jueves, 9 de abril de 2015

Melquisedec, señor de Salem


Desde la más remota antiguedad hasta estos quince primeros años del Siglo XXI, Medio Oriente ha sido y es un enclave geoestratégico fundamental para el desarrollo de la historia humana. Su posición de encrucijada entre el mundo Mediterráneo, Europa, Asia, el Norte de África, la Ruta de la Seda y el Océano Índico, implica que desde fechas muy tempranas, se turnaran sobre su suelo las más diversas civilizaciones, migraciones de este a oeste, de oeste a este, de norte a sur y viceversa, con toda el entramado y mezcla de razas, culturas y religiones que ello implica: el súmum de todas las contradicciones.

Es que a larga data, el multiculturalismo arrastrará irremisiblemente a conflictos y esta lección vivida en las sociedades de Medio Oriente, la India y en menor medida en países que antaño fueron cuna de imperios como es el caso de la Italia medieval, está reflejando ya grandes problemáticas en la estructura societal de países post-imperialistas como son Inglaterra y Francia (cuya masa inmigrante de asiáticos y africanos, ya es ciudadana y exige sus derechos) y desde luego revela fisuras hasta en la propia patria Yankee (ícono de la diversidad, la tolerancia y la democracia) que cada día -dentro y fuera de sus fronteras- descarta uno a uno los valores másonico-iluministas ("libertad", "igualdad" y "fraternidad") de su emblemática constitución política.

Si Israel no tuviera tan cerca a sus enemigos árabes o a Irán, seguramente se estaría cayendo política y socialmente a pedazos. Inconciliables parecen ser las diferencias entre los judíos religiosos y los seculares que con fórmulas muy antagónicas pretenden ganar poder y dirigir el país. En el orden religioso reformistas y ortodoxos son dos caras opuestas de una misma moneda y entre los seculares: liberales, socialistas y sionistas tampoco convergen en nada. El aspecto nacional es desde luego una gran farsa, ya que Israel se funda sobre los pilares de un férreo racismo que da primacía a los azquenazíes (judíos blancos, provenientes de Europa Central y Europa Oriental) por sobre la mayoría sefardí (judíos de España, Turquia y el Norte de África), los Mizrahim (judíos árabes) y los grupos "parias" conformados por falachas (judíos africanos), benes (judíos de la India) y los no judíos (árabes cristianos, palestinos, armenios) que salvo su puesto en la milicia no tienen derecho ni a voz ni voto. Más que temer a las armas nucleares de Irán, a la resurrección de Palestina o a la conflagración de los árabes, Israel debiera mirar con desconfianza el futuro de su propia sociedad.

Así como en Israel, las inestabilidades actuales de Medio Oriente no son más que el eco de conflictos muy antiguos, que recaen sobre lo mismo: una diversidad en contienda. La diversidad que es el abanderamiento de la democracia y de todas sus lindas utopías, con el paso de los siglos termina transmutada en contradicción y conflicto de intereses, los que tienden a tornarse graves al perderse de vista un proyecto común: los principios que unen. Contrario a lo que sostienen "los pipiolos" de la nueva era, es la unidad y no la diversidad aquel instrumento al que deben apelar las colectividades si desean trascender, no estancarse y evolucionar a la siguiente fase. Por espacio de unos pocos siglos, el Islam y antes de él Bizancio con el Cristianismo lograron unificar la región de Medio Oriente en los códigos de un sincretismo político-espiritual.

La más aguda contradicción que afecta a las sociedades contemporáneas del Oriente Medio no es otra que la inducida separación entre religión y política: la democracia, insustancial para su historia (inclúso entre los judíos), pero un instrumento de desidia con el cual el imperialismo fragmenta aún más a los debilitados países que él mismo construyó, tras la caida del Imperio Otomano. Es así que los árabes, los kurdos, los persas, los judíos y toda nación repartida en la región añora la figura de un caudillo, algunos lo sueñan con vestiduras militares, otros con un Corán o una Biblia en la mano, los menos en la forma de un demagogo o político y muchos aún como un reformador absoluto: un Mahdi que al igual que Melquisedec, Jesucristo, Mahoma o el Rey Salomón, religue lo espiritual con lo político, para minimizar las contradicciones y restablecer la integridad perdida.

