egipcios y sármatas, provenientes de los cuatro puntos cardinales del Imperio, engrosan los estratos marginales a la vez que propagan entre los pobres y los esclavos sus cultos y creencias, de las cuales el mitraísmo delinea las mayores influencias iranias. La Iglesia Católica que atribuye su fundación a San Pedro, realmente no es más que un sincretismo entre la política imperial y los cultos extranjeros arraigados en Roma, tales como la religión de Mitras (probable contribución de emigrantes sármatas y sirios), la veneración de Cíbeles e Isis (atribuíble a anatolios y egipcios) en la figura de la Vírgen María, el judaísmo y desde luego, la filosofía esenia predicada por el maestro Jesús el siglo I en Palestina.

Fuera de Italia, los sármatas encarnaron durante siglos un gran peligro para la estabilidad del Imperio Romano, amenazando sus fronteras en Dalmacia y Panonia y aliandose en algunas ocasiones con ilirios, celtas y germanos. A juicio de los historiadores, pueden que no hayan existido diferencias sustanciales entre sármatas y escitas,  ni en lo étnico ni en lo cultural ni en lo militar, salvo que los primeros se abalanzaron con intensidad sobre Occidente, atraídos por la riquezas imperiales y adaptaron en su paso ciertas influencias romanas y tracias. En cuanto a contribuciones, algunos atribuyen a los sármatas ser los principales portadores de sangre irania hacia las poblaciones balcánicas y sudeslavas, aunque previo a la caída del Imperio de Occidente, los sármatas estaban prácticamente diluídos entre invasores eslavos y godos (germanos). 

El último contingente puro de sármatas: los alanos, invadieron el Imperio Romano a comienzos del siglo V D.C. en comunión con las tribus germánicas de vándalos y godos, cruzaron los pirineos y forjaron un reino en el corazón de Hispania que será conquistado posteriormente por los visigodos. Sobrevive de su paso por Europa Occidental la epopeya de Excálibur: mágica espada incrustada en una roca, de la que se suponía sólo podía ser recuperada por las manos del más hábil y noble guerrero. Dicha leyenda se propagó a lo largo de toda la Edad Media hasta fundirse entre mitos germánicos y celtas, de los cuales devino por ejemplo la leyenda inglesa del Rey Arturo y el Mago Merlín, este último una especie de "brujo blanco", mezcla de druida y magii iranio. Los nombres anglófonos de Alan y Allen, hacen también referencia a esta tribu irania, perdida en las brumas del tiempo.