Un templo, un rey-sacerdote y una ciudad mística

¿Quién fue Melquisedec?; ¿un personaje real de la historia o un arquetipo?, tal vez ambas cosas a la vez. La primera referencia a este rey-sacerdote de la ciudad de Salem la encontramos en el libro del Génesis (14:18-20):


El encuentro entre Melquisedec y Abraham (patriarca de judíos y árabes) se da en un contexto de conflictos raciales y religiosos que acontecen en toda la región del Levante (Siria-Palestina) y Mesopotamia, en el mismo centenio en que los judíos fueron llevados en cautiverio a Babilonia (a la ciudad de Ur) y un contingente de ellos liderado por Abraham logra retornar a "Tierra Santa" para dar batalla a pueblos y reyes paganos instalados en la región. Es entonces a las puertas de la ciudad de Salem que Abraham es recibido por el rey-sacerdote Melquisedec quien al igual que Cristo ofrece pan y vino y una bendición en nombre del Dios altísimo que por aquel entónces no era llamado Yaveh (o Yaweh) sino "EL", divinidad primera entre los pueblos de lengua semítica y de la cual deriva también el nombre de ALLAH (Dios en lengua árabe). La raíz del nombre "EL" la encontramos desde luego en gran parte del lenguaje litúrgico hebreo, arameo y árabe, destacando nombres como el de IsraEL, IsabEL, JezabEL, AbEL, AriEL, IsmaEL, GamaliEL, SamaEL y ELías (que combina "EL" con el sufijo "YAH" de Yahvé: "ELiYAH"), entre otros.

En otro pasaje de la Biblia (Hebreos 7:3-5) se dice sobre Melquisedec:


"Sin padre, sin madre ni genealogía" apunta al hecho de que Melquisedec no era humano y que como el propio Dios tampoco fue concebido, siendo en tanto inmortal. ¿Podemos suponer en tanto que Melquisedec es Dios? o ¿o tal vez una manifestación del Altísimo en forma de humanoide para dar testimonio a Abraham de la existencia de "EL" y entregarle como misión el sacerdocio divino sobre la tierra?, o ¿quizás se trata de un miembro de la antigua y mítica raza de los hiperbóreos, andróginos en lo sexual y a quienes la Biblia o Torá refiere como "los hijos de Dios" que denigraron la divinidad de su especie al enamorarse de las "hijas de los hombres" y concebir a la raza humana?; muchas teorías se han formulado al respecto, lo único manifiesto es que la figura de Melquisedec representa un arquetipo que al igual que Cristo unifica lo humano y lo divino, haciendo carne el evangelio o mensaje de la indivisibilidad del binomio política-religión, que deben estar cohesionadas para conformar la "Ciudad de Paz" (la Civitas Dei que soñó San Agustín) traducida al hebreo como Salem.

Salem es la ciudad arquetípica (como Agarthi y como Asgard) sobre la que los judíos edificaron Jerusalén, sobre el templo de Melquisedec se construyó el templo de Jerusalén, mejor conocido como Templo de Salomón, Salomón mismo fue llamado "rey justo"; en suma todos ecos de un idealismo o tal vez de una tradición y misticismos anteriores al judaísmo, degradados por otros inconscientes y contradicciones propias de la sociedad multicultural, considerando que los judíos bíblicos -al igual que los actuales- provenían de una mezcla de razas donde convergen elementos arios (hititas, pelásgicos), semitas (cananeos) y egipcios.

¿Pero existió alguna vez la ciudad de Salem?, no lo sabemos con certeza. Sin embargo el mítico Templo de la ciudad (de más de 3000 años) del que aún sobrevive el "Muro de los Lamentos", fue construído -al igual que los templos de Baalbek en Líbano- sobre un monolito o bloque de piedra gigante, que refleja todas las evidencias de haber sido trabajado en otras eras con técnicas que superan todo nuestro actual bagaje en obras civiles (¿el legado de una humanidad anterior a la nuestra o tal vez de aquellos dioses antiguos de los que hablan todas las tradiciones?). Sobre aquel monolito se yerguen también el Domo de La Roca y la mezquita de Al-Aqsa, que son considerados de gran importancia por la tradición musulmana ya que desde allí el profeta Muhammad (Mahoma) habría acendido a los cielos. 


Por esta fortuita ¿coincidencia? Jerusalén (Salem) y el Monte del Templo son considerados sagrados por las tres grandes religiones monoteístas: el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. ¿Reinará subterfugiamente Melquisedec sobre las ruinas de la "Ciudad de Paz", esperando la venida de una nueva era?. En la actualidad Jerusalén es capital espiritual del mundo monoteísta, pero también lo es de dos patrias o de una tierra con dos memorias contrastantes: Israel-Palestina, el colmo de todas las contradicciones de la región, sin embargo ahí persisten juntas dos mezquitas y un templo de vital significancia para cristianos y judíos, donde en eras gloriosas sólo hubo uno, gobernado por un único rey y sacerdote. He ahí que el conflicto árabe-israelí no es sólamente un conflicto territorial y étnico, es ante todo un conflicto espiritual de gran carga simbólica y esotérica.

Historiadores del "lado B" como Miguel Serrano y Mariano Fernandez Urresti, coinciden en la evidencia de que el planeta posee varios puntos geomagnéticos que a lo largo de los siglos y milenios los han hecho perdurar como puntos de peregrinación naturales y núcleo de los más antiguos santuarios. Sobreviven como evidencia los templos de Egipto, el Templo de Jerusalén, la Kaaba, los templos del Camino de Santiago y otros muchos que han pasado de ser epicentro de cultos paganos a cristianos, musulmanes, etcétera, porque más allá de las religiones y de las eras, nos conectan con los misterios de lo alto, que el hombre pretérito sólo pudo explicarse por medio de leyendas y alegorías como aquel mito templario de "la corona de Lucifer" que sugiere que hace eones de años en una guerra épica sobre los cielos, Lucifer (el ángel portador de la luz del Dios Altísimo) perdió su corona hecha de piedras preciosas, las que luego cayeron a la tierra (aerolitos) dispersándose por los distintos puntos geomagnéticos y geoespirituales que hoy conocemos. La piedra sagrada que se custodia al interior de la Kaaba sería una de estas piedras celestiales, un grial.

Y justamente un "grial" es lo que en su arribo a Jerusalén y Palestina, buscaba la Orden del Temple (1119-1314?), aunque tal vez este no fuera el "Arca de la Alianza" o el "Caliz de Cristo" ni las piedras preciosas de la corona de Lucifer, sino algo más esotérico, tal vez una revelación ligada a Salem y a Melquisedec. Fuera lo que fuera, lo cierto es que su búsqueda los llevó a entablar alianzas secretas con rabinos europeos y orientales, con cristianos heréticos y gnósticos y con musulmanes chiíes ismaelitas (la secta de los Hassasin o Asesinos) y a una profunda iniciación por tierras de Egipto, Palestina, Fenicia y Persia. De gran parte de estos conocimientos mistéricos o del "secreto templario" es despositaria la Francmasonería, institución clave en el estructuramiento político e ideológico global y por la misma razón, infiltrada en sus altas cúpulas por el Sionismo. El conocimiento que obtuvieron los templarios, ha sido durante siglos dilucidado por los cabalistas y están también ilustrados sobre él algunas herméticas sectas del Islam chií, como la de los los drusos y alauitas.

Los cristianos neo-heréticos, influenciados por ciertas ideas de la New Age, descubren en los "Evangelios Gnósticos" una dimensión más amplia de la figura de Melquisedec. Sin embargo, la Biblia ha de ser suficiente para entrever el ministerio de Melquisedec replicado en la figura de Cristo como si se tratara del mismo arquetipo sujeto al Eterno Retorno.

En uno de los pasajes más hermosos del Nuevo Testamento, Cristo ingresa en el Templo (o Melquisedec regresa) y se decepciona por lo que encuentra, tal como se registra en Juan 2:12-22:


No cabe duda de que el Mesías cristiano encarna en su esperanza, a la figura del rey-sacerdote que las antiguas tradiciones (incluídos los griegos y Platón con su filósofo-rey) tanto anhelaron. Es irónico que muchos consideren que su frase "dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" haya sido una exhortación a separar la vida religiosa de la política, cuando política-religión era justamente el binomio más indivisible de la antiguedad y hasta los propios romanos lo llevaron a la práctica en el Senado.

En suma, qué es el arquetipo de Melquisedec sino un mensaje en latencia: la urgente necesidad de acabar con todas nuestras polaridades y unificar de una vez alma y mente, política y religión, vale decir no oscilar de extremo a extremo como en estado esquizofrénico y tan sólo fluir en la energía neutra del ser, la simpleza. En ello consistían las enseñanzas del antiguo Egipto, de los hindúes, de Jesús y los primeros cristianos (que nada tienen que ver con los pechonios cínicos de hoy en día) y también la sabiduría de los más marginados y humildes pueblos indígeneas de nuestro continente, distantes de la acumulación y del capitalismo que nos impide fijar nuestros ojos en lo trascendente, en la tierra y en el cielo.

viernes, 3 de abril de 2015

¿Tendrá dueños el mundo? por Aldo Torres Baeza


Aldo Torres, el autor de esta columna, fue un buen amigo de la universidad, con quien entablamos amistad los últimos semestres de la carrera de Ciencias Políticas. Un capo y "mateo" de aquellos que no saturan, con quien tuve privilegio de charlar amenamente y durante horas sobre política, literatura, la "cuestión palestina", el sionismo y la misión cuesta arriba "de cambiar el mundo", acompañado siempre de sus infaltables chelas en alguno de los múltiples bares de la mítica calle San Diego u otros antros perdidos en las proximidades de la Alameda capitalina.

Libertario, amante del buen rock, de la poesía, del cine y de las letras, las pasiones de mi amigo reforzaron las mías y de paso me ayudaron a compartir (por vez primera) el gran impacto que habían generado en mi vida las obras de Philip K. Dick y Herman Hesse, que como "Valis" y "Demian" fueron mi iniciación al mundo de los símbolos y alegorías. Por su parte, mi interlocutor me exhortó a leer a Charles Bokowski, a Aldous Huxley, al sensible Kafka y sobre todo a Dostoyevski, autor de su libro favorito: "Crímen y Castigo", y en relación a Herman Hesse, fue el primero en darme luces sobre el legado de Miguel Serrano.

En síntesis, tengo mucho que agradecer a este amigo de ruta, a quien no he vuelto a ver desde hace muchos años, pero que de todas maneras estoy seguro volveré a encontrar en alguno de los muchos recovecos que oculta el destino. Me alegra saber que como buen intelectual y Cientista Político que es, no ha privado al mundo del potencial de sus ideas, las cuales ha revelado en varias columnas que he encontrado por casualidad en sitios como politika.cl y rebelion.org. Les invito a leer la siguiente.

¿Tendrá dueños el mundo?

¿Tendrá dueños el mundo? Un dueño implicaría que alguien haya comprado el mundo, o se apoderó de él, y nadie, ¡nadie!, se ha apoderado de este mundo. No, eso sí que no. Es por pura casualidad que 500 empresas controlen el 52% del producto interno bruto mundial. Casualidad. También es casual que las 3 personas mas ricas del mundo posean un patrimonio superior a toda la riqueza de los 40 países más pobres, donde viven alrededor de 600 millones de personas, o que el 20% de la población mundial posea el 80% de toda la riqueza de la Tierra. Es por pura casualidad que el volumen de negocios de una empresa como ExxonMobil sea superior al PIB de Austria, o que el de General Motors sea superior al de Dinamarca. Y bajo este panorama, también es casualidad que los presidentes lleguen a los gobiernos, pero nunca al poder. Temo el día en que estos magnates se sienten en las casas de gobierno, agarren a patadas a los presidentes y, sentado en sus sillas, griten a los cuatro vientos lo que piensan: ¡no necesitamos más a esos mediadores!

Según la FAO, muere un niño cada seis segundos a manos de la desnutrición, ¡100.000 niños en un día!, pero, y he aquí la casual paradoja, la comida alcanza para el doble de la población mundial, entregando 2.700 calorías diarias a un adulto cualquiera. Esto pasa todos los días, a la vuelta del mundo. Y es casualidad que mientras esto suceda, los supermercados de a la vuelta del mundo estén repletos de comida. La otra cara de esta casualidad dice que “solo en Europa se pierden entre un 30% y un 50% de los alimentos completamente sanos y comestibles a lo largo de todos los eslabones de la cadena agroalimentaria hasta llegar al consumidor”. Por año, son unos 89 millones de toneladas de comida que la Tierra arroja al tacho universal (mientras la comida colma los basureros, casi 1.000 millones de personas siguen pasando hambre, 3,1 millones de niños se mueren de hambre cada año). 1,4 billones de hectáreas están destinadas a la comida que luego será basura, un 28% de las tierras cultivables a nivel mundial.  Quizás ayude el oferton del 2x1: la mitad del plástico al estomago y las arterias, y la otra mitad al tacho de basura.

¿Será que para botar el pan en una parte del mundo, es imperioso que en la otra parte se necesite?

¿Tendrá dueños el mundo?

No, claro que no. Y como no hay dueños en el mundo, todos pueden consumir lo que deseen: es casualidad que si el mundo entero consumiera como consumen los norteamericanos, necesitaríamos entre 5 y 6 planetas igual a este para generar la vida. Los mismos estadounidenses poseen solo el 5% de la población mundial, sin embargo, consumen el 30% de la energía y, a la vez, desechan el 30% de toda la basura planetaria. Quizás sea yo, pero me revolotea siempre la misma pregunta: ¿quién paga los costos de aquel nivel de vida? ¿Quién arroja el pan que al otro lado se necesita? ¿Que pasaría si todos los chinos repitieran el mismo despilfarro? Bueno, nos quedarían las estrellas, quizás en Alfa Centauro pudiésemos levantar un campamento. ¿Por qué razón tiritarán las estrellas, de frio o por temor a que algún día las poblemos para llenarlas de humo y cemento?

Nada tiene que ver el desenfrenado ritmo del consumo, o el plástico arrojado a la basura, con que en las últimas 7 décadas trascurridas tras la Segunda Guerra Mundial se hayan consumido más recursos planetarios que en toda la historia de la humanidad, o que en las últimas 3 décadas se haya perdido cerca de la tercera parte de toda la riqueza natural. Sería por pura casualidad que un día la Tierra diera signos de agotamiento y empezará a derretir su hielo, escupir lava,  y empaparnos de ácido. Pero en fin, ya dije que nos quedaban las estrellas si algo así sucediera. ¿Llevaremos los taladros y las picotas subterráneas para estrujar las rocas estelares en búsqueda de unas gotitas de petróleo?

No hay dueños en el mundo. Los televisores, que dicen que pensar, se prenden porque si, y los medicamentos, que adormecen el pensar, se meten solitos en el cuerpo, no es que haya un orden inhumano que impulse a su ingesta. No, nada de eso. Y también es casualidad que los medios de comunicación masivos y los fármacos, dos esplendidas recetas para aguantar la vida, se produzcan solo en una parte del mundo. Si tuviera dueños el mundo, no necesitaría a gente dormida. Claro que no. En Brave New World, Aldous Huxley relata como el Soma tranquilizaba a los ciudadanos. 30 años después de escribir su novela, Huxley repasa el libro, y dice: “La religión, según dijo Marx, es el opio del pueblo. En el Mundo Feliz, esta situación quedaba invertida. El opio o, mejor dicho, el Soma era la religión del pueblo. Como la religión, la droga tenía poder para consolar y compensar, evoca visiones de otro mundo mejor, ofrecía esperanza, fortalecía la fe y promovía la caridad”. Hoy, hemos pasado del opio al acopio (de fármacos) del pueblo. La industria farmacéutica, que crece y crece, decora el panorama de Huxley y lo hace casi real: la droga (legal) compensa, calma, estimula, adormece. La gente llena de pastillas sus casas, de los más variados efectos, colores y texturas. Un extraordinario acopio de químicos esperando introducirse en los cerebros y cumplir con su objetivo: pintar mascaras en los rostros evocando una falsa y fugaz sensación de paz. Allá en mis años de mochilero, las manos del destino me estacionaron casi un mes en Bolivia. Cierto: los bolivianos no conocían el copuchenterio de Facebook, muy pocos sabían que era una pantalla Led y de plano no conocían los Iphones, pero tampoco conocían la depresión, el estrés ni las canas. Llegué a pensar que eran sabios disfrazados de indígenas.

¿Tendrá dueños el mundo? Claro que no, es por pura casualidad que el Norte arroje los desperdicios tóxicos al Sur del mundo. No es que este lugar se haya convertido en el basurero de sus dueños. No, nada que ver. Y también es casual que el mundo se divida en mundos: Primero, Segundo y Tercer Mundo. Casualidad, pura casualidad. Esta equivocado el poeta alemán Friedrich Schiller cuando dice que “no existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas”. Esto es puro azar. El azar moldea el Nuevo Orden Mundial, a pesar de que al exconsejero de Seguridad Nacional de EE.UU, Zbigniew Brzezinski, le dé por pensar lo contrario: "la resistencia populista persistente y altamente motivada por parte de pueblos políticamente despiertos e históricamente resentidos hacia el control externo demuestra ser cada vez más difícil de suprimir". No, señor Brzezinski, los del Sur no estamos resentidos por el saqueo del cual hemos sido victimas, y no, tampoco hemos despertado. Así que relájese, señor, duerma tranquilo contando las estrellitas de su bandera, que acá abajo ¿seguiremos confiando en las casualidades?

¿Hay dueños en el mundo? No: esto es una fantasía más de los desconfiados que no creen en las casualidades.
 


lunes, 2 de marzo de 2015

Miguel Serrano


En medio de una era crítica, los escándalos políticos de un país a la cola del mundo como es Chile, son mero reflejo de las bajezas de un mundo corrompido, que al decir de los hindúes atraviesa el cénit del Kali Yuga: la era más oscura del materialismo, predicha también por Platón, quien temía que las "almas de bronce" (los comerciantes) lograran adueñarse cierto día de los activos de la humanidad. Los peores indicios de esta era los vivimos ahora, con la sombra del demiurgo oscilando sobre gobiernos, comunidades e individuos, sembrando la degeneración, la apatía y el mercantilismo extremo hasta desterrar (momentáneamente) los altos principios y valores que ennoblecieron a nuestros antepasados. 

No nos extrañe ahora el hecho de ser gobernados por estafadores disfrazados de socialistas o de liberales: siervos de los mismos amos transnacionales y que esperan cual perros de la calle su tajada, interpretando y falseando el rol de "servidores públicos" sobre el podio de un teatro decadente llamado opinión pública. Tampoco es de fiar nuestro entorno más cercano y ni siquiera la Iglesia es un buen lugar donde escudarse; en la era del Kali Yuga todo está descompuesto y la espiritualidad en franca retirada. Son pocos los seres humanos de este ciclo que no sirven a algún otro dios que no sea Mammón y quienes se rebelen estarán condenados, tómese como evidencia los actuales conflictos en Medio Oriente: una guerra santa con matices económicos.

Serrano, el Ávatar

Incansable investigador, exhaustivo estudioso, diplomático y amigo cercano de grandes figuras de la historia como Herman Hesse, el Dalái Lama, Indhira Gandi, Jawaharlal Nehru, Carl Jung, Salvador Allende y Pablo Neruda, Don Miguel Serrano Fernández (1917-2009) tuvo fundamentos de sobra y una gran osadía cuando aún jóven decidió enarbolar la bandera del Nacional Socialismo, ganándose cuantiosos enemigos en los grupos de poder chilenos y extranjeros y entre feligreses tanto de izquierda como de derecha (cabe destacar que Serrano jamás comulgó con el régimen Kissingeriano de Pinochet). 

Sobrino de Juan Antonio Ríos (Presidente radical) y del poeta y masón de alto grado Vicente Huidobro, Serrano fue un hijo de la aristocracia chilena y un miembro activo de la clase política en el cargo de embajador de la India a fines de los años '50. Su espíritu aventurero lo llevó a recorrer varias veces el globo, pero fueron Europa, la India, el Tíbet y la Antártida los parajes que siempre le cautivaron y sobre los que basó la mayor parte de su obra.

De la Antártida, siempre mostró preocupación por los alcances del llamado "Plan Andinia": para algunos, simple teoría de conspiración, para otros la indesmentible evidencia de un trazado geopolítico sionista/imperialista (en curso) para hacerse con el dominio de la Patagonia argentina y de la Antártica chilena: nuestra porción del continente blanco, del que cual se han escrito varios mitos desde Julio Verne a la fecha, algunos que hablan de la existencia de un enclave extraterrestre y otros de un bastión de las SS, que tras la derrrota de Alemania en la Segunda Guerra, habría instalado bases secretas bajo las aguas congeladas, orbitadas frecuentemente por sus haunebus (ovnis nazis).

En 1989 Miguel Serrano ofició un polémico discurso a los neonazis chilenos, en honor al centenario de Adolph Hitler.

Admirador de Julius Évola (sostén ideológico del fascismo italiano) y de Nietzsche, Serrano construyó una nueva narrativa: mágica y prolíficamente documentada. En ella se funden el tradicionalismo con los arquetipos junguianos y la épica germánica con la indostánica. Fue leyendo, filosofando y viajando por Eurasia que Serrano develó la basa o común denominador que hila las tradiciones druídicas (celtas), con las germánicas, greco-latinas, iranias e hindúes, herencia de comunes antepasados arios a quienes Serrano atribuye además un  origen extraterrestre: los dioses hiperbóreos.

En la dimensión del mito, los hiperbóreos fueron los "hijos de Dios" (¿ángeles?) que se enamoraron de las "hijas de los hombres" (¿homínidos?), dando vida a una tercera -y condenada- especie (los nefilim) de la cual deviene la raza humana. Este mito aparece en el libro del Génesis, aunque todo parece indicar que se basa en leyendas más antiguas provenientes de Mesopotamia. Para los ariosofistas como Miguel Serrano, Otto Rahn o Madame Blavatsky este mito es crucial, ya que implica la existencia de dos categorías humanas en eterno conflicto: [1] la de entes telúricos y materialistas que viven para los placeres de la carne y del ahora, temiendo cual animales las reprimendas de una divinidad tiránica (el demiurgo o Yahwé) y [2] entidades que privilegian el espíritu sobre la materia y añoran a un Dios de lo alto (El Sol Invictus u Ormúz de la tradición persa) cuyo reino está por sobre placeres profanos y por ende "no es de este mundo".

En la obra de Serrano -como en la de Philip K. Dick- el límite existente entre ficción y realidad no se delínea claramente, condición que implica que sus escritos como "Quien llama en los Hielos" (1957), "El Cordón Dorado" (1978), "El Nuevo Orden Transnacional y la Patagonia" (1991), "Conspiración Mundialista y Traición a Chile" (1994), "Las Visitas de la Reina de Saba" (2002) y "Elella: El libro del Amor Mágico" (2004) no estén dirigidos ni a legos ni a mentes adosadas a la percepción básica, pues rebasan por mucho el sentido común y son antetodo obras iniciáticas, tal cual los textos de masonería, rosacrucismo, sofismo y cabalá, que abundan en las sociedades secretas donde anidan poderosas mafias e intrincadas redes de dominación global, que operan a la vez sobre el plano material y esotérico.

Embebido en su propio ideos kosmos, Miguel Serrano se declaró en guerra contra el Nuevo Orden Mundial y las huestes del demiurgo, que -curiosamente- aún despúes de muerto, continúan vilipendiando su legado. La censura que sufrió gran parte de su vida de parte de los medios de comunicación y las editoriales, pone de manifiesto que lo suyo no eran simples desvaríos y que el concepto de "libre expresión" no es más que una vil falacia.

En esta era "tan tolerante y pacífica", es razonable y políticamente correcto que muchos desprecien a Miguel Serrano por exaltar la figura de Adolph Hitler, cultivar el llamado nazismo esotérico y hasta por esperar la venida del Cuarto Reich, a bordo de un platillo volador proveniente de la Antártica. Yo personalmente no comulgo ni con Hitler, ni con nazis ni con fascistas, pero rescato en Miguel Serrano -como en Julius Évola- la añoranza de una humanidad épica, férrea e incorruptible: una nueva sociedad que a juzgar por "la teoría del péndulo" volverá sí o sí al final del Kali Yuga para establecer orden y justicia sobre la tierra, cual Cristo o cual Mahdi, vaticinados miles de años atrás por las tradiciones ariosóficas, encriptadas en el Islam y en el Cristianismo de Oriente